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En la vida hay historias que siempre merecen ser contadas. Detrás de ellas hay esfuerzo, pero también porque lo que una persona ha vivido puede terminar ayudando a alguien más.
Eso es lo que une a Magaly Mikelina Angulo Beltrán, Othón Echavarría Rodríguez, Claudio Daniel Meza López, Álvaro Zamorano Flores y María Dinorah Valenzuela Valenzuela.
Los cinco fueron galardonados con el Premio Coltzin al Mérito Ciudadano 2026, un reconocimiento que pone nombre y rostro a ciudadanos que, desde circunstancias muy distintas, han hecho de su vida una forma de aportar a Culiacán.
No tienen la misma edad ni recorrieron el mismo camino. Cada uno encontró una manera distinta de servir, de salir adelante y de dejar algo bueno en los demás.
Por eso, durante la sesión solemne de Cabildo realizada en el marco del 495 aniversario de Culiacán, sus historias fueron presentadas ante los asistentes. No eran solamente cinco reconocimientos: eran cinco vidas que muestran que una comunidad también se construye desde las acciones cotidianas de sus habitantes.
Historias de vida que inspiran

- Magaly, tiene una vida dedicada a abrir espacios para las personas sordas.

Magaly Mikelina Angulo Beltrán recibió el reconocimiento en la categoría Familia Monoparental Ejemplar. Su historia está relacionada con la fortaleza y con una labor que ha buscado favorecer a las personas sordas, creando mayores posibilidades de comunicación e inclusión.
Su mérito no está solamente en lo que ha conseguido para ella y su familia, sino en haber convertido parte de su propia experiencia en una forma de ayudar a otras personas que también necesitan encontrar caminos para participar plenamente en la sociedad.
- Othón ha dedicado su vida al arte y a la memoria de Culiacán.

A Othón Echavarría Rodríguez, reconocido como Persona Adulta Mayor en Etapa Productiva, lo distingue una trayectoria construida desde distintos espacios. El arte, la docencia y la comunicación han formado parte de su vida, pero también una tarea que tiene un valor especial para una ciudad: conservar su memoria.
A través de su trabajo ha contribuido a mantener presentes historias, personajes y aspectos de Culiacán que forman parte de la identidad de quienes han crecido aquí.
Su reconocimiento habla también de que la productividad y las ganas de aportar no tienen una edad determinada.
Reconocimientos que destacan el valor de la inclusión
- Claudio trabaja para que la inclusión también se pueda comunicar.

La historia de Claudio Daniel Meza López, reconocido en la categoría Persona con Discapacidad, está ligada a la inclusión. Su trabajo para impulsar la Lengua de Señas Mexicana busca que la comunicación no sea una barrera y que las personas sordas tengan mayores oportunidades de participar, aprender y relacionarse con los demás.
Su mérito está en ayudar a construir puentes donde durante mucho tiempo hubo obstáculos. Porque incluir también significa aprender a comunicarnos de otras maneras y entender que una sociedad puede ser más accesible cuando todos tienen la posibilidad de expresarse y ser escuchados.
- Álvaro convirtió una experiencia difícil en una oportunidad para ayudar.

Hay historias que toman otro rumbo después de atravesar momentos complicados. Es el caso de Álvaro Zamorano Flores, reconocido como Persona Productiva Rehabilitada de Alguna Adicción.
Su experiencia de vida se ha convertido en una oportunidad para acompañar y brindar esperanza a otras personas. Lo que alguna vez pudo representar una etapa difícil hoy forma parte de una historia de recuperación y de servicio.
Su mérito también está en haber encontrado una manera de utilizar lo aprendido para tender la mano a quienes todavía buscan una oportunidad para cambiar su vida.
Culiacán celebra su 495 aniversario con el Premio Coltzin
- María Dinorah sabe que no hay que esperar a ser adulto para servir.

Entre los cinco reconocimientos, el de María Dinorah Valenzuela Valenzuela recuerda algo importante: la participación ciudadana no tiene edad. La joven recibió el Premio Coltzin en la categoría Niña, Niño o Adolescente Ejemplar, luego de mantener desde pequeña una participación activa en distintos espacios ciudadanos.
Y fue precisamente ella quien habló en representación de los cinco galardonados. Con sus palabras dejó claro que niñas, niños y adolescentes no tienen que esperar a crecer para comenzar a aportar.
“No tenemos que esperar a crecer para ayudar, no tenemos que esperar a tener un cargo para servir, no tenemos que esperar a ser adultos para tener voz”, expresó.
También habló de la responsabilidad que representa recibir un reconocimiento como este y de la posibilidad de que una acción personal pueda terminar inspirando a alguien más.
“No piensen que son demasiado pequeños para hacer algo importante. Una idea puede convertirse en un proyecto, un proyecto puede convertirse en una acción, y una acción puede cambiar la vida de una persona”, dijo.
Cinco méritos que forman parte de Culiacán
En esta edición del Premio Coltzin participaron 32 ciudadanas y ciudadanos, de los cuales fueron seleccionadas cinco personas, una por cada categoría. Sus historias son diferentes, pero todas tienen algo en común: en algún momento pudieron haber elegido quedarse solamente con sus propias circunstancias y, en cambio, decidieron hacer algo más.
Magaly desde la inclusión de las personas sordas; Othón desde el arte, la comunicación y la memoria de Culiacán; Claudio desde la Lengua de Señas Mexicana; Álvaro desde una experiencia de vida transformada en acompañamiento, y María Dinorah desde la participación ciudadana a temprana edad.
Durante la ceremonia, la presidenta municipal Ana Miriam Ramos Villarreal destacó precisamente el valor de reconocer esas historias.
El Premio Coltzin tiene un significado que va más allá de la medalla. Porque reconocer el mérito de una persona también es decirle a toda una comunidad que vale la pena mirar a quienes, desde su propia realidad, están haciendo algo para mejorar la vida de otros.
Este 29 de septiembre, mientras Culiacán celebraba sus 495 años de historia, cinco ciudadanos recibieron una medalla con fistol, un reconocimiento y un cheque por 10 mil pesos.
Pero el verdadero motivo de reunirlos fue contar sus historias. Historias que recuerdan que Culiacán también se construye con personas que enseñan, incluyen, acompañan, perseveran, participan y sirven.
Cinco ciudadanos. Cinco méritos distintos. Cinco historias que hoy también forman parte de la historia de Culiacán.


















