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Culiacán, Sinaloa.- A veces una decisión importante no nace de una necesidad, sino de las ganas de intentarlo. Para Wendy Camacho Palazuelos, de 34 años, esa oportunidad llegó este año, cuando decidió dejar atrás una década dedicada a la ingeniería civil y abrir su propio negocio de raspachos.

El 5 de abril comenzó una nueva etapa para ella, por el corredor a Imala, frente al residencial Maralago. Desde entonces, sus jornadas transcurren entre hielo, fruta, jarabes, clientes y conversaciones que poco tienen que ver con una obra de construcción, pero que le han permitido descubrir otra manera de trabajar.

34 años y un nuevo comienzo: Wendy dejó la ingeniería civil para convertirse en emprendedora.
34 años y un nuevo comienzo: Wendy dejó la ingeniería civil para convertirse en emprendedora.

Un recuerdo de infancia convertido en negocio

La idea comenzó mucho antes de que Wendy pensara en convertirse en emprendedora.

Desde pequeña recuerda que su papá la llevaba a comprar unos raspados que le gustaban mucho. Años después, ese recuerdo volvió a su mente y encontró una conexión con algo muy propio de Culiacán: el calor y las ganas de disfrutar algo fresco.

“¿Por qué no?”, se preguntó.

La idea tardó casi seis meses en convertirse en realidad. Durante ese tiempo consiguió la franquicia, gestionó permisos, hizo contactos y resolvió todo lo necesario para instalar la caseta.

No fue una decisión improvisada. Wendy ya tenía un trabajo estable como ingeniera civil y ejercía su profesión en obra. Sin embargo, llegó el momento en que tuvo que elegir.

“Me iba a doler mucho dejarlo así sin intentarlo”, afirma para Tus Buenas Noticias. Y decidió intentarlo.


De la obra a atender detrás de una caseta

El cambio ha sido mucho más profundo que pasar de un trabajo a otro.

Durante 10 años, Wendy conoció las exigencias de la construcción. Ahora ha tenido que aprender las de un negocio propio: enfrentar días de pocas ventas, mantener los productos frescos, organizar los insumos y abrir incluso cuando la lluvia complica la jornada.

De una caseta a 2 o 3 más: Su meta es llevar su negocio de raspachos a nuevos puntos de Culiacán.
De una caseta a 2 o 3 más: Su meta es llevar su negocio de raspachos a nuevos puntos de Culiacán.

Ser empleada y ser emprendedora, dice, son experiencias muy distintas. Pero también encontró algo que no esperaba: el contacto directo con las personas.

Clientes de diferentes sectores de Culiacán llegan por un raspado y terminan conversando con ella. Incluso han acudido visitantes que viven en Estados Unidos y regresan a la ciudad durante sus vacaciones.

Esa convivencia se ha convertido en una parte importante de su motivación.

“Vienen por un snack, vienen contentos, platicamos. Eso es lo que me mantiene motivada”.


La fruta es la diferencia

En su caseta, la palabra “raspacho” tiene un significado particular. La diferencia está en que no se trata únicamente de hielo con jarabe saborizado. Wendy utiliza trocitos de fruta para preparar las bebidas y combina las opciones con jarabes, leche quemada y otros ingredientes.

Hay coco, tamarindo, piña, guayaba, mango, durazno, ciruela, piña colada, vainilla, fresa, cajeta y chocolate, entre otras alternativas. También están las opciones más picosas, como el Chimis y el Chimitoro. Pero hay un favorito indiscutible: el coco con leche quemada, el que más le solicitan sus clientes, seguido por la piña colada.

Y Wendy tampoco oculta que existe otra razón para mantenerse cerca del negocio: le gustan los raspachos. Tanto, que asegura que su propia motivación es comer uno prácticamente todos los días.

Wendy abre todos los días de 2 de la tarde a 9 de la noche, por el corredor a Imala, frente al residencial Maralago.
Wendy abre todos los días de 2 de la tarde a 9 de la noche, por el corredor a Imala.
Wendy abre todos los días de 2 de la tarde a 9 de la noche, por el corredor a Imala, frente al residencial Maralago.
Wendy abre todos los días de 2 de la tarde a 9 de la noche, por el corredor a Imala, frente al residencial Maralago.
Wendy abre todos los días de 2 de la tarde a 9 de la noche, por el corredor a Imala, frente al residencial Maralago.Foto: Francisco Castro

Un primer negocio con planes de crecer

Este es el primer emprendimiento de Wendy y, aunque todavía extraña la ingeniería y reconoce que en ocasiones añora estar nuevamente en una construcción, no se arrepiente de haber tomado la decisión.

Al contrario, considera que vivir directamente las necesidades del negocio le ha permitido aprender algo que ningún manual puede enseñarle: conocer desde dentro todo lo que implica mantenerlo funcionando.

Su objetivo ahora es crecer. Wendy visualiza su negocio con dos o tres casetas más en distintos puntos de Culiacán. Y para conseguirlo, sabe que primero necesita dominar cada detalle del que ya tiene.

Atenderlo, observar qué funciona, identificar lo que hace falta y aprender a capacitar a alguien más forman parte de ese proceso.

La meta no es solamente vender más raspachos, sino construir un modelo que pueda multiplicarse. Y tampoco descarta que, si el negocio logra consolidarse, pueda volver algún día a ejercer la ingeniería civil.

Tal vez entonces pueda combinar dos etapas de su vida que hoy parecen muy diferentes: la profesión que construyó durante una década y el emprendimiento que comenzó con un recuerdo de su infancia.

Por ahora, Wendy abre todos los días de 2 de la tarde a 9 de la noche.

Ahí, frente a Maralago, continúa aprendiendo sobre ventas, clientes y emprendimiento, mientras sirve raspachos de fruta y descubre hasta dónde puede llevarla aquella pregunta que comenzó todo: “¿Por qué no?”.



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Francisco Castro
Francisco Castro

Comunicólogo con más de 20 años dedicado al periodismo impreso y digital. Experiencia en periodismo de investigación, edición de contenidos y actualmente enfocado al periodismo constructivo y de soluciones.

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