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En la orilla de la carretera que lleva a El Limón de los Ramos, justo antes del puente peatonal, el aroma a carbón y pollo asado anuncia desde temprano que ahí sigue vivo un oficio de toda una vida.
Es el negocio de don Bernardo Rodríguez Valenzuela, conocido por todos como "Nalo", un hombre de 64 años que dedicó más de cuatro décadas a alimentar a su comunidad y que hoy, aunque las circunstancias lo alejaron del asador, sigue siendo el corazón de “Pollos Nalo”.
Más de 4 décadas de trabajo
La historia comenzó con el abuelo, quien compró una carreta de tacos y sembró en la familia el gusto por el trabajo con las manos. Desde los 14 años, don Bernardo aprendió el oficio y, durante más de 40 años, preparó tacos de carne asada, vampiros y quesadillas en distintos puntos de El Limón.

Bernardo Alejandro, hijo de " Nalo" contó a Tus Buenas Noticias que, una vecina de su padre fue quien le insistió que se animara con el negocio de los pollos asados, hace ya más de una década.
"Nalo, aviéntate, pon pollo, ¿por qué no pones pollo?", le repetía.
Él dudaba, pues no sabía prepararlos, pero aceptó el reto hace casi 12 años. Ella le enseñó las primeras técnicas y, con el tiempo, él mismo fue perfeccionando cada detalle: el punto del carbón, la sazón del adobo y las salsas que hoy tienen fama propia.
La vida y sus caprichos
Hace dos años, la vida le puso a la familia una prueba difícil: don Bernardo enfermó de gravedad. Fue entonces cuando sus hijos, Bernardo Alejandro y otro de sus hermanos, tomaron las riendas del negocio para que su padre pudiera seguir sosteniéndose económicamente y costear el tratamiento que ahora debe seguir de por vida.

"Nos hicimos cargo del negocio para que él siguiera agarrando su dinero y de ahí se pudiera sostener", cuenta Bernardo Alejandro. Fue un acto de amor convertido en responsabilidad el mantener viva la fuente de ingresos de su padre.
Sigue aportando desde casa
Aunque ya no está frente al asador, don Bernardo no se ha alejado del negocio que construyó con sus propias manos.
Cada tarde, cuando sus hijos llegan a casa después de cerrar, él ya tiene listos los pollos del día siguiente: partidos, salados y marinados con la receta que perfeccionó con los años, y ayuda a lavar los trastes para que todo esté listo la próxima jornada.
"Él ayuda con la preparación de los pollos... ya tiene todo listo", relata su hijo, orgulloso de que la enfermedad no logró apagar su entrega al oficio.
Buen sazón, mejor atención
Pero si algo distingue a Pollos Nalo, más allá de la técnica, es la calidez con la que siempre ha tratado a sus clientes. "La atención, la verdad que sí. Toda la gente que usted le pregunte tiene muy buena opinión de él", dice Bernardo Alejandro sobre su padre.
Esa fama de buen trato ha construido una clientela que trasciende El Limón: familias que viajan desde Culiacán solo para comprar sus pollos, viajeros que se detienen en la carretera al reconocer el negocio y clientes que llegan preguntando por él cuando no lo ven.

La historia de “Pollos Nalo” no se detuvo ni siquiera cuando la inseguridad que ha vivido Sinaloa en los últimos años obligó a cerrar la venta nocturna de tacos que manejaba uno de los hermanos.
Una historia de resiliencia
En lugar de rendirse, la familia encontró otra forma de seguir adelante, pues ahora vende pollo y tacos a domicilio, además de haber abierto una segunda sucursal en Culiacán. La adaptación ha sido su manera de honrar el legado del padre sin perder el trabajo que tanto les costó construir.
La tradición sigue viva gracias a un relevo generacional. Los hijos, apoyados por sus esposas y por un sobrino que ayuda los fines de semana, mantienen encendido el mismo carbón que su padre encendió hace más de una década, y los mismos valores que él aprendió desde niño: trabajo honesto, sabor casero y trato humano.

Porque en “Pollos Nalo”, más que un negocio de comida, lo que se sirve todos los días es la historia de una familia que decidió no dejar apagar el fuego que un abuelo encendió hace más de cuarenta años.









