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En una esquina del fraccionamiento Vinoramas, al sur de Culiacán, hay un pequeño punto de venta que guarda una historia familiar. Ahí, entre las calles Oslo e Higueras, Juan Manuel Pérez pasa buena parte del día atendiendo a quienes llegan en busca de miel de abeja.
Los frascos de medio litro y litro tienen un lugar sencillo, pero detrás de ellos hay una tradición que comenzó mucho antes de que él y su esposa, Ana Lucía Castro, decidieran convertirla en una actividad para su familia. La inquietud nació precisamente de Ana Lucía.
Una historia de familia y emprendimiento

Su familia, que vive hacia la zona de Guamúchil, tiene años relacionada con la venta de miel y mantiene un punto de venta en Terrero de los Guerrero, a la orilla de la carretera Internacional México 15.
La idea de llevar ese producto hasta Vinoramas, al sur de Culiacán, en el sector Barrancos, comenzó hace aproximadamente dos años.
Desde entonces, la miel llegó a convertirse en una presencia cotidiana en su casa. Hay producto todos los días y los vecinos ya saben dónde encontrarla.
“Sí llegan aquí”, cuenta Juan Manuel. Algunos los contactan por teléfono y Ana Lucía también se encarga de compartir la venta en grupos de la comunidad.
El litro cuesta 140 pesos y el medio litro, 80. Para ellos, la confianza de quienes compran es parte importante de este pequeño negocio. Juan Manuel habla con seguridad de la miel que ofrecen y de algo que sus clientes suelen buscar: que conserve sus características sin endurecerse rápidamente.
Una pareja construyen confianza en su comunidad

Mientras conversa, también aparece otra parte de su historia. Antes de dedicarse a vender miel, Juan Manuel trabajó durante 20 años en una empresa refresquera. Fue técnico operador de una llenadora, un oficio que recuerda como una etapa interesante de su vida laboral. Hoy su rutina es diferente.
Está pensionado y pasa el día en casa debido a un problema en una rodilla. Ana Lucía, mientras tanto, trabaja en un negocio de fumigaciones y durante sus ratos disponibles también ayuda a mover la venta. Así, lo que comenzó como una inquietud de ella terminó encontrando un espacio propio en Vinoramas.
No hay un gran establecimiento ni un letrero que obligue a detenerse. La venta ocurre en una esquina conocida por los vecinos y se mueve, en buena medida, de persona a persona. Un cliente le habla a otro.
Alguien ve la publicación de Ana Lucía en un grupo. Otro pasa por la casa porque ya sabe que ahí encuentra la miel.
Son esas pequeñas formas de comercio que también construyen comunidad. Porque detrás de cada frasco hay una familia que decidió aprovechar una tradición que ya conocía y acercarla a sus vecinos.
Y mientras Juan Manuel atiende a quienes llegan por su miel, la historia continúa creciendo de la manera más sencilla: con un producto que pasa de una familia a otra y con la confianza que se va ganando cada vez que alguien vuelve por otro frasco.
Quienes deseen comprar pueden comunicarse al 667 798 0714.















