¿Quieres resumir esta nota?
Culiacán, Sinaloa.- Hace 20 años, Marcela Pallares Burgos llegó a la Academia Moderna Singer Culiacán para tomar clases de corte y confección. Llevó un cojín que había elaborado, despertó el interés de otras personas y recibió una invitación para enseñar.
Desde entonces, convirtió las manualidades en su oficio y en una oportunidad para reunir a quienes disfrutan crear con sus propias manos.
Vecina de la colonia Hacienda del Valle, al sur de Culiacán, Marcela imparte clases los sábados, de 9:00 a 13:00 horas. Su taller funciona como un club donde, además de coser y bordar, las participantes desayunan, conversan y comparten experiencias mientras trabajan en sus proyectos.

Un espacio para aprender y compartir
Cada persona llega con sus gustos, ideas o encargos. Algunas elaboran piezas para vender; otras buscan desarrollar una habilidad o preparar regalos para sus familias. Marcela acompaña ese proceso y también aprende.
«Aquí solo se ocupa imaginación, ganas, entusiasmo y, sobre todo, compartir», explica.
Los proyectos cambian según la temporada. Actualmente trabajan con fieltro, cojines y adornos navideños, además de bordados y muñecas artesanales. En otros momentos han elaborado piñatas, moños, flores decorativas y figuras tejidas mediante técnicas como el crochet, entre ellas los amigurumis.
De Culiacán a otras comunidades
El taller también ha recibido participantes de lugares como Badiraguato, Guamúchil, El Tamarindo y Tamazula. Cada una llega con necesidades distintas y proyectos que pueden tener un significado especial para su familia.
Entre las historias que recuerda está la de una mujer de Badiraguato que confeccionó 16 cojines para heredarlos a sus 16 hijos. Para Marcela, trabajos como ese muestran que una manualidad puede convertirse en un recuerdo familiar que pasa de una generación a otra.
Aunque disfruta todas las técnicas, el bordado y las muñecas artesanales ocupan un lugar especial entre sus preferencias. Domina distintas modalidades de bordado, como el punto de cruz, el fantasía, el español, el chino y el tenango.
Veinte años de creatividad y convivencia
Su camino como maestra comenzó casi por casualidad, pero el grupo creció, especialmente durante las temporadas navideñas y los cursos de piñatas. Una invitación para impartir clases los sábados terminó por convertirse en una actividad que mantiene desde hace dos décadas.
Marcela también ha elaborado muñecas y otras piezas para vender, una actividad que le permitió hacer mejoras en su hogar.
Para Marcela, las sesiones van más allá de aprender una técnica. La convivencia, las conversaciones y el intercambio de ideas hacen del taller un espacio terapéutico, como ella misma lo describe.













