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Las tradicionales coronas de flores artificiales que cada año adornan los sepulcros y altares durante la celebración del Día de Muertos representan mucho más que un artículo decorativo.
Detrás de cada creación existe una historia de esfuerzo, imaginación y arraigo cultural que ha pasado de generación en generación.
En Escuinapa, una de las familias que ha mantenido viva esta tradición es la integrada por los primos Milagros, Carlos, Jesús, Judith y Araceli Barrón, quienes año tras año continúan elaborando las conocidas “coronas de muerto”, piezas artesanales que forman parte de una de las celebraciones más representativas de la cultura mexicana.

Para ellos, este trabajo no es únicamente una actividad comercial que les permite obtener ingresos adicionales durante la temporada. También representa una manera de honrar la memoria de sus madres y de los antepasados que iniciaron esta tradición familiar hace más de 70 años.
Aunque actualmente existen diversas opciones comerciales, todavía hay familias que prefieren las piezas elaboradas de manera artesanal, valorando el trabajo manual y la dedicación que implica cada una de ellas.
Una herencia familiar que comenzó en la década de los cincuenta
De acuerdo con el relato de Jesús Barrón, la historia de esta tradición familiar comenzó durante la década de los años cincuenta con la señora Angelina Hernández Ramos, conocida cariñosamente por los escuinapenses como “Angelina del Borrego”.
Fue ella quien inició la elaboración de coronas utilizando flores de papel, una técnica artesanal que requería paciencia, habilidad y largas jornadas de trabajo para lograr piezas vistosas y resistentes.
Con el paso de los años, su nuera, la señora Emérita Barrón, mejor conocida como “Matea”, comenzó a involucrarse en la actividad. Poco a poco fue aprendiendo las técnicas utilizadas por Angelina hasta convertirse en la persona encargada de continuar con la elaboración de las coronas cuando la fundadora de esta tradición familiar ya no pudo hacerlo.
Posteriormente, Matea compartió sus conocimientos con su cuñada Teresa Hernández, quien también aprendió el oficio y contribuyó a perfeccionar las técnicas de elaboración.
Juntas introdujeron nuevas ideas y materiales que permitieron mejorar la presentación y durabilidad de las coronas. Entre esas innovaciones destaca el uso del listón , material que aporta un mejor acabado y una apariencia más atractiva a las piezas.
Durante muchos años, Matea y Teresa trabajaron hombro con hombro elaborando decenas de coronas cada temporada. Su dedicación las convirtió en referentes para numerosas familias que año tras año acudían a ellas para adquirir las coronas destinadas a recordar a sus seres queridos.


Jesús recuerda que tanto su madre como su tía realizaban una intensa preparación previa para enfrentar la demanda que se registraba durante la temporada del Día de Muertos.
“Mi tía se iba a Guadalajara, más o menos en junio o julio a más tardar. Ya todo agosto, septiembre y octubre era a puro recortar, hacer flores y armar coronas. Eran decenas de coronas las que hacían”
Aquellos viajes eran fundamentales, pues les permitían adquirir todo el material necesario para trabajar durante varios meses y tener listas las piezas antes del 2 de noviembre.
El legado continúa en manos de una nueva generación
Con el paso del tiempo, los hijos de ambas artesanas comenzaron a involucrarse en el trabajo. Milagros y Carlos, hijos de Matea, así como Jesús, Judith y Araceli, hijos de Teresa, aprendieron desde jóvenes cada uno de los procesos necesarios para la elaboración de las coronas.
Observando a sus madres, fueron adquiriendo conocimientos sobre el corte de materiales, la elaboración de flores, el armado de las estructuras y los detalles finales que distinguen a cada pieza.
Ese aprendizaje cobró aún más importancia hace aproximadamente dos años, cuando Matea y Teresa fallecieron, dejando un profundo vacío entre sus familiares y clientes. Sin embargo, lejos de desaparecer, la tradición encontró continuidad en sus hijos, quienes decidieron mantener vivo el legado que ambas mujeres construyeron durante décadas.
Para ellos, seguir elaborando las coronas representa una forma de mantener presente el recuerdo de sus madres y agradecer todo lo que les enseñaron.
“Hoy nosotros estamos dando seguimiento a algo que ellas nos enseñaron. Es algo que más que hacerlo por negocio, lo estamos haciendo para recordarlas y honrarlas”
Siguiendo el ejemplo de sus madres, hace algunas semanas Jesús y una de sus primas viajaron a Guadalajara para adquirir el material necesario para la presente temporada. Desde entonces, la actividad en el taller familiar no se ha detenido.
“Ya tenemos días trabajando. Unos se ponen a cortar el listón a la medida, otros a armar las flores y otros a pegar y formar las coronas”
El trabajo se realiza en equipo, tal como ocurría años atrás, permitiendo que cada integrante aporte su esfuerzo para cumplir con los pedidos de los clientes. A esta labor también se ha sumado Yonara, esposa de Jesús, quien participa activamente en la elaboración de las piezas, fortaleciendo así la continuidad de una tradición que se niega a desaparecer.
Actualmente, los primos Barrón continúan recibiendo a muchas de las familias que durante años fueron clientes de sus madres. Algunas de ellas llegan con anticipación para apartar las coronas y asegurarse de contar con ellas para la celebración del Día de Muertos.

Además de conservar las técnicas heredadas, la nueva generación también ha incorporado algunas innovaciones.
Entre ellas destaca la elaboración y venta de ramos de flores artificiales y naturales, ampliando así las opciones disponibles para quienes buscan adornar las tumbas de sus seres queridos o los altares familiares.
Los Barrón honran a quienes les enseñaron el trabajo y valores
A pesar de los cambios y del paso del tiempo, la esencia permanece intacta. Cada corona elaborada por los Barrón lleva consigo una historia familiar, un legado artesanal y el recuerdo de Angelina, Matea y Teresa, mujeres que con sus manos construyeron una tradición que hoy continúa viva.
Más que un negocio de temporada, las coronas de muerto representan para esta familia un vínculo con sus raíces, una forma de preservar la memoria de quienes les enseñaron el oficio y una contribución a una de las celebraciones más emblemáticas de México.
Cada flor, cada listón y cada corona terminada son testimonio de una herencia que sigue floreciendo generación tras generación.














