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En Sinaloa el campo es la mesa de casi todas las casas. Por eso, cuando la Universidad Autónoma de Sinaloa habla de producir alimentos cuidando la tierra, la conversación le toca a mucha más gente que a quienes estudian agronomía.
Esa fue la idea de fondo en el IV Simposio de Agricultura y Medio Ambiente: Gestión y Protección de los Recursos Naturales, donde la UAS, a través de la Unidad de Bienestar Universitario, presentó la ponencia sobre los impactos de la agricultura intensiva, los microplásticos y los agroquímicos.
Expertos en el tema
La exposición corrió a cargo del MC. Juan Fernando Sánchez Rodríguez, junto con la Dra. Luz Llarely Cázarez Flores, investigadora de la institución.
Hablaron de algo que casi no se ve, pero que está ahí: fragmentos de plástico menores a cinco milímetros que nacen de mangueras, cintas de riego, envases o películas de acolchado, y que con el tiempo se quedan en el suelo, cambian su estructura y conviven con otros contaminantes.
Temas especificos
Lejos de quedarse en la advertencia, la charla puso sobre la mesa caminos concretos. Aprender a controlar plagas con más criterio, regar y fertilizar con precisión, recuperar y reciclar los plásticos que usa el campo, cuidar y regenerar el suelo.
Son decisiones que el productor puede tomar y que, al final, se traducen en agua más limpia, tierra que rinde por más tiempo y alimentos más confiables para las familias.
Visión sustentable y sostenible
La agricultura intensiva pone alimentos en los mercados, y nadie lo discute; lo que se propone es que siga haciéndolo sin que el costo lo paguen los ecosistemas ni la salud de las personas.
Estos espacios forman parte del trabajo de la Unidad de Bienestar Universitario, dirigida por la Dra. Sofía Angulo, y de su Programa de Sustentabilidad, a cargo de la Lic. Magdalena Cruz Hernández, para que cuidar el entorno sea costumbre dentro y fuera de las aulas.
Quizá ahí esté lo más esperanzador: que el conocimiento nacido en la universidad llegue a los surcos y a la conversación de la comunidad, para que las próximas generaciones hereden un campo que siga dando de comer.









