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Culiacán, Sinaloa.- Los muros de un parque pueden contar mucho más que una historia de colores y figuras. También pueden hablar de las personas que viven alrededor, de sus recuerdos, de lo que comparten y de aquello que les gustaría construir en comunidad.
Esa es parte de la filosofía del Colectivo BAE, integrado por Briyith Meraz, Ángela Fernanda Vizcarra Félix y Evelin Adalid Rivera Acosta, tres artistas visuales egresadas de la Escuela de Diseño y Artes Visuales de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), generación 2020-2025.
Desde hace aproximadamente tres años, las amigas y compañeras de carrera trabajan juntas en proyectos de muralismo que llevan el arte a distintos espacios públicos de Culiacán.

Su participación en iniciativas como Vamos Pintando y Parques Alegres, les ha permitido descubrir que pintar muros también puede abrir conversaciones, despertar el interés de los vecinos y motivar el cuidado de los espacios compartidos.
De compañeras de universidad a un colectivo artístico
La historia del Colectivo BAE comenzó en las aulas. Mientras estudiaban, el profesor Demetrio las invitó a participar en Vamos Pintando, una experiencia que las acercó al trabajo mural.
Aunque durante su formación recibieron preparación en pintura, las tres eligieron la especialidad de escultura en el último año de la carrera, por lo que pintar muros de gran tamaño ha sido un aprendizaje adquirido sobre la marcha.
La experiencia también les confirmó que trabajar juntas tenía ventajas. Para Evelin, originaria de Guasave pero radicada en Culiacán, desarrollar proyectos artísticos en colectivo permite sumar esfuerzos en un campo donde conseguir oportunidades laborales no siempre resulta sencillo.
Además, compartir el trabajo les da tranquilidad, especialmente cuando deben pasar jornadas enteras en parques públicos.
La amistad también cuenta. Ángela, culichi de nacimiento, considera a sus compañeras parte de su familia, pues entre las tres han construido una relación que va más allá del trabajo.
Cada una tiene una manera distinta de entender la pintura. Briyith, originaria de Eldorado pero radicada también en Culiacán, prefiere el realismo y la figura humana.
Ángela se inclina por la abstracción, el movimiento y las formas espontáneas, mientras que Evelin disfruta los colores vivos y la representación de la luz, con influencias de artistas impresionistas como Claude Monet y Joaquín Sorolla.
Esas diferencias no las separan: el reto consiste en combinar sus estilos para lograr murales que mantengan una misma armonía visual.
Pintar también significa escuchar a los vecinos
Uno de los principios de su trabajo es que los murales deben representar a quienes conviven con ellos todos los días.
Por eso, antes de comenzar a pintar, las artistas se acercan a los vecinos para conocer qué distingue a su comunidad, cuáles son sus recuerdos y qué elementos consideran importantes para el parque.
En el parque El Rinconcito, por ejemplo, les tocó retocar murales que las propias familias habían realizado años atrás en distintas partes de una pared. Su labor consistió en respetar esos diseños y agregar elementos que ayudaran a conservar su significado para los habitantes.
Su trabajo las ha llevado a parques de colonias como Valle Alto, Pradera Dorada, Santa Fe, Villa Bonita, Barrancos, Alturas del Sur, Los Ángeles y distintos sectores del Humaya.
Los retos de pintar en los espacios públicos
El inicio no fue sencillo. Ángela recuerda que durante el primer año se enfrentaron al intenso calor de Culiacán, a la falta de experiencia en el trabajo mural y a la indiferencia de algunas personas.
En ocasiones, incluso quienes estaban cerca de los parques que serían intervenidos mostraban poco interés en participar. Sin embargo, bastaba con que una persona se acercara y ofreciera su ayuda para cambiar el ambiente de la jornada.
Y aunque todavía hay espacios que dependen del esfuerzo de uno o dos vecinos, también hay comunidades que empiezan a reconocerlos como lugares propios.
Están convencidas de que el arte, desde esta perspectiva, no resuelve por sí solo los problemas comunitarios, pero puede ayudar a crear condiciones para que las personas se conozcan, colaboren y recuperen el interés por los lugares que comparten.
El sueño de llevar su arte a muros más grandes
Las tres artistas quieren seguir desarrollándose en el muralismo y ampliar sus oportunidades. Entre sus aspiraciones está participar en proyectos de mayor escala, como murales en edificios altos como los del Humaya o paredes ubicadas en avenidas transitadas.
En lo individual, Briyith prefiere mantener la libertad de aprovechar distintas oportunidades profesionales; Evelin contempla estudiar una maestría y dedicarse a la docencia, mientras que Ángela quiere consolidarse como artista independiente sin dejar de participar en proyectos colectivos.
Las tres reconocen que vivir del arte implica desafíos. Por eso, cuando hablan con quienes desean estudiar una carrera artística, recomiendan tener paciencia, practicar constantemente, leer, visitar exposiciones y mantener la disposición de aprender.
Briyith lo resume en una idea: un artista nunca termina de aprender. Las técnicas se perfeccionan, pero la manera de crear también cambia con la historia y el contexto social.
El arte como una forma de construir comunidad
Para el Colectivo BAE, pintar un parque es una oportunidad de encontrarse con otras personas y conocer las historias que dan identidad a cada colonia.
Su trabajo parte de una convicción: el arte tiene valor más allá de las galerías y los espacios de exhibición. También puede estar en las paredes que recorren las familias, en los colores que acompañan los juegos de los niños y en los detalles que hacen que un vecindario se reconozca a sí mismo.
Mientras continúan pintando en Culiacán, Briyith, Ángela y Evelin buscan que sus murales no sean solo paredes renovadas, sino espacios que inviten a participar, convivir y cuidar lo que pertenece a todos.
























