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La calidad de una ciudad puede medirse por la facilidad con la que una persona puede caminar por ella. Las banquetas enmarcan el espacio público destinado no sólo al desplazamiento, sino también a la permanencia y la convivencia. Sin embargo, cuando estas obligan constantemente a detenerse, desviarse o bajar al arroyo vehicular, dejan de cumplir su función principal.
La banqueta tiene un propósito muy claro, permitir que las personas se desplacen de forma cómoda, segura y accesible. Para lograrlo, deben ofrecer continuidad, accesibilidad, seguridad, comodidad y un espacio suficiente. No obstante, en nuestras ciudades existen elementos que dificultan o incluso impiden el desplazamiento peatonal.
¿Qué es una barrera peatonal?
Es cualquier elemento o condición que obliga a una persona a detenerse, desviarse de su recorrido, bajar a la calle o perder autonomía durante su desplazamiento. Incluso la ausencia de infraestructura también puede convertirse en una barrera. 
Del mismo modo, existen infraestructuras que, aunque fueron creadas para facilitar el cruce peatonal, pueden representar un obstáculo enorme cuando obligan a las personas a recorrer mayores distancias o a subir y bajar escaleras, como ocurre con los famosos puentes anti-peatonales.
Es importante recordar que las barreras urbanas no afectan por igual a todas las personas. El espacio peatonal no se vive de la misma manera si eres un adulto, una niña o un niño, una persona adulta mayor, si utilizas una silla de ruedas, tienes una discapacidad visual, empujas una carriola o transportas una maleta.
Lo que para alguien puede ser un obstáculo menor, para otra persona puede representar una barrera imposible de superar.
No todos los elementos urbanos son un problema
Los elementos urbanos siempre formarán parte del espacio público, árboles, luminarias, bancas, postes y señales cumplen funciones importantes para el funcionamiento y la calidad de la ciudad, el problema no radica en estos elementos, sino en la falta de planeación con la que son colocados, cuando invaden la franja destinada al tránsito peatonal o reducen el espacio disponible para caminar, se convierten en barreras que dificultan el desplazamiento.
Una ciudad verdaderamente accesible no elimina el mobiliario urbano, lo organiza y diseña para que conviva con el peatón sin impedir su paso, garantizando un recorrido seguro, continuo y accesible para todas las personas.
Una ciudad que obliga a esquivar obstáculos no es una ciudad accesible
Muchas veces creemos que caminar es una actividad sencilla, sin embargo, la forma en que se diseñan nuestras ciudades puede convertir un recorrido cotidiano en una carrera de obstáculos.
Basta con imaginar una cuadra en la que sea necesario esquivar un anuncio, bajar de la banqueta, rodear un automóvil estacionado, subir nuevamente, evitar un poste o un árbol. Ese trayecto deja de ser cómodo y seguro.
Ahora imaginemos realizar ese mismo recorrido utilizando una silla de ruedas, empujando una carriola, apoyándose en un bastón o cargando bolsas del supermercado, la dificultad aumenta considerablemente.
Las barreras peatonales no solo generan incomodidad, también provocan consecuencias que afectan la movilidad y la calidad del espacio público, entre ellas:
- Ciudades menos caminables.
- Pérdida de accesibilidad.
- Menor uso del espacio público.
- Mayor exposición de las personas al riesgo al caminar por el arroyo vehicular.
Las banquetas son mucho más que un espacio junto a la calle
Cuando las banquetas están libres de obstáculos, bien diseñadas y pensadas para todas las personas, permiten que cualquier ciudadano pueda moverse de manera segura, cómoda y autónoma.
Construir ciudades más caminables no significa eliminar el mobiliario urbano, sino planificarlo de forma inteligente para que conviva con el espacio peatonal sin convertirse en una barrera. Cada poste, árbol, banca o señal tiene un lugar, pero ese lugar nunca debe comprometer el derecho de las personas a desplazarse con libertad.
Al final, la calidad de una ciudad también se refleja en la facilidad con la que sus habitantes pueden recorrerla a pie. Diseñar banquetas accesibles es diseñar ciudades más inclusivas, seguras y humanas para todas y todos.
Autora: Anel Mejía. Auxiliar de proyectos en Mapasin












