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Culiacán, Sinaloa.- En los campos de la Liga Humaya, junto a la secundaria de Industrial El Palmito, al sur de Culiacán, las tardes tienen un sonido particular: guantes que reciben pelotas, bates que buscan un buen contacto y voces infantiles que poco a poco aprenden a moverse dentro del terreno de juego.

Entre ellos está Javier Román Hernández Guzmán, vecino de Prados del Sol, quien a sus 25 años suma más de una década como entrenador de béisbol infantil.

Actualmente está al frente de dos equipos, uno de la categoría Escuelita, para niños de 5 y 6 años, y otro de Pingüica, para pequeños de 7 y 8 años.

Más de 10 años formando beisbolistas: Javier comenzó como couch a los 13 años, ayudando al equipo de su hermano, y hoy dirige dos equipos infantiles en la Liga Humaya.
Más de 10 años formando beisbolistas: Javier comenzó como couch a los 13 años, ayudando al equipo de su hermano, y hoy dirige dos equipos infantiles en la Liga Humaya.

En total, acompaña a 27 peloteritos que se preparan para la próxima temporada. Los entrenamientos son de lunes a jueves, de 6:00 a 8:00 de la noche.

Una historia que comenzó con su hermano

Javier tenía apenas 13 años cuando empezó a ayudar como coach al equipo de su hermano menor, seis años menor que él.

Primero acompañó a su entrenador durante las categorías Escuelita, Pingüica e Infantil Menor. Cuando su hermano llegó a los 11 o 12 años y el manager dejó el equipo, Javier tomó la responsabilidad. Desde entonces, enseñar béisbol dejó de ser una actividad ocasional y se convirtió en una parte importante de su vida.

Su relación con este deporte, sin embargo, comenzó mucho antes.

A los 5 años, Javier llegó al béisbol casi por casualidad. En su familia predominaba el gusto por el futbol, incluso a él le gustaba la portería. Tras la muerte de su abuela paterna, con quien era muy cercano, sus padres buscaron mantenerlo activo y lo llevaron a practicar futbol.  Pero no funcionó.

“No quiero andar corriendo detrás de una pelota”, recuerda haber dicho.


En el camino pasaron por la Liga Humaya. Preguntó qué deporte se practicaba ahí y, al escuchar que era béisbol, tomó una decisión distinta: eso sí quería jugar.

Su primer entrenador fue Jorge Audelo. Después llegaron Víctor Elías y Luis, de quienes conserva enseñanzas que todavía aplica con sus pequeños jugadores.

Javier combina su profesión como ingeniero con su pasión de entrenar a pequeños beisbolistas en Culiacán.
Javier combina su profesión como ingeniero con su pasión de entrenar a pequeños beisbolistas en Culiacán.
Javier combina su profesión como ingeniero con su pasión de entrenar a pequeños beisbolistas en Culiacán.
Javier combina su profesión como ingeniero con su pasión de entrenar a pequeños beisbolistas en Culiacán.
Javier combina su profesión como ingeniero con su pasión de entrenar a pequeños beisbolistas en Culiacán.Foto: Francisco Castro

El éxito está en hacer jugar a quien empieza de cero

Javier conoce bien las exigencias del béisbol. Durante su etapa infantil jugó como catcher y posteriormente se consolidó como outfielder, lo mismo patrullando el jardín central que el izquierdo.

A los 18 años debutó en primera fuerza y fue reconocido como Novato del Año. Incluso estuvo a un hit de terminar como campeón bateador en la Liga estelar de la Japac.

También tuvo acercamientos con organizaciones profesionales. A esa edad recibió una invitación para entrenar con los Diablos Rojos en Ciudad de México, pero entonces ya tenía otro proyecto en marcha: antes de egresar del CBTis No.224, obtuvo una beca deportiva para estudiar en el Tec de Monterrey Campus Culiacán.

Y eligió continuar con sus estudios profesionales. Se graduó como Ingeniero Industrial y de Sistemas y actualmente trabaja en su profesión, mientras mantiene su actividad como jugador amateur y entrenador.

No abandona la idea de haber probado el béisbol profesional. Le habría gustado pasar por una academia y conocer hasta dónde podía llegar, pero encontró otra manera de permanecer dentro del deporte: formar a quienes vienen detrás.

Y ahí está, dice, una de sus mayores satisfacciones. “Mi logro, mi meta como manejador, es hacer jugar a los niños que no saben”, explica.


Para Javier, un campeonato no es necesariamente el indicador de una buena temporada. Su verdadera satisfacción aparece cuando un pequeño llega sin experiencia y, con el paso de los meses, aprende a batear, cachar y desenvolverse en el campo.

27 niños entrenan bajo su dirección: Acompaña a 13 pequeños de categoría escuelita y 14 de pingüica, con el objetivo de que cada uno desarrolle sus habilidades y disfrute el béisbol.
27 niños entrenan bajo su dirección: Acompaña a 13 pequeños de categoría escuelita y 14 de pingüica, con el objetivo de que cada uno desarrolle sus habilidades y disfrute el béisbol.

Los niños también le enseñan

Entrenar a pequeños de esas edades implica mucho más que enseñarles a lanzar o batear.

En sus equipos conviven niños con diferentes formas de aprender, concentrarse y relacionarse con el deporte. Javier ha tenido que desarrollar paciencia, observarlos y encontrar maneras distintas de captar su atención.

Esa experiencia también ha cambiado su manera de entender el papel de un entrenador. Para él, formar jugadores significa primero aprender a conocerlos y acompañarlos.

Algunos de sus antiguos alumnos ya juegan en primera y segunda fuerza. Uno de ellos, de entre 17 y 18 años, fue firmado por Veracruz hace alrededor de dos años. Su propio hermano también llegó al béisbol profesional, está con Philadelphia Phillies.

Son historias que le recuerdan que el trabajo realizado desde un campo infantil puede acompañar a un jugador durante muchos años.


Por ahora, Javier sigue madrugando para trabajar, administra sus tiempos para ejercer su profesión y por las tardes ayuda a su esposa en un negocio de hamburguesas que emprendieron hace poco, además de entrenar a sus peloteritos.

Ahí, entre niños que apenas comienzan a descubrir el béisbol, mantiene vigente una pasión que nació cuando tenía 5 años y que hoy busca compartir con una nueva generación. Porque para Javier, formar a un beisbolista no empieza con un trofeo: empieza cuando un niño descubre que puede jugar.



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Francisco Castro
Francisco Castro

Comunicólogo con más de 20 años dedicado al periodismo impreso y digital. Experiencia en periodismo de investigación, edición de contenidos y actualmente enfocado al periodismo constructivo y de soluciones.

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