¿Quieres resumir esta nota?
Cosalá, Sinaloa.— Sobre los techos de las antiguas casas de Cosalá, entre vigas, carrizos y tejas de barro, Leonardo Pérez Marrueño ha construido una vida dedicada a un oficio que aprendió desde joven y que hoy pocos conocen a profundidad, reparar techos de carrizo, madera y teja
A los 20 años comenzó a trabajar con carrizo y madera. Desde entonces han pasado tres décadas y todavía recibe llamadas de familias que necesitan reparar o reconstruir los techos tradicionales de sus viviendas, tanto en la cabecera municipal como en las comunidades.
El oficio lo aprendió de varias personas. Héctor Cortés, originario de Capellanes y ya fallecido, le enseñó a colocar carrizo, mientras que su tío Manuel Madueño le enseñó a colocar tejas y reparar estructuras de madera y triplay. Su padre también conocía el trabajo de tejer y arreglar techos, aunque después dejó el oficio para incorporarse a una compañía minera.
Leonardo decidió continuar por ese camino y convertir lo aprendido en una forma de vida.
La tradición de reparar techos en Cosalá enfrenta desafíos significativos
Reparar un techo antiguo requiere experiencia. Primero revisa las condiciones de la estructura, calcula el trabajo y explica al propietario los riesgos. Después retira las tejas, desmonta el carrizo viejo, cambia las vigas dañadas y finalmente coloca el nuevo carrizo y acomoda cuidadosamente las piezas de barro.
Dependiendo del tamaño de la vivienda, un trabajo puede tomar entre cuatro y seis días. También es un oficio peligroso. Leonardo ha trabajado sobre estructuras deterioradas, entre madera y carrizos que pueden ceder en cualquier momento, además de encontrarse con alacranes y arañas.
Una vez cayó desde una altura cercana a los 10 metros cuando una viga se deslizó por la pared. “Gracias a Dios no me pasó nada”, recuerda.
Los años de experiencia le han permitido identificar los riesgos y trabajar con mayor precaución.

Leonardo Pérez, un referente en la conservación de techos de barro
Uno de los principales problemas que enfrenta este oficio es la falta de tejas de barro. En Cosalá ya no hay personas dedicadas a fabricar este material, por lo que conservar un techo tradicional se ha convertido en una tarea cada vez más complicada.
Ante la dificultad para conseguir las piezas, algunos propietarios optan por retirar los techos antiguos y sustituirlos por losas de concreto. Aunque puede ser una alternativa práctica, también modifica la arquitectura tradicional del municipio.
Cosalá conserva viviendas con varios siglos de historia, algunas de hasta 400 años de antigüedad, cuyos techos forman parte de la imagen que distingue al Pueblo Mágico.
Cada vez que un techo de teja es retirado y sustituido por concreto, desaparece también una parte de esa arquitectura.
Leonardo lamenta que cada vez sean menos los jóvenes interesados en aprender el oficio y que tampoco existan personas que continúen con la fabricación tradicional de las tejas.

Familias buscan alternativas para mantener la originalidad de sus viviendas
A pesar de las dificultades, algunas familias se niegan a perder la originalidad de sus viviendas y buscan la manera de conservar los techos tradicionales.
Una alternativa es conseguir tejas de casas antiguas que permanecen abandonadas. Los interesados localizan a los propietarios, negocian la compra de las piezas y las reutilizan en la restauración de sus viviendas.
También se recuperan tejas de comunidades de la zona serrana que fueron abandonadas hace años. En esos lugares permanecen antiguas casas cuyos techos todavía conservan piezas de barro que pueden ser rescatadas.
Para las familias que realizan este esfuerzo, no se trata solamente de conseguir material de construcción, sino de preservar la apariencia original de viviendas que pueden tener décadas o siglos de historia.
Una tradición que sobrevive entre pocas manos
Ante la escasez de materiales, la desaparición de los fabricantes de teja y la falta de jóvenes interesados en aprender, el oficio enfrenta el riesgo de desaparecer.
Leonardo todavía recibe llamadas desde la cabecera municipal y las rancherías. Muchas personas recurren a él porque no saben colocar tejas o reparar los antiguos techos de carrizo.
También conoce la forma tradicional de acomodar las piezas, que no son todas iguales y antiguamente se colocaban alternando las llamadas tejas “hembra” y “macho”.
Ese conocimiento, transmitido durante generaciones, también corre el riesgo de perderse.

Un hombre conocido entre las calles del centro
Además de ser uno de los pocos artesanos que conserva este conocimiento, Leonardo es un rostro conocido entre los habitantes de Cosalá. Quienes recorren las calles del centro del Pueblo Mágico seguramente han escuchado hablar de él o lo han visto desplazarse por la zona, pues durante años su trabajo lo ha convertido en una persona reconocida por la comunidad.
Para quienes buscan sus servicios, Leonardo puede ser localizado por las calles del centro de Cosalá, donde los propios habitantes lo conocen y pueden identificarlo por el oficio al que ha dedicado gran parte de su vida.
Su nombre se encuentra ligado a uno de esos trabajos que forman parte de la memoria de las antiguas viviendas cosaltecas y que, pese al paso del tiempo, todavía resisten gracias a manos como las suyas.
Leonardo sabe que sus hijos no continuarán con el oficio. Ellos viven fuera de Cosalá y han tomado otro camino. Pero mientras existan propietarios interesados en conservar sus viviendas antiguas, él seguirá subiendo a los techos.
Porque detrás de cada carrizo que coloca y cada teja que acomoda no hay solamente un trabajo de reparación: está el intento de mantener en pie una arquitectura que cuenta la historia de Cosalá.
Y mientras en el municipio ya nadie fabrique tejas, cada pieza recuperada de una casa abandonada y cada techo restaurado representan una pequeña batalla por conservar el rostro antiguo de este Pueblo Mágico.










