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Culiacán no solo ha incorporado sabores de otras regiones; también los ha modificado hasta darles una forma propia. El llamado sushi culichi y la propuesta de la Pizza Culiacán son dos ejemplos de cómo la cocina puede convertirse en una expresión de la manera en que una ciudad recibe, adapta y transforma influencias externas.
Esa evolución fue tema de la Charla Cultural 213 “Del sushi culichi a la Pizza Culiacán”, realizada en el Restaurante Café Marimba como parte de las actividades por el 495 aniversario de Culiacán.

El encuentro reunió a cuatro protagonistas de la gastronomía local:
- Jorge Peraza Sato, presidente de COMPAS, Pizzeros Artesanos de Sinaloa y promotor de La Pizza Culiacán
- Eduardo Félix, “El Barbaján”, restaurantero y pizzero
- Emmanuel Hernández Sánchez, emprendedor restaurantero y panadero, copropietario de Green Bike y
- Jesús Gaxiola, cocinero culiacanense, cofundador de la Auténtica Pizzería del Pacífico y actualmente al frente de Makuani Pizza.
Cuando una receta cambia de ciudad
El sushi culichi fue uno de los puntos de partida para hablar de esa transformación. La preparación, asociada originalmente con una tradición gastronómica distinta a la sinaloense, encontró en Culiacán otros ingredientes, combinaciones y formas de consumo.
El resultado es una versión reconocible para quienes viven en la ciudad y que, con el paso de los años, se incorporó a la oferta cotidiana de restaurantes y reuniones.
El fenómeno muestra que una receta no permanece necesariamente igual cuando cruza fronteras: también puede adquirir nuevos significados en el lugar donde es adoptada.
La conversación llevó esa misma reflexión hacia la pizza, una preparación que tiene presencia en prácticamente todo el mundo, pero que en Culiacán busca incorporar elementos propios de la región.
Una pizza con acento sinaloense
La Pizza Culiacán, impulsada por COMPAS, Pizzeros Artesanos de Sinaloa, propone utilizar ingredientes, sabores y conceptos relacionados con Sinaloa para construir una preparación con carácter local.
En la charla se habló de masa madre, procesos artesanales, experimentación y del trabajo que realizan quienes buscan desarrollar nuevas propuestas sin desconectarse de los productos y conocimientos que existen en la región.
Para los participantes, parte del reto está en encontrar un equilibrio entre conservar técnicas y atreverse a probar nuevas combinaciones. Esa búsqueda también alcanza a quienes están aprendiendo el oficio y a los nuevos negocios que encuentran en la gastronomía una forma de emprender.
La conversación permitió mirar la cocina desde otro ángulo: no solamente como una actividad comercial o una necesidad cotidiana, sino como un espacio donde una comunidad también cuenta quién es.
En Culiacán, esa historia no está únicamente en los platillos considerados tradicionales. También aparece en aquello que la ciudad ha adoptado y transformado con el tiempo.
El sushi culichi y la Pizza Culiacán representan, desde momentos distintos, una misma dinámica: tomar algo que viene de fuera, llevarlo a la mesa local y darle una nueva interpretación.
Así, la gastronomía se suma a la memoria de la ciudad como un patrimonio que no está terminado. Se sigue construyendo cada vez que alguien cocina, experimenta, comparte una receta o decide darle a un sabor conocido un nuevo acento.













