¿Quieres resumir esta nota?
Hay quien llega a un centro de salud por una vacuna y se va con la sensación de que lo conocen de toda la vida. En Culiacancito, esa confianza lleva nombre y apellido: Ricardo Pérez Zazueta, "el enfermero", quien desde 2004 recibe a las familias de la comunidad con la misma entrega del primer día.
Él es el “Rica”
Nació y creció y “fue echado a perder” en Bellavista, dice entre risas. La vocación, cuenta, brotó en él solo: unas tías enfermeras le despertaron la curiosidad y unos primos lo animaron a probar un semestre en la UAS.

“Nos gustó la carrera y gracias a Dios salimos bien”, recuerda.
Entonces la enfermería era carrera técnica; la licenciatura la concluyó hace apenas dos o tres años, con más de dos décadas de oficio a cuestas.
Su primer paso fue el servicio social en el Hospital Psiquiátrico, donde se quedó como suplente cubriendo vacaciones. En 2004 llegó a Pozo de Imala y a los pocos meses lo cambiaron a Culiacancito, donde echó raíces. En 2008 obtuvo su base y hoy acumula más de 22 años de servicio.
Cuidando generaciones de Culiacancito
Hoy su lugar está en el área de vacunación, y ahí el tiempo se vuelve visible. Ricardo ha aplicado dosis a generaciones enteras:
“Ya hay niños que vacuné de 1 año y ahorita ya tienen 22, 23 años. Algunos de ellos ya son papás”, cuenta a Tus Buenas Noticias.
Hoy se acercan a decirle que le traen a sus propios hijos, a la misma mano que los vacunó de pequeños y que ahora cuida a la siguiente generación. Y no es cualquier cosa pues significa que la comunidad lo ha visto crecer también a él, de joven enfermero a pilar del Centro de Salud.

Lo suyo es el trabajo diario del primer nivel de atención: prevenir, acompañar, insistir. Su día empieza temprano: la consulta arranca a las 8 de la mañana y, aunque el turno matutino termina a las 2, el personal suele quedarse un rato más con la papelería y la captura de datos.
“Hay pacientes aquí que tienen más de 20 años viniendo a su control de diabetes y de hipertensión”, dice.
Además se hacen detecciones de cáncer de mama y cervicouterino, con exploraciones y papanicolaou, y el centro ofrece consulta general, odontología y psicología.
Abre todos los días, incluso fines de semana, y recibe a gente de La Platanera, Estación Rosales, El Venadillo, La Higuerita y otras comunidades, además de quienes llegan desde la ciudad.
Con la llegada del frío, su área entra en la temporada más intensa. Arrancó la campaña contra la influenza, para niños desde los seis meses y personas de mayor riesgo, y a finales de octubre llega también la vacuna contra el COVID-19.

Ricardo insiste en que el virus sigue presente, con síntomas más leves, y que vale la pena protegerse. Los niños son quienes más consultan por enfermedades respiratorias, porque muchos adultos prefieren automedicarse para no faltar al trabajo.
Su paso por el servicio público
Hace unos quince años, la misma comunidad de Culiacancito y sus comisarías también lo empujó hacia otro terreno ya que querían que "el Rica" los representara ante las autoridades municipales.
“Te van animando, te van animando a aventarte al ruedo”, recuerda.
Fue síndico de Culiacancito de marzo de 2011 a marzo de 2014, con licencia sin goce de sueldo para entregarse por completo a la gestión. Al volver al consultorio, no se sintió extraño. Años después volvió a contender sin el resultado que buscaba, pero asegura que el apoyo de la gente sigue intacto.
Deportes que lleva en el corazón
Fuera del consultorio, Ricardo es deportista de corazón. “Mi fuerte era el voleibol”, dice, y lo jugó a buen nivel desde sus años de estudiante, incluso en careadas por distintas comunidades.

El softball llegó hacia 2016 o 2017, cuando la fiebre por este deporte creció en la zona. Su lugar en la lomita de picheo llegó casi por casualidad:
“Alguien me puso ahí: tú vas a ser picher, y ya me agarré de picher”. Reconoce que la pichada tiene su chiste, aunque todos digan que es fácil.
También juega primera base, batea y ha pasado por ligas de Culiacancito, Rosales y alrededores. Y no descarta sumarse algún día a los juegos de leyendas de los jueves, donde la técnica pesa más que la velocidad.
Salud: la herencia a su familia
Su mejor equipo, sin embargo, está en casa. Lleva cerca de 22 años casado con su esposa, que trabaja en una guardería, y juntos han sacado adelante a dos hijas que hoy estudian en el área de la salud.
Regina, de 21 años, cursa el cuarto año de enfermería; Romina, de 18, acaba de entrar a medicina. Así, la vocación que un día le despertaron unas tías enfermeras hoy se repite en su casa, con una futura enfermera y una futura doctora.

Le alegra, además, que ambas aprendan desde jóvenes a ganarse sus propios pesos, en un entorno seguro. Los fines de semana, la familia entera echa la mano en el restaurante de Doña Leti, en Bellavista, donde sirven tacos de cabeza y desayunos. Son cinco hermanos y cada uno llega con sus hijos.
Le faltan 12 años para jubilarse y piensa recorrerlos igual: de pie, con la jeringa lista y la puerta abierta, si Dios quiere. Culiacancito, mientras tanto, seguirá encontrándolo en la calle, saludándolo como al vecino que conoce a todos desde que eran niños.















