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Cosalá, Sinaloa. Lo que comenzó hace casi una década con un pequeño motocarro, dos galones de agua y una hielera para vender esquites, hoy recorre las calles de Cosalá con aguas frescas, esquites, elotes, tostiesquites y las tradicionales “viejitas”.

Detrás del negocio está la familia Chávez, originaria de Zacatecas y encabezada por Tomy John Chávez Zacarías, conocido por los cosaltecos como “El Tomy”. Su hijo, Jesús Chávez Márquez, forma parte de la familia que diariamente sale a las calles para mantener vivo un emprendimiento que ya forma parte del paisaje cotidiano del Pueblo Mágico.

“El negocio es de mi papá, es familiar. Aquí le llaman El Tomy”, cuenta Jesús, quien explica que llevan entre ocho y nueve años dedicándose a la venta de alimentos y bebidas.


Un negocio familiar que creció en Cosalá

La historia comenzó cuando su padre llegó a Cosalá hace aproximadamente 15 años para trabajar como gondolero en las minas de Nuestra Señora y San Rafael. Durante ese tiempo fue conocido como “el gondolero de la góndola azul”.

Con el paso de los años, el trabajo comenzó a escasear y tuvo que buscar otras alternativas para sostener a su familia. Antes de emprender, se dedicó a distintos oficios, entre ellos taquero y chofer.

“Todo el tiempo lo ha buscado. Ha hecho de todo lo que dejara dinero porque tenía que mantener a los hijos”, relata Jesús.


Tomy John Chávez Zacarías llegó a Cosalá para trabajar en las minas y, tras desempeñarse en distintos oficios, encontró en el emprendimiento una nueva forma de sacar adelante a su familia.
Tomy John Chávez Zacarías llegó a Cosalá para trabajar en las minas y, tras desempeñarse en distintos oficios, encontró en el emprendimiento una nueva forma de sacar adelante a su familia.

La historia de esfuerzo de la familia Chávez

Fue así como surgió la idea de emprender. Al principio contaban únicamente con una pequeña motocarro, parecida a los triciclos de los neveros, dos galones de agua y una hielera para preparar y vender esquites.

“Empezamos con poquito, muy poquito y ahorita, gracias a Dios, tenemos dos motocarros manejándose”, expresa Jesús.


Con esfuerzo y constancia, el negocio comenzó a crecer. Actualmente ofrecen seis variedades de aguas frescas: piña, limonada, coco, fresa con limón, fresa con crema y jamaica, además de combinaciones como jamaica con limón, piña con limón, piña con coco y piña con Tajín.

Las bebidas se preparan de manera natural y son elaboradas por integrantes de la familia, al igual que las tradicionales “viejitas”. Los esquites, elotes y tostiesquites completan la oferta que diariamente llevan a distintos puntos del municipio.

El crecimiento también se refleja en la producción. De aquellos primeros galones pasaron a manejar seis recipientes de aproximadamente 40 litros, con una preparación que puede alcanzar entre 40 y 240 litros diarios, dependiendo de la jornada.

El impacto de la familia Chávez en la comunidad de Cosalá

“El Tomy” no trabaja desde un solo punto. Sus integrantes recorren las calles y se detienen donde los clientes los llaman. Entre los lugares que acostumbran visitar están el Paseo Ray, Las Espadillas, El Rastro y Las Lomitas, además de otras zonas y comunidades cercanas.

Jesús cuenta que un recorrido que normalmente tomaría pocos minutos puede convertirse en un trayecto de dos o tres horas debido a las constantes paradas.

“Yo para moverme de la casa al centro hago dos o tres horas”, comenta entre risas.

Las motocarros también llegan a escuelas, secundarias, preparatorias y la universidad, donde los jóvenes se han convertido en una parte importante de su clientela.

El negocio es, sobre todo, un esfuerzo familiar. En las labores participan varios integrantes, entre ellos Jesús y su hermano mayor, Tadeo, de 24 años, conocido por sus clientes como “Teddy”.

Desde los más pequeños hasta los mayores han colaborado en las diferentes tareas. Incluso el nombre de “El Tomy” se convirtió en una identidad familiar, pues a sus hijos también los conocen como “Mini Tommy”, un apodo surgido del reconocimiento que su padre construyó entre los habitantes de Cosalá.

Para Jesús, una parte importante del éxito está en la manera de atender a los clientes.

“La gente dice que tenemos muy bonito humor para atender”, comenta.

El buen trato, el carácter y la perseverancia han sido fundamentales para mantenerse. Aproximadamente dos años después de iniciar, la clientela comenzó a crecer considerablemente y desde entonces pocas veces regresan con producto sin vender.

Incluso durante los periodos complicados de los últimos años, la familia continuó trabajando.

“Aquí en Cosalá nunca paró”, señala Jesús.

La tranquilidad que encontraron en el municipio les permitió mantener sus recorridos y su fuente de ingresos.

Cosalá se convirtió en su casa

Después de 15 años de haber llegado desde Zacatecas, los Chávez ya consideran a Cosalá su hogar. Lo que comenzó como una búsqueda de mejores oportunidades terminó convirtiéndose en una historia de esfuerzo, perseverancia y unión familiar.

Jesús reconoce el cariño que han desarrollado por el municipio y sus habitantes.

“Cosalá es muy bonito, su gente es muy amable”, expresa.

Hoy, cuando una motocarro de El Tomy aparece por alguna calle, los clientes saben que encontrarán aguas frescas preparadas al momento, esquites, elotes, tostiesquites y una atención acompañada de buen humor.

Lo que comenzó con una pequeña hielera y unos cuantos galones de agua se convirtió, con trabajo y dedicación, en un negocio consolidado que involucra a toda una familia y que ya forma parte de los sabores y personajes cotidianos de Cosalá.

Lo que comenzó con una hielera y unos galones de agua creció hasta convertirse en un negocio familiar que hoy recorre las calles de Cosalá y forma parte de sus sabores cotidianos.
Lo que comenzó con una hielera y unos galones de agua creció hasta convertirse en un negocio familiar que hoy recorre las calles de Cosalá y forma parte de sus sabores cotidianos.


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Yolanda Tenorio
Yolanda Tenorio

Yolanda Tenorio es una periodista con más de 15 años de experiencia narrando historias que importan y que muchas veces no encuentran eco en los grandes titulares. Ingresó a El Debate de Mazatlán el 21 de febrero de 2008 como corresponsal, y desde entonces ha sido testigo y cronista del pulso serrano: comunidades marcadas por el abandono, la violencia o la migración, pero también por su cultura, dignidad y riqueza humana.

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Su pasión por el periodismo se manifiesta especialmente en el género de la crónica, así como en los reportajes especiales que retratan con sensibilidad a los pueblos olvidados y los personajes que resisten con orgullo. Es una periodista que escucha, que camina los pueblos y que sabe encontrar las historias donde otros solo ven silencio.

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