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G. Leyva Solano, Guasave, Sin. - Antes de que las grandes cadenas comerciales llegaran a la comisaría de Gabriel Leyva Solano, cuando todavía los solares estaban por poblarse y hacía falta casi todo para comenzar una vida en comunidad, nació un pequeño negocio que, con el paso de los años, se convirtió en una parte importante de la identidad del pueblo: Abarrotes Montoya.

Fue Eleno Montoya, uno de los fundadores de la comisaría de Leyva Solano y de sus primeros pobladores, quien abrió este negocio ante la necesidad de las familias en los años setenta, cuando buscaban establecerse y formar un hogar en estas tierras guasavenses.

Eleno también buscaba formas de atraer nuevos pobladores. Organizaban bailes con la esperanza de que más personas conocieran el lugar, formaran sus familias y echaran raíces, como lo hizo él al encontrar el amor con Paula Zavala López, con quien formó su propia familia a lado de cuatro hijos.

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Así comenzó también la historia de Abarrotes Montoya.

Eleno viajaba a Guasave para surtir mercancía. Regresaba con refrescos, frituras, huevo y otros productos, además de leche, queso y carne que conseguía con familiares. Mientras él hacía esos recorridos, Paula Zavala se quedaba detrás del mostrador.

Con el tiempo, aquel trabajo que inicialmente le parecía interminable, atendiendo desde las 7:00 de la mañana hasta las 8:00 de la noche, se convirtió en su forma de vida.

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Cuando el mostrador se convirtió en el sustento de cuatro hijos

Eleno Montoya falleció repentinamente y doña Paula tomó por completo las riendas del negocio. Ya no estaba solamente al frente de una tienda: tenía que sacar adelante a sus cuatro hijos.

Y lo hizo con la única herramienta económica que tenía.


“Se aferró a eso y lo hizo”, recordó su hija menor, Erika Montoya, docente e investigadora de la Universidad Autónoma de Sinaloa, quien con orgullo destacó la lucha de su mamá, que enviudó joven y que ahora es un ejemplo no solo para ella y sus tres hermanos, sino para toda la comunidad.

Y es que tenía algo muy claro: el dinero de la tienda tenía un destino. Doña Paula aprendió a administrar, ahorrar y reinvertir. Para ella, el ingreso del negocio no era dinero disponible para gastar, sino el capital que debía conservarse para volver a surtir.

Esa disciplina permitió que sus hijos estudiaran una carrera universitaria y se convirtieran en profesionistas.


Erika reconoce en su madre una de sus principales inspiraciones. Incluso escribió un libro, Historias de mujeres empresarias, tomando como referencia historias como la de su mamá y las de otras destacadas sinaloenses que sostienen simultáneamente una empresa y una familia.

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El abarrotes que de las cenizas volvió a levantarse

La historia de Abarrotes Montoya también tiene un capítulo marcado por las cenizas. Hace alrededor de dos décadas, un cortocircuito provocó un incendio que prácticamente consumió todo el establecimiento y dejó a la familia con cuantiosas pérdidas materiales, pero doña Paula nunca se rindió.

Al día siguiente comenzó a limpiar junto con sus hijos. Sacaron las cenizas, rescataron lo que pudo salvarse y salieron a vender lo poco que había sobrevivido.

La tienda permaneció “chamuscada” durante varios días, pero no cerró. Después vino la reconstrucción: pintura, nuevos exhibidores y mercancía para volver a llenar los espacios vacíos.

“Salió de las cenizas la Paula”, recordó con orgullo Erika, su hija.


Ni el MZ ni la Ley pudieron bajar la cortina

Años después de aquel episodio que puso a prueba la tenacidad de Paula Zavala, llegaron nuevos retos: la competencia de grandes comercios como tiendas MZ, que fueron las primeras en establecerse en Gabriel Leyva Solano. La llegada de esta cadena sí redujo las ventas, pero no opacó al pequeño negocio.

Después llegaron las tiendas Oxxo. Cerró el MZ y llegó Casa Ley.


Paula pensó que aquella competencia podría significar el final de su negocio. Sin embargo, ocurrió algo que terminó convirtiéndose casi en una anécdota familiar: MZ cerró antes que Abarrotes Montoya.

La explicación de Erika está en algo que los grandes establecimientos difícilmente pueden ofrecer: la relación personal. Doña Paula conoce a sus clientes, conversa con ellos y, durante décadas, también les ha fiado.

Para sus clientes, comprar ahí no significa únicamente llevarse una bolsa de mandado. Es saludar a Paula, platicar, encontrarse con alguien conocido y mantener una costumbre que pasó de padres a hijos y ahora llega también a los nietos y bisnietos de quienes comenzaron a comprarle hace décadas.

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El pueblo también vive detrás del mostrador

Este 19 de octubre de 2026, doña Paula cumplió 80 años de vida y continúa atendiendo Abarrotes Montoya.

No maneja ni acostumbra salir. Por eso, gran parte de su contacto con el mundo ocurre ahí mismo, detrás del mostrador. Los proveedores llegan, los niños entran por sus dulces y refrescos, las vecinas pasan a tomar café y las amigas de toda la vida siguen visitándola.

Ahí recibe noticias, conversa, hace cuentas y mantiene una vida social que, de otra manera, sería mucho más limitada.

Por eso, cuando le preguntan cuándo piensa cerrar, su respuesta es sencilla:

“¿Para qué? Yo estoy a gusto aquí”.


Paula es ejemplo e inspiración para las mujeres de su pueblo

Sus piernas, talones, codos y las várices llevan las huellas de tantos años detrás del mostrador, pero su mente continúa haciendo cuentas. Paula todavía sabe cuánto entra, cuánto sale y cuánto debe reservarse para volver a surtir.

Para Erika, esa capacidad de administrar y resistir las crisis es una de las grandes enseñanzas de su madre.

Abarrotes Montoya es hoy mucho más que un establecimiento comercial. Es parte de la memoria de Gabriel Leyva Solano.

Y doña Paula Zavala López, una mujer que tomó el pequeño negocio que le dejó su esposo, lo convirtió en el sustento de cuatro hijos, sobrevivió a un incendio, enfrentó a grandes cadenas comerciales y ha permanecido de pie durante más de medio siglo, representa una historia de trabajo, independencia y resistencia que también pertenece a todo un pueblo.



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Alma Camacho
Alma Camacho

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Occidente. Con más de 13 años de trayectoria en el ejercicio periodístico. Ha generado contenidos informativos para diversas plataformas digitales y colaborado en medios de comunicación de alcance local, estatal y nacional. Experiencia en coberturas de información general, política y social. Actualmente está enfocada en el periodismo constructivo.

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