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Culiacán, Sinaloa.- Hace 20 años, Marcela Pallares Burgos llegó a la Academia Moderna Singer Culiacán para tomar clases de corte y confección. Llevó un cojín que había elaborado, despertó el interés de otras personas y recibió una invitación para enseñar. 

Desde entonces, convirtió las manualidades en su oficio y en una oportunidad para reunir a quienes disfrutan crear con sus propias manos.


Vecina de la colonia Hacienda del Valle, al sur de Culiacán, Marcela imparte clases los sábados, de 9:00 a 13:00 horas. Su taller funciona como un club donde, además de coser y bordar, las participantes desayunan, conversan y comparten experiencias mientras trabajan en sus proyectos.

Marcela recomienda comenzar las clases a partir de los 12 años, aunque ha recibido a niñas desde los cinco y a mujeres mayores.
Marcela recomienda comenzar las clases a partir de los 12 años, aunque ha recibido a niñas desde los cinco y a mujeres mayores.

Un espacio para aprender y compartir

Cada persona llega con sus gustos, ideas o encargos. Algunas elaboran piezas para vender; otras buscan desarrollar una habilidad o preparar regalos para sus familias. Marcela acompaña ese proceso y también aprende.

«Aquí solo se ocupa imaginación, ganas, entusiasmo y, sobre todo, compartir», explica.


Los proyectos cambian según la temporada. Actualmente trabajan con fieltro, cojines y adornos navideños, además de bordados y muñecas artesanales. En otros momentos han elaborado piñatas, moños, flores decorativas y figuras tejidas mediante técnicas como el crochet, entre ellas los amigurumis.

De Culiacán a otras comunidades

El taller también ha recibido participantes de lugares como Badiraguato, Guamúchil, El Tamarindo y Tamazula. Cada una llega con necesidades distintas y proyectos que pueden tener un significado especial para su familia.

Entre las historias que recuerda está la de una mujer de Badiraguato que confeccionó 16 cojines para heredarlos a sus 16 hijos. Para Marcela, trabajos como ese muestran que una manualidad puede convertirse en un recuerdo familiar que pasa de una generación a otra.

Aunque disfruta todas las técnicas, el bordado y las muñecas artesanales ocupan un lugar especial entre sus preferencias. Domina distintas modalidades de bordado, como el punto de cruz, el fantasía, el español, el chino y el tenango.

Para Marcela, las sesiones van más allá de aprender una técnica. Ella valora mucho la convivencia.
Para Marcela, las sesiones van más allá de aprender una técnica. Ella valora mucho la convivencia.
Para Marcela, las sesiones van más allá de aprender una técnica. Ella valora mucho la convivencia.
Para Marcela, las sesiones van más allá de aprender una técnica. Ella valora mucho la convivencia.
Para Marcela, las sesiones van más allá de aprender una técnica. Ella valora mucho la convivencia.Foto: Francisco Castro

Veinte años de creatividad y convivencia

Su camino como maestra comenzó casi por casualidad, pero el grupo creció, especialmente durante las temporadas navideñas y los cursos de piñatas. Una invitación para impartir clases los sábados terminó por convertirse en una actividad que mantiene desde hace dos décadas.

Marcela también ha elaborado muñecas y otras piezas para vender, una actividad que le permitió hacer mejoras en su hogar.

Para Marcela, las sesiones van más allá de aprender una técnica. La convivencia, las conversaciones y el intercambio de ideas hacen del taller un espacio terapéutico, como ella misma lo describe.




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Francisco Castro
Francisco Castro

Comunicólogo con más de 20 años dedicado al periodismo impreso y digital. Experiencia en periodismo de investigación, edición de contenidos y actualmente enfocado al periodismo constructivo y de soluciones.

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