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Culiacán, Sinaloa. - Lo que empezó como el sueño de regresar a su tierra para emprender terminó convirtiéndose en algo mucho más grande para Jesús Mario Ríos Noriega: una manera de ganarse la vida, salir adelante y, al mismo tiempo, compartir con quienes más lo necesitan.

Aguas Frescas Marito: el emprendimiento que recorre Culiacán
Desde el pasado mes de agosto, este joven recorre las calles de Culiacán a bordo de su motocicleta, con termos cargados de Aguas Frescas Marito, un proyecto que nació con la ilusión de volver a empezar en casa.
Va de puerta en puerta, entre hogares y negocios, ofreciendo bebidas 100 por ciento naturales, preparadas al día con ingredientes de calidad, sin saborizantes ni colorantes. Algunas, además, llevan un detalle que las hace todavía más especiales: un delicioso escarchado.
Pero detrás de cada vaso hay algo que no se puede ver a simple vista. Está la historia de un joven que desde pequeño aprendió que el esfuerzo abre caminos y que hoy quiere que lo que construya también sirva para hacerle un poco más amable el día a alguien.

Un sueño que volvió a casa. Antes de regresar a Culiacán, Jesús Mario pasó cinco años en Cabo San Lucas. Allí emprendió junto a su padre con la venta de aguas frescas y churros.
La experiencia le confirmó que quería ganarse la vida por su cuenta y que, algún día, llevaría todo lo aprendido de vuelta a su tierra.
“Siempre dije que cuando volviera a mi tierra, iba a empezar con todo y con la mano de Dios”, recordó.
En realidad, su historia con las ventas había iniciado mucho antes. Apenas tenía seis años cuando empezó a acompañar a su abuelita, Ana González, al tianguis de la 5 de Febrero y a otros puntos de venta.
Entre churros, aguas frescas y largas jornadas, aquel niño fue descubriendo algo que permanecería con él hasta la adultez: el gusto por atender a las personas y el orgullo de ganarse las cosas con esfuerzo.

“Mi abuelita me enseñó el gusto por las ventas y, sobre todo, a trabajar”, expresó con gratitud.
Durante la primaria incluso buscaba sus propias maneras de obtener unos pesos. Compraba crayolas, calcomanías y libretitas en el mercado sobre ruedas para después ofrecerlas entre sus compañeros.
Lo que entonces parecía apenas un juego de infancia terminó siendo el comienzo de una vocación.
El primer día quiso comenzar dando
El 17 de agosto quedó marcado en su memoria como el día en que volvió a empezar en Culiacán. Era su primera jornada y tenía todo para pensar solamente en vender.
Sin embargo, decidió hacer algo diferente: antes de ofrecer sus productos, quiso regalar un poco de lo que había preparado.
Ese día elaboró 200 medios litros de agua fresca y 200 churros azucarados para repartirlos durante su recorrido entre las personas que encontrara.

Antes de salir, pasó por el templo de Nuestra Señora de Guadalupe, “La Lomita”, para agradecer por la oportunidad de volver a su tierra y comenzar una nueva etapa.
Después llevó parte de las bebidas a familiares de pacientes que esperaban noticias en el Hospital Pediátrico.
También llovió. Pero ni el clima cambió sus planes. Mientras avanzaba por la ciudad, recibió algo que guardó con especial cariño: palabras de agradecimiento y bendiciones de quienes recibieron un vaso de agua.
A partir de entonces, la solidaridad comenzó a formar parte de sus recorridos. Jesús Mario separa bebidas para acudir a hospitales, asilos y también acercarse a elementos militares, como una forma de reconocer el esfuerzo que realizan.
“Siempre aparto agua para regalar. Lo hago en hospitales, porque en ocasiones no se tiene para comprar un agua; en asilos, como El Buen Samaritano, donde se requiere mucho apoyo, y a los militares, en reconocimiento a su labor”, compartió.

Hay ocasiones en las que incluso se queda corto. Si no logra separar suficiente producto, vuelve a casa y prepara más. No lo hace para vender más. Lo hace porque, para él, ayudar forma parte de la esencia con la que quiere construir su proyecto.
De un apodo nació la marca. Aguas Frescas Marito tomó su nombre de una forma sencilla y cercana: el apodo con el que sus seres queridos llaman a Jesús Mario.
Con ese nombre comenzó a darle identidad a un proyecto que poco a poco gana presencia en distintos puntos de Culiacán, impulsado por las recomendaciones de sus clientes y las redes sociales.
“Bendito Dios, cada vez son más las personas que prueban las aguas y se hacen nuestros clientes. No terminamos de enhielar cuando ya recibimos mensajes de clientes que nos están esperando. Andamos por todo Culiacán”, comentó emocionado.

Y aunque apenas comienza a escribir esta nueva historia, hay algo que Jesús Mario no quiere perder conforme avance: “Si a mí me va bien, a mi gente le irá bien”.
El “compa Chago”, su compañero de camino. En esta aventura también hay alguien que comparte con él cada recorrido. Su primo Santiago, a quien conocen como “el compa Chago”, se ha convertido en su compañero de ruta.
Para Santiago, estar detrás de este proyecto no solamente significa ayudar con las entregas. También representa una manera de obtener sus propios ingresos y continuar apoyando sus estudios.
Jesús Mario reconoce en él una actitud que admira desde hace tiempo. “Me identifico mucho con Chago, que desde muy niño le gusta ganarse la vida trabajando honradamente”, dice.
Así, entre recorridos, pedidos y responsabilidades, ambos han encontrado una forma de aprender juntos y comprobar que el esfuerzo compartido puede abrir nuevas puertas.

Cuando el corazón también guía el camino
Jesús Mario sabe que iniciar desde cero implica enfrentarse a días buenos y otros no tanto.
Hay decisiones que salen bien, errores que dejan enseñanza y momentos en los que toca seguir adelante, aunque las cosas no resulten como se esperaba.
Por eso, cuando habla con quienes tienen la inquietud de iniciar algo propio, no ofrece una fórmula complicada. Comparte lo que él ha aprendido: “Cuando alguien hace algo de corazón, le va bien”.
Esa idea intenta llevarla consigo cada día. Aunque tenga preocupaciones, procura dejarlas en casa, subirse a su motocicleta con una sonrisa y atender a cada cliente de la mejor manera.
Porque para él, cada pedido representa más que un ingreso. Es una oportunidad para conocer personas, ganarse su confianza y, cuando puede, hacer algo bueno por alguien más.

“Aportar un granito de tu esfuerzo con quienes menos tienen o lo necesitan es parte de mi mayor pago, porque me nace hacerlo de corazón”, expresó.
Un anhelo que apenas comienza. Con el respaldo de sus clientes, Jesús Mario mira hacia adelante con nuevos planes: instalar algunos puntos de venta y hacer crecer Aguas Frescas Marito, sin perder el propósito que ha acompañado sus primeros pasos.
Por ahora, Jesús Mario sigue recorriendo Culiacán sobre su motocicleta, con los termos llenos y la ilusión de hacer crecer el proyecto que con esfuerzo ha comenzado a construir.
Pero en cada jornada lleva algo más que aguas frescas: lleva el valor del trabajo, la gratitud por lo aprendido desde niño y la convicción de que salir adelante también significa compartir con quienes más lo necesitan.

Porque detrás de cada vaso de agua fresca que entrega Jesús Mario hay mucho más que un emprendimiento: hay un joven que decidió volver a casa, empezar de nuevo y convertir su esfuerzo en una forma de sumar a los demás.






































