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Hay historias que comienzan justo cuando todo parece venirse abajo. La de María Teresa Valdés es una de ellas: una racha difícil, problemas familiares fuertes y una palapa pequeña a la entrada de Eldorado.
Catorce años después, aquel rincón modesto es el Restaurante “El Huizachal”, un lugar donde se desayuna y se come con sabor a casa, y donde el esfuerzo de una familia trabajadora se saborea en cada platillo.
El nombre guarda memoria
Antes de llamarse Eldorado, esta región se conocía como El Huizachal, y de ahí tomó el restaurante su nombre. Cada mesa, cada plato y cada taza de café de olla llevan la identidad del pueblo, antes de ser pueblo. Es un nombre que honra el origen del lugar donde esta familia decidió echar raíces.

Antes del restaurante, hubo muchos oficios. María Teresa y su esposo, Óscar Angulo, han sido comerciantes toda la vida, ya que tuvieron abarrotes, depósitos de cerveza y hasta un restaurante que abría las 24 horas. Pero lo que a ella siempre le latió fue la cocina.
"Yo siempre me dediqué a la gastronomía, a mí siempre me gustó", cuenta para Tus Buenas Noticias.
Cuando su hijo dejó el estudio, vio el anuncio de una escuela para chefs y lo inscribió. Luego decidió entrar con él, convencida de que, si ella también iba, el muchacho no se rendiría. Madre e hijo estudiaron juntos, y aquel aprendizaje, sumado a lo que ya sabían, terminó siendo su mejor herramienta.
El nacimiento del negocio
Los problemas llegaron y el dinero dejó de alcanzar, así que apostaron por lo que sabían hacer, y en un terreno propio, a la entrada del pueblo, levantaron una palapita y una modesta cocina. Ella y su hijo preparaban la comida, la nuera atendía las mesas y el esposo ayudaba en lo que faltaba.
Hubo días en que tuvieron que ir a una tienda a pedir los refrescos fiados porque no había para surtir, y para comer a veces no sobraba, y de esa necesidad nació una filosofía sencilla, saber que:
"lo que no se vende pues nosotros comemos, y si lo poquito que se venda, pues de ahí sacamos". Así, dándole vuelta y más vuelta al ingreso, el negocio fue agarrando camino.
Evolución de sus platillos

“El Huizachal” nació solo con desayunos típicos como huevos, machaca, chorizo y bistec; así, al inicio quienes pasaban veían la palapa, se detenían y preguntaban qué vendían. Desde el primer día la promesa fue la misma, “primera calidad”, y se cumplió.
La machaca, el chorizo, el chilorio y la carne adobada se elaboran ahí mismo. Las aguas frescas también, y especialmente la de jamaica se cuece a la leña, con el que se agrega un saborcito ahumado. Todo se prepara desde cero, es decir, cuando alguien pide un platillo, se cocina en ese momento.
Los propios clientes fueron moldeando la carta. Una vez, uno pidió que su bistec llevara camarón y así nació el mar y tierra, hoy es uno de los platillos más vendidos. También se vende bastante el hígado encebollado, que en muchas casas no se cocina por el tema de los gustos particulares.
Atención y calidad siempre
Abren de 8 de la mañana a 5 de la tarde, de domingo a domingo, y hay comensales que llegan todos los días. Varios maestros jubilados desayunan y comen ahí; el personal ya les tiene listo el café cuando los ve entrar, y a veces piden unos huevitos estrellados.
Cuando se le pregunta por la clave, dice que "la constancia y la calidad", y enseguida suma algo que vale tanto como la sazón: el trato a la gente. Un platillo puede ser riquísimo, pero si el servicio es malo, el cliente culpa al negocio entero, admite.
Esa convicción la formó tras años de trato de personas, y hoy la comparte con un equipo de entre 10 y 12 colaboradores, cada uno con una familia detrás. Ya no cocina, se retiró y ahora administra, y sigue pendiente de todo. El lema de la casa cabe en dos palabras: vender calidad.

Mejorando para sus clientes
Hace unos meses estrenaron baños rústicos, con aire acondicionado y lavamanos de madera. En temporadas bajas, como el regreso a clases, y de dos años en que la inseguridad ha ahuyentado al visitante, pero el mes de mayo, con sus festejos y las fiestas de fin de año, los recompensan.
Y sueñan en grande porque si el panorama mejora, levantarán otra palapa con área refrigerada, pues el espacio actual ya les quedó chico. La fama de “El Huizachal” viaja sola. Llega gente de Culiacán, Navolato y comunidades vecinas.
Se dice que quien visita Eldorado y no come ahí, es como si no hubiera ido. Por ello María Teresa invita a volver sin temor:
“Que no tenga miedo, aquí en Eldorado está muy tranquilo".
Bajo palapas altas y abanicos, “El Huizachal” promete comida rica, buen trato y un rato agradable.
















