¿Quieres resumir esta nota?
Guasave, Sin. Hay lugares que forman parte de una ciudad por sus calles, sus edificios o por los años que llevan de pie. Y hay otros que terminan formando parte de la memoria de un pueblo; en Guasave, el Santuario de la Virgen del Rosario es un símbolo de identidad y pertenencia.
Su historia comenzó hace más de dos siglos, cuando la imagen de la Virgen fue enviada desde Europa con destino a la Villa de Sinaloa, pero terminó quedándose en este municipio. Lo que ocurrió en aquel viaje, con el tiempo se convirtió en una de las leyendas con mayor apego entre los guasavenses, por la fe y devoción que los caracteriza.
La Virgen que eligió quedarse
De acuerdo a la información del cronista municipal Marco Antonio Borboa Trasviña, la escultura de la Virgen del Rosario llegó a Sinaloa desde Europa, acompañada de San Isidro Labrador, patrono de los campesinos y agricultores, quien tenía destino precisamente Guasave. Ambas imágenes fueron talladas y esculpidas por artistas europeos y, por orden de la jerarquía mayor del Vaticano, fueron enviadas para esta región del estado de Sinaloa.
Sin embargo, cuenta la tradición que tanto la Virgen del Rosario como San Isidro Labrador eran transportados en una carreta con una mula, pero al llegar a Guasave, los animales recibieron agua, comida y descanso muy cerca de donde hoy se encuentra el santuario emblemático.
Borboa Trasviña detalló que, de acuerdo con la historia, hace más de 200 años, cuando intentaron continuar el camino hacia la Villa de Sinaloa con la Virgen del Rosario, algo inesperado pasó: la imagen no pudo ser movida, se hizo tan pesada que nadie la pudo mover.
Otra versión refiere que, una vez colocada sobre la mula, el animal simplemente se negó a avanzar. Esto propició que la misma comunidad le diera explicación al hecho y fue que la misma virgen no se quería ir de Guasave; por ello es que se decidió que permaneciera en esta ciudad, que incluso al bajar de nuevo a la virgen
Lo que comenzó como una historia transmitida de generación en generación terminó formando parte de la identidad de una ciudad que, a dos siglos de distancia, continúa reuniéndose alrededor de ella.Curiosamente la mula pudo moverse.

Más de 200 años mirando a Guasave
El templo que hoy conocemos como Santuario de Nuestra Señora del Rosario comenzó a construirse en 1783 y quedó concluido en su primera etapa en 1800. Pero el edificio continuó transformándose con el paso de los años.
Según los datos de Juan Miguel Nava Osorio, autor del libro Historia y tradición del Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Guasave, Sinaloa (publicado en 2013), fue en 1923 cuando se terminó la torre que faltaba y un año después, el templo recibió uno de sus elementos más singulares:
Por otra parte, según Nava Osorio, la puerta principal también tiene su propia historia. En 1934 se le dio forma al arco que actualmente caracteriza uno de los accesos más reconocibles del templo.Un monumental reloj de origen alemán que don Luis Famanía llevó hasta Guasave en 1924, éste, fue reparado en 1977 y permanece como parte de la memoria arquitectónica del santuario.
Cada modificación fue dejando una marca de la época, hasta convertir al santuario no solamente en un espacio religioso, sino en uno de los edificios que ayudan a contar la historia de Guasave.
El candil que lleva el nombre de Pedro Infante
Al entrar al templo, otro detalle a destacar es el gran candil conocido como “Versalles”; fue instalado en 1955 y gran parte de su financiamiento estuvo a cargo de Pedro Infante, uno de los íconos más importantes de la época de Oro del Cine Mexicano.
Así, entre imágenes, muros, torres y objetos centenarios, el santuario también conserva pequeñas historias que ayudan a explicar cómo fue creciendo la comunidad alrededor de él.Según los datos históricos, existía una conexión inesperada entre la historia religiosa de Guasave y la figura del artista sinaloense que se convirtió en un ídolo de la cultura popular del país en la época de los 50’s.
La celebración religiosa que se volvió una tradición e identidad de los guasavenses
La veneración de la Virgen del Rosario no siempre tuvo la dimensión que hoy se conoce, destacó el cronista Borboa Trasviña, quien expuso que en sus primeros años, la fiesta se realizaba solamente el primer domingo de octubre. Sin embargo, las crecientes del río Sinaloa dificultaban que algunos devotos pudieran llegar hasta Guasave.
Por esa razón, se incorporó otra fecha: el último domingo de noviembre, para que más personas pudieran acudir a venerarla, y esta decisión terminó convirtiéndose en una tradición que permanece en la actualidad.
De acuerdo con Juan Miguel Nava Osorio, en su libro Historia y tradición del Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Guasave, Sinaloa, publicado en 2013, la celebración trascendió el ámbito estrictamente religioso hasta convertirse también en una fiesta popular.
Cada año llegan visitantes de distintos municipios de Sinaloa, incluso de otros estados y otros países, a la peregrinación que recorre las principales calles de Guasave, un evento que reúne a familias enteras y a personas que participan para agradecer un favor recibido, cumplir una promesa o pedir algún milagro que esperan ver cumplido.
La fe que sigue pasando de generación en generación
Quizá la mayor historia del santuario no está únicamente en sus torres, su reloj alemán o el candil Versalles; está afuera, en las calles, cuando miles de personas acompañan a la Virgen; en las familias que conservan una tradición heredada de sus padres y abuelos; en quienes regresan cada año para agradecer o pedir.
La Virgen que, según cuenta la tradición, estaba destinada a la Villa de Sinaloa, terminó quedándose en Guasave. Desde entonces, su historia se ha mezclado con la de este pueblo.En quienes encuentran en este lugar una parte de su propia historia.
Más de dos siglos después, el santuario permanece de pie y la devoción también. La imagen que un día, según la leyenda, no quiso continuar su camino, se convirtió en una de las figuras que fortalecen la identidad de los guasavenses.

























