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Para Ti

Antes de que sus dibujos ocuparan grandes paredes de Culiacán, Gustavo Leal Páez ya buscaba cualquier espacio donde pudiera poner un lápiz y comenzar a dibujar.

En la primaria hacía los periódicos murales, pasaba al pizarrón cuando algún maestro necesitaba un dibujo y sus compañeros comenzaron a saber que Gustavo tenía una facilidad especial para hacer aquello que a él simplemente le gustaba.

“Yo desde niño recuerdo que me pasaban a dibujar el pizarrón, a hacer los periódicos murales. Los maestros me decían: dibuja la tortuga para la clase”, cuenta entre risas para Tus Buenas Noticias.


Todo inició como un juego para él

Desde niño, Gustavo Leal ha compartido su talento con los demás. Foto: Lino Ceballos.
Desde niño, Gustavo Leal ha compartido su talento con los demás. Foto: Lino Ceballos.

También recuerda que en aquellos años intercambiaba sus dibujos por un refresco o por cualquier cosa que sus compañeros pudieran ofrecerle. No había todavía una profesión, un proyecto ni grandes murales en su cabeza. Había solamente un niño que disfrutaba dibujar.

Ese gusto lo acompañó hasta la secundaria y la preparatoria. Su talento era cada vez más evidente y fue precisamente en esa etapa cuando sus maestros decidieron acercarlo a una escuela de artes. Ahí comenzó a descubrir que aquello que hacía desde pequeño podía convertirse en algo más.

Después estudió Arquitectura y durante muchos años ejerció esa profesión. El diseño, las formas, los espacios y la manera de transformar un lugar siguieron formando parte de su vida, aunque el dibujo nunca se fue.

Con el tiempo, Gustavo comenzó a dedicar cada vez más espacio a los murales, hasta convertirlos en una de sus principales formas de trabajo y de expresión.

Un talento que comparte con toda la gente de Culiacán por medio de sus murales

Gustavo Leal ha trabajado de la mano con el programa de Vamos Pintando para realizar murales por todo Culiacán. Foto: Lino Ceballos.
Gustavo Leal ha trabajado de la mano con el programa de Vamos Pintando para realizar murales por todo Culiacán. Foto: Lino Ceballos.
 

Hoy, sus pinturas pueden encontrarse en distintos puntos de Culiacán.

Algunas tienen personajes que forman parte de la memoria de varias generaciones, como las Tortugas Ninja; otras están inspiradas en el universo de Studio Ghibli, el anime y, recientemente, Pokémon. Pero detrás de cada personaje hay algo más que una referencia a una caricatura. Está Gustavo.

El niño que creció viendo Dragon Ball y que también conoció Pokémon cuando apenas comenzaba a hacerse popular. El joven que se volvió fan de las Tortugas Ninja y que ahora pudo cumplir uno de esos sueños que alguna vez parecían solamente eso: un sueño.

“Soy súper fan de las Tortugas Ninja”, dice con una sonrisa al recordar ese mural. “Ahí sí hasta yo decía: estoy haciendo un mural de las Tortugas Ninja”.


Y eso explica parte de la manera en que Gustavo elige lo que pinta. No se trata solamente de llenar una pared.

Le interesa saber quiénes van a pasar frente a ella, qué les gusta, qué personajes reconocen y qué puede provocarles encontrarse con algo que forma parte de sus recuerdos. Por eso Pokémon llegó al Callejón Coreano.

Antes de comenzar, pensó en qué personajes podían conectar con las personas que recorren ese espacio.

Pokémon apareció como una elección casi natural: es una serie que conocen distintas generaciones y que, además, volvió a ponerse de moda entre jóvenes y adultos con las cartas, los juegos y las nuevas formas de vivir ese universo. Mientras pintaba, Gustavo también pudo ver cómo cambiaba la reacción de quienes pasaban.

Al principio, algunos miraban la pared sin saber todavía qué estaba tomando forma. Conforme aparecían los detalles, los personajes comenzaban a reconocerse y las personas se detenían para tomar fotografías.

Algunos incluso buscaban al autor para etiquetarlo en sus publicaciones. Para Gustavo, esa reacción tiene un valor especial. Porque sus murales no están hechos únicamente para que él los vea terminados. Están hechos para que la gente los encuentre.

Un talento que comparte gozoso para la gente de Culiacán

Sin duda el mural de Las Tortugas Ninjas es uno de sus favoritos. Amor que conoció desde la infancia. Foto: Lino Ceballos.
Sin duda el mural de Las Tortugas Ninjas es uno de sus favoritos. Amor que conoció desde la infancia. Foto: Lino Ceballos.

“Qué bueno que les está gustando a la gente”, dice con humildad.


Y esa misma idea está presente en otros de sus trabajos. El mural de Studio Ghibli, ubicado por Leyva Solano y Donato Guerra, lleva a otro rincón de Culiacán un universo que también ha acompañado a distintas generaciones.

El de las Tortugas Ninja, por la zona de Palacio de Gobierno, convierte otra pared en un espacio reconocible para quienes crecieron con esos personajes.

También ha llevado personajes y escenas de estilo anime a espacios habitacionales, como los edificios de Alturas del Sur, donde sus pinturas forman parte del paisaje cotidiano de quienes viven en ese sector. Gustavo sabe que no todos sus murales tienen la misma historia.

Algunos nacen de sus propios gustos; otros responden al lugar donde serán pintados o a las personas que los verán. También ha realizado trabajos para instituciones y espacios como el hospital civil, donde la intención cambia porque quienes están frente a la pintura llegan por una razón muy distinta.

Por eso, cuando le preguntan cuál de todos sus murales es su favorito, le cuesta elegir. “Depende del lugar y la ocasión”, explica. Puede ser el de las Tortugas Ninja porque era algo que él siempre quiso hacer.

Puede ser otro porque sabe que lo verán muchos niños. O puede ser uno realizado para una causa o un espacio donde una pintura puede hacer más agradable el momento de quien está ahí. En realidad, quizá todos tienen algo suyo.

Porque Gustavo no empezó a pintar murales cuando encontró una pared grande. Empezó mucho antes, cuando todavía era un niño y descubrió que podía convertir una hoja, un pizarrón o un pedazo de papel en otra cosa.

Ahora tiene más de 40 años y aquella facilidad que descubrieron sus maestros sigue acompañándolo. Incluso tiene pendientes algunos proyectos que lo regresan a sus propios recuerdos.

Entre ellos está la idea de pintar próximamente un mural en la secundaria 22 de Diciembre, donde estudió. Volver a esa escuela con un mural es, de alguna manera, regresar al lugar donde aquel niño que dibujaba comenzó a descubrir que aquello que hacía por gusto podía tener un camino.

Gustavo Leal ha cambiado de herramientas, de espacios y de dimensiones. Ya no son solamente los dibujos de la primaria ni los trazos en un pizarrón. Ahora son paredes completas, edificios y callejones por donde diariamente pasan cientos de personas.

Pero hay algo que permanece igual. Sigue dibujando porque le gusta. Y cada vez que termina un mural y ve a un niño detenerse, a un joven tomarse una fotografía o a una familia reconocer a un personaje, probablemente vuelve un poco a aquel Gustavo de la primaria que solo necesitaba un lápiz para comenzar.

El muralista que hoy conocen en Culiacán sigue siendo, en el fondo, aquel niño que nunca dejó de dibujar.

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Preguntas y respuestas
Jacqueline Sánchez Osuna
Jacqueline Sánchez Osuna

Jacqueline Sánchez Osuna. Licenciada en Ciencias de la Comunicación y periodista sinaloense con 22 años de trayectoria. Desde 2020 forma parte de la primera generación de periodistas en América Latina especializada en Periodismo Constructivo. Su trabajo se centra en el Periodismo de Paz y Proximidad, documentando historias que visibilizan soluciones, fortalecen el tejido social y ponen en el centro a las personas y sus comunidades.

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