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Cosalá, Sinaloa. —Nadie le enseñó a pintar. Nunca tuvo un maestro frente a un caballete ni acudió a una escuela de arte para aprender técnicas. Luis Miguel Félix García simplemente tomó unos pinceles en 2013 y comenzó a pintar. Lo demás, asegura, llegó con la práctica y una imaginación que hoy es su principal herramienta.
Originario de El Rodeo, Cosalá, Luis Miguel descubrió que tenía una facilidad natural para plasmar rostros, personajes y escenas. Desde niño sintió inclinación por el arte, una sensibilidad que atribuye a su madre, pero fue hasta sus 26 años cuando decidió comenzar a explorar seriamente la pintura.
“Yo solo aprendí, ese talento Dios me lo dio”, dice al recordar sus primeros pasos.
No tuvo clases ni alguien que corrigiera sus trazos. Tampoco siguió el trabajo de otro pintor para copiar sus métodos. Aprendió haciendo, observando sus propios resultados y experimentando con formas y colores.

Luis Miguel Félix, un artista sin formación académica
Cuando tomó los pinceles por primera vez, Luis Miguel no conocía técnicas de pintura. Su aprendizaje fue completamente autodidacta. Con el tiempo descubrió cómo trabajar los rostros, las proporciones y los colores hasta desarrollar una precisión que hoy sorprende a quienes observan sus obras.
Esa breve respuesta resume la particularidad de su historia. Mientras otros artistas pasan años en talleres o escuelas para dominar diferentes técnicas, él encontró su propio camino frente al lienzo.
Su habilidad para reproducir rostros es una de las características que más llama la atención. En Cosalá, incluso hay quienes consideran que la calidad de sus trabajos puede compararse con la de artistas que sí tuvieron formación académica.
Sin embargo, Luis Miguel evita presentarse como un artista consagrado. Prefiere seguir aprendiendo y experimentando, convencido de que todavía puede mejorar.

Murales de Luis Miguel: un legado en Cosalá
Luis Miguel no disfruta limitarse a copiar una fotografía. Una de sus mayores pasiones es imaginar. Puede observar un rostro, memorizar sus rasgos y después llevarlo a otro escenario. Esa capacidad le permite convertir una imagen en una nueva composición.
“Me gusta mucho la imaginación, jugar con eso”, explica.
Una de sus primeras musas fue una novia que vivía en Arizona. A partir de fotografías comenzó a experimentar con su rostro y descubrió que podía plasmar en el dibujo aquello que observaba.
Con el paso del tiempo, los retratos, personajes y escenas fueron formando parte de su trabajo y comenzaron a abrirle oportunidades para pintar en diferentes espacios.
A lo largo de los años, Luis Miguel ha dejado su trabajo en distintos puntos del municipio. Calcula que ha realizado alrededor de seis murales de gran tamaño en el centro de Cosalá, además de otros proyectos decorativos.
Entre sus obras aparecen personajes conocidos del municipio y figuras relacionadas con su historia y cultura. También realizó una pintura de Luis Pérez Meza en el Museo de Minería e Historia, además de trabajos dedicados a Frida Kahlo y Chalino Sánchez, este último ubicado en Los Vasitos.
A pesar de los comentarios positivos, mantiene una actitud autocrítica. Cuando termina una obra, suele encontrar detalles que considera que pudo hacer mejor. Para él, tener talento no significa dejar de aprender.

La imaginación como herramienta principal de Luis Miguel
La presencia de sus murales en calles y espacios públicos ha hecho que su trabajo sea cada vez más conocido. Su precisión, especialmente en los retratos, es uno de los aspectos que más admiran quienes observan sus pinturas. Pero existe otro elemento que vuelve particular su historia: todo ese aprendizaje ocurrió sin una escuela.
En Cosalá, algunas personas han llegado a comparar su trabajo con el de grandes pintores que sí tuvieron maestros y formación académica. Luis Miguel, sin embargo, atribuye su capacidad principalmente a la imaginación y a un talento que considera un regalo de Dios.
Actualmente continúa participando en proyectos para embellecer calles y callejones de Cosalá. La pintura acrílica es uno de los materiales que utiliza con mayor frecuencia, aunque prefiere el óleo por el brillo y la durabilidad que ofrece.
Su paleta tampoco necesita demasiados colores. Rojo, amarillo, azul, negro y blanco son suficientes para comenzar y, a partir de ellos, crear distintas tonalidades.
El arte también corre por la música. La pintura no es su única inquietud artística. Luis Miguel también disfruta cantar y asegura que compone canciones. Considera que esa sensibilidad pudo haberla heredado de su madre, quien también disfruta cantar y expresarse mediante el arte.
“No hay nadie más en mi familia que se haya dedicado a esto”, cuenta. Más que una tradición familiar, Luis Miguel siente que su talento surgió de manera natural y encontró en la pintura una forma de expresarse.
Un pintor que sigue aprendiendo. Luis Miguel no comenzó a pintar pensando en convertirse en alguien reconocido. Simplemente tomó un pincel y descubrió que podía hacerlo. Más de una década después, sus murales forman parte del paisaje de Cosalá y sus retratos han llamado la atención por la precisión de sus trazos.
Su historia tiene algo que la hace todavía más especial: nadie le enseñó. No hubo maestros, escuela de arte ni una formación académica detrás de sus primeros pasos. Hubo curiosidad, práctica, imaginación y la decisión de seguir adelante cada vez que tomaba un pincel. Hoy, desde El Rodeo, continúa desarrollando ese talento que descubrió por sí mismo.
Mientras algunos en Cosalá comparan su trabajo con el de artistas que sí estudiaron, él mantiene los pies en la tierra y sigue pintando con la misma curiosidad de aquel joven que en 2013 decidió intentarlo. Porque detrás de cada mural hay algo más que pintura: está la historia de un hombre que aprendió solo y que convirtió un talento natural en una parte del paisaje y la identidad de Cosalá.










