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En 2020, cuando el mundo se detuvo y las celebraciones quedaron suspendidas en Mazatlán, Lluvia Palacios encontró en la creatividad una forma de acompañar a su hijo y enfrentar la incertidumbre.
Lo que comenzó como una piñata hecha con cartón, papel y materiales disponibles en casa se convirtió en Piñata Kits, un emprendimiento que hoy le permite crecer como empresaria y construir nuevas oportunidades para su familia.
Lluvia es madre soltera de dos hijos y conoce el esfuerzo de combinar distintas responsabilidades para salir adelante. Durante años tuvo dos empleos en medios de comunicación para pagar la renta, cubrir las necesidades de su familia y ofrecerles una vida digna. Sin embargo, la llegada de Piñata Kits le mostró que también podía confiar en sus propias habilidades.
“En 2020 no nació como una idea de negocio como tal”, recuerda.

La pandemia la encontró preocupada por no poder visitar a sus familiares ni celebrar de manera normal los cumpleaños. En julio de ese año, su hijo mayor cumplió seis años, pero las dulcerías, pastelerías y negocios permanecían cerrados.
El niño tampoco había podido disfrutar su graduación de preescolar ni convivir con sus compañeros. Por eso, Lluvia decidió organizarle una celebración en casa.
Le preguntó qué le gustaba y eligió como tema la película Cómo entrenar a tu dragón. Con cartón que consiguió en un periódico cercano y papel comprado en una papelería, elaboró dos dragones para transformar el pequeño espacio donde vivían en un escenario de fiesta.
“Me puse a buscar tutoriales de cómo adornarle. Le horneé bollitos en una taza para poder hacer un pastel con lo que encontré en la casa y lo que se podía encargar a domicilio”, cuenta.
La celebración reunió a las personas con quienes permanecía en confinamiento: su mamá, su tío, su hermano, su hijo y ella. Lluvia compartió las fotografías en su cuenta personal de Facebook, sin imaginar que esas imágenes serían el inicio de una nueva etapa. 
Una celebración familiar que se convirtió en emprendimiento
Después del cumpleaños de su hijo, Lluvia elaboró una piñata con el número uno y una granja para su ahijado. Su comadre le sugirió abrir una página y mostrar su trabajo. Poco después, una amiga de la universidad le pidió piñatas especiales para sus hijas gemelas: una heroína y una villana fusionadas en un mismo diseño.
Así nació Piñata Kits. Al principio, Lluvia no sabía cuánto cobrar ni cómo calcular el valor de su trabajo. Tampoco tenía claro que sus creaciones pudieran convertirse en una fuente de ingresos. Su prioridad había sido hacer feliz a su hijo.
“La verdad, yo hice las piñatas primero para que mi hijo estuviera feliz y eso es algo que continúo haciendo”, afirma.
Los primeros pedidos llegaron de personas que no conocía y poco a poco se extendieron por distintos puntos de Mazatlán. Cada entrega representaba un reto, pero también una confirmación de que su trabajo tenía valor.
Lluvia recuerda que muchas familias acudían acompañadas de sus hijos para recoger las piñatas, y las reacciones de los pequeños se convirtieron en una de sus principales motivaciones.
“Me gusta que los niños vean las piñatas y se emocionen, que se diviertan. Eso me llena mucho”, expresa.

Durante la pandemia, esas reacciones también le ayudaron a sobrellevar el miedo y la incertidumbre. Mientras cuidaba cada detalle de higiene en la elaboración y las entregas, encontraba en el emprendimiento una actividad que le permitía mantenerse ocupada y ofrecer momentos de alegría.
“El proceso de hacer las piñatas me relaja, me entretengo mucho; es como una terapia de relajación”, señala.
Con el paso del tiempo, Piñata Kits dejó de ser una actividad ocasional. Gracias a su presencia en Instagram, el negocio se posicionó y actualmente Lluvia realiza al menos cuatro piñatas por semana. Para cumplir con sus clientes, organiza el trabajo por etapas: un día prepara los moldes, otro viste las piezas, después agrega los detalles y finalmente coordina la entrega.
Su método comienza mucho antes de cortar el primer material. Lluvia hace preguntas a sus clientes para conocer exactamente lo que desean, porque cada piñata debe reflejar la personalidad y los gustos de quien celebrará. Aunque la mayoría de los pedidos son para niños, también ha creado diseños para adultos. 
La atención al detalle se ha convertido en una de las características que sus clientes más valoran. Algunos regresan año con año y le confían nuevamente las celebraciones de sus hijos. Para Lluvia, esa fidelidad representa una señal de que conserva la esencia con la que comenzó.
Crecer como empresaria sin dejar de lado sus pasiones
El emprendimiento también le ha dado mayor seguridad. Lluvia trabaja actualmente en el área administrativa de la Universidad Autónoma de Sinaloa y espera continuar preparándose profesionalmente, retomar su carrera o estudiar una nueva.
Durante una etapa de su vida combinó el trabajo en medios de comunicación con la elaboración de piñatas. Más adelante, también comenzó a cantar nuevamente, una actividad que le apasiona desde niña. Esa capacidad de aprovechar las oportunidades le ha permitido construir una red de alternativas para sostener a su familia.
“He tomado las oportunidades que me da la vida y sé que ahora, si me quedo sin algún trabajo, puedo seguir adelante gracias a las piñatas”, comparte.
Su hijo mayor, quien hoy tiene 12 años, conoce la historia de Piñata Kits desde el comienzo. Fue protagonista de aquella primera celebración durante la pandemia y ahora también comprende el esfuerzo que implica mantener el negocio. Incluso la ayuda cuando es necesario. 
Recientemente, Lluvia y sus hijos se mudaron a su propia casa. Uno de sus próximos proyectos es acondicionar un espacio exclusivo para Piñata Kits, pues actualmente trabaja en la mesa del comedor. Tener un lugar destinado a su emprendimiento significaría mejorar su organización y dar un nuevo paso en su crecimiento empresarial.
Pero sus planes no terminan en las piñatas. La música sigue ocupando un lugar importante en su vida. Lluvia creció rodeada de familiares que cantaban y desde niña participó en festivales escolares, presentaciones públicas y espacios de televisión local.
También formó parte del coro del Teatro Ángela Peralta, estudió piano y violín, practicó baile y, durante su adolescencia, comenzó a cantar con un grupo versátil.
En la universidad combinó la música con el trabajo en un portal de noticias. Después del nacimiento de su primer hijo hizo una pausa, pero tras la pandemia regresó a cantar en karaokes de un bar. 
“Cantar me gusta mucho, entretener a la gente, que se sientan bien; y eso lo logro tanto con el canto como con las piñatas”, dice.
La historia de Lluvia Palacios muestra que un emprendimiento puede surgir en medio de una crisis y crecer a partir de una necesidad profundamente humana: hacer feliz a la familia. Piñata Kits no solo representa una fuente de ingresos, sino también una herramienta de independencia, creatividad y esperanza.
Mientras trabaja para consolidar su negocio, prepararse profesionalmente y volver a los escenarios, Lluvia continúa construyendo un futuro para sus hijos. Cada piñata que entrega lleva consigo una celebración, pero también el testimonio de una mujer que decidió confiar en sus manos, en sus pasiones y en su capacidad para salir adelante.


















