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Culiacán, Sinaloa.- A sus 46 años, Angelina León Lara ha convertido la costura en una forma de vida y en una terapia cotidiana en el fraccionamiento Los Ángeles, mientras estudia psicología con la intención de acompañar a otras personas en el futuro.
Desde su casa al nororiente de Culiacán, Angelina ha construido poco a poco una clientela que, en buena medida, ha llegado de boca en boca. No necesita un anuncio en la calle para explicar lo que hace. Sus clientes la recomiendan.

A sus 46 años, la costura ocupa un lugar especial en su vida. No solo porque representa una fuente de ingresos, sino porque descubrió que hacerla por gusto cambia completamente la manera de vivirla.
“Hoy lo hago por gusto, de verdad”, cuenta para Tus Buenas Noticias.
Una herencia que comenzó con su abuela
Angelina nació en Veracruz y llegó a Culiacán hace unas tres décadas para estudiar la preparatoria. Mientras asistía a la Prepa Central en el sistema nocturno sabatino, encontró una oportunidad para acercarse a un oficio que ya conocía desde niña.
Su abuela, también llamada Angelina, confeccionaba su propia ropa a mano. Aquella imagen quedó guardada en ella. “Como que ya lo traigo de ahí”, dice.
En las antiguas instalaciones del DIF, en el centro de Culiacán, comenzó a estudiar corte y confección. Permaneció alrededor de un año y aprendió a elaborar faldas, blusas, pantalones y otras prendas. Al principio, sus sobrinos fueron sus modelos. Les hacía pantalones y camisas diferentes a las que usaban otros niños.
Con el tiempo, sin embargo, dejó aquel curso y la costura quedó en pausa.
La vida la llevó por otros caminos. Regresó a Veracruz, volvió a Culiacán, intentó estudiar Derecho sin encontrar en esa carrera lo que buscaba y posteriormente vivió seis años en Mexicali. En 2012 regresó nuevamente a Culiacán. Fue entonces cuando la costura comenzó a recuperar espacio.

Volver a coser, esta vez por cuenta propia
En 2015 renunció a su trabajo y comenzó a buscar alternativas para sostenerse y estar cerca de su hija Daniela. Probó con ventas de productos de belleza y también retomó la reparación de ropa. Una maestra que conoció en ese proceso le ayudó a valorar mejor su trabajo y a establecer precios.
Después llegó otra ayuda inesperada. Una amiga le regaló bolsas de telas e hilos que ya no utilizaba. Aquellos materiales le permitieron continuar con algo que, con los años, se convirtió en una actividad cada vez más importante.
Llegaron temporadas de mucho trabajo. Hizo uniformes, camisas, trajes infantiles, mandiles, cofias, togas y prendas para distintas necesidades. Hubo noches en las que permanecía frente a la máquina hasta las tres de la mañana.
Hoy ya no confecciona ropa nueva a ese ritmo. Los años le han pasado factura en la vista y en las articulaciones, por lo que decidió concentrarse en las reparaciones. Hace bastillas, ajustes, entubados y arreglos de vestidos, incluso prendas de mayor complejidad.
Su máquina industrial, que compró de segunda mano después de 2018, es ahora una de sus principales herramientas. Al principio incluso le tuvo miedo: tardó una semana en animarse a utilizarla.
Del trabajo por necesidad al oficio que disfruta
Durante años, la costura fue una manera de salir adelante. Hoy representa algo más.
Angelina disfruta encontrar una prenda que necesita un arreglo y devolverla lista a su dueño. Le gusta que el cliente le diga cómo quedó. Si algo no está bien, prefiere corregirlo. Esa forma construye confianza.
Uno de sus trabajos recientes consistió en modificar más de 20 camisas por semana para un cliente que quedó satisfecho con sus arreglos. Para Angelina, conservar a esos clientes no depende solo del precio, sino de hacer bien las cosas y ser honesta.
La costura, dice, se ha convertido también en una terapia. Mientras trabaja, piensa, escucha y observa. Y esa capacidad de escuchar a quienes llegan a su casa la llevó a tomar otra decisión.
Psicología para entender y acompañar
Angelina estudia actualmente el segundo año de psicología en la UAS, carrera que cursa los fines de semana.
Lejos de sentir que la costura y los estudios pertenecen a mundos distintos, ella encuentra conexiones entre ambos. Le gusta observar a las personas. Le gusta escucharlas. Y con frecuencia quienes llegan a reparar una prenda terminan contándole algo de sus vidas.
“Soy buena escuchando y soy buena dando consejos”, afirma.
Por eso quiere prepararse. Su intención es terminar la carrera y, posteriormente, continuar estudiando para poder ejercer en el área de atención psicológica.
El esfuerzo académico también le ha demostrado algo que quizá durante su juventud no alcanzaba a ver: estudiar no era imposible. Actualmente mantiene calificaciones de 9 y 10 y alcanzó un promedio final de 9.6.
Mirar la vida de otra manera
Angelina no niega que ha atravesado momentos complicados. Ha tenido que empezar de nuevo, resolver problemas económicos y buscar trabajo cuando parecía que las opciones se cerraban.
Pero hay algo que permanece en su manera de enfrentar las circunstancias: procura mirar lo que sí puede hacer. Cuando una oportunidad laboral no llega, busca otra. Cuando un proyecto termina, intenta encontrar el siguiente camino.
“Si no es por un lado, es por otro, pero el dinero va a llegar”, dice.
Ahora mira hacia adelante con una idea más clara de lo que quiere. Su sueño es terminar psicología y ejercerla algún día. También quiere ver a Daniela concluir una carrera: Odontología.
Angelina sabe que llegará el momento en que tendrá que dejar la máquina. No lo dice con tristeza, sino como parte natural de la vida. Pero mientras ese momento llegue, seguirá cosiendo. Y seguirá estudiando.
















