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A los 8 años, María Ernestina Zamora Salas descubrió algo que todavía disfruta hacer casi seis décadas después. Nadie en su familia tejía, pero bastó observar a otras mujeres trabajando con estambre para que sintiera curiosidad por aquellas carpetas, adornos y figuras que podían surgir de sus manos.
Desde entonces, el tejido se convirtió en parte de su vida.
“Me llamaba mucho la atención. Se me hacía una cosa muy bonita”, recuerda María Ernestina, aunque en el Centro de Culiacán todos la conocen como Doña Tina.
Ella nació en Estación Dimas, pero siendo muy pequeña su mamá la llevó a Sonora, donde pasó parte de su adolescencia. Tiempo después regresó a Culiacán y encontró en esta ciudad el lugar donde formaría su hogar.
Desde hace aproximadamente 53 años vive en el Centro, sobre el Paseo Niños Héroes, cerca de donde se encuentra el Paseo de las Artes. Ahí también ha construido una parte importante de su historia y hoy es posible encontrarla compartiendo lo que aprendió cuando era niña.
Doña Tina comparte su pasión por el tejido en el Paseo de las Artes

Doña Tina aprendió a tejer sola. Al principio las cosas no siempre salían como esperaba, pero fue practicando poco a poco hasta dominar diferentes puntos y elaborar carpetas para mesas, sillones, vitrinas y una gran variedad de piezas.
Con los años también incorporó nuevas técnicas y materiales. Ahora hace amigurumis, macetitas, toallitas, llaveros, cactus, honguitos, broches y otras figuras que lleva al Paseo de las Artes para ofrecerlas a quienes visitan el lugar.
El tejido, además de acompañarla durante toda su vida, se convirtió en una manera de obtener un ingreso extra desde casa.
Ella reconoce que hay días en que vende más y otros en que las ventas son menores, pero continúa trabajando con el mismo gusto con el que tomó por primera vez un estambre entre sus manos.
Y hay algo que para ella tiene un valor especial: ahora puede enseñar lo que aprendió de manera autodidacta.
Clases de tejido en Culiacán

Todos los jueves participa en el Paseo de las Artes y ofrece clases de tejido a quienes quieren aprender. La cuota es de 50 pesos y las puertas están abiertas para quien tenga curiosidad por conocer este oficio.
Entre sus alumnas también estuvo una de sus nietas, quien a sus 17 años ya aprendió a elaborar amigurumis y encontró en el tejido una actividad que comparte con su abuela.
Doña Tina tiene tres hijas y un hijo, quien es músico y maestro de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ninguna de sus hijas continuó con el tejido, pero su nieta sí tomó el gusto por esta actividad, haciendo que ese conocimiento que comenzó hace casi 60 años tenga ahora una nueva generación.
Para Doña Tina, cada pieza comienza de la misma manera: con estambre, una aguja y paciencia.
Después vienen las horas de trabajo, los puntos que se entrelazan y la satisfacción de ver aparecer entre sus manos aquello que imaginó.
Quienes quieran aprender a tejer con Doña Tina pueden acercarse al Paseo de las Artes, donde da clases los jueves.







































