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Culiacán, Sinaloa.- El nacimiento prematuro de su hijo hizo que Angélica María López Rojo replanteara una vida laboral que había comenzado desde los 18 años.
Keyler, su hijo recién nacido, permaneció un mes hospitalizado y, al regresar a casa, necesitó cuidados y seguimiento médico que llevaron a Angélica a tomar la decisión de dejar su empleo para acompañarlo.
No fue un cambio sencillo. Después de años de trabajar para distintas empresas, ahora necesitaba encontrar una manera de generar ingresos sin alejarse de su hijo. Y la respuesta surgió en familia, cuando su esposo, Juan Manuel Beltrán, le propuso comenzar un pequeño negocio.

“Nunca había tenido un negocio así, propio”, cuenta Angélica para Tus Buenas Noticias.
Un emprendimiento que nació en familia
El 22 de enero iniciaron con una sencilla carreta de esquites y tostiesquites por el bulevar Las Torres, frente a la Bodega Aurrerá de Prados del Sol. No tenían la certeza de hasta dónde llegaría el proyecto.
Angélica buscaba, sobre todo, una alternativa que les permitiera trabajar y al mismo tiempo estar cerca de Keyler.
La respuesta de los primeros clientes les abrió otra posibilidad. A los esquites comenzaron a sumarse cacahuatadas, cevichurros y otros snacks que los propios clientes pedían. Después, hace poco más de un mes, llegaron los raspados de sabores como fresa, vainilla, tamarindo, leche quemada, manzana, durazno, ciruela y piña.
Aquella decisión familiar de hace nueve meses, se convirtió en un negocio que Angélica y Juan Manuel atienden juntos de lunes a sábado, de 3:30 de la tarde a 9:20 de la noche.
Hoy, mientras preparan esquites, snacks y jarabes para los raspados, también siguen acomodando sus horarios alrededor de su hijo, que está próximo a cumplir un año y ha mostrado avances favorables.
La constancia también es parte del negocio
Para Angélica, uno de los mayores retos es mantener la constancia. Hay días con buenas ventas y otros más complicados, pero ambos han aprendido que la clave está en la constancia.
Incluso han tenido que cerrar temporalmente cuando su hijo ha requerido hospitalización. Hoy, el pequeño está próximo a cumplir un año y, de acuerdo con Angélica, ha mostrado avances favorables.
Mientras ella atiende el negocio, Juan Manuel combina su trabajo matutino con el apoyo por las tardes.
El esfuerzo comienza a dar frutos. Algunos clientes llegan desde colonias como Los Huizaches, Lázaro Cárdenas y sectores cercanos a Barrancos, recomendados por quienes ya probaron sus productos.
Angélica reconoce que tener un negocio propio también significa cansancio, preparación y días difíciles. Pero escuchar a un cliente decir que regresó porque alguien le recomendó sus productos le confirma que están construyendo algo suyo.















