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San Ignacio, Sinaloa.- Carla Fernanda Alemán Díaz es educadora comunitaria CONAFE desde hace cerca de cinco años. Ella es originaria de la cabecera municipal y actualmente sirve en la comunidad serrana de Güillapa, donde atiende a cinco alumnos: uno de preescolar, tres de primaria y uno de secundaria.
Con voz serena, Carla Fernanda relata que inició en CONAFE a los 17 años de edad: “yo no conocía, CONAFE, lo conocí mediante a una maestra en la preparatoria, ella me orientó, me fue dando información, me dijo que me acercara a las oficinas que ahí ayudaban a adolescentes a seguir estudiando, trabajar y crecer más”, expresó.
Fue así como Fernanda se acercó a CONAFE y le dieron la oportunidad de trabajar como educadora de preescolar en la comunidad de Cabazán.
Fernanda asumió el reto de enseñar en Cabazán pese a las dificultades del traslado diario.
“Al principio sí fue un poco difícil el estar yendo porque no conocía esa comunidad, nunca había escuchado de ella, no sabía dónde quedaba, aun así asumí el reto, era ir y venir todos los días, tomaba camión de aquí al Carmen y de ahí había veces que esperaba raite para llegar a Cabazán o pagaba la auriga, con el tiempo había maestras de la SEP que me daban raite”, manifestó Fernanda.
Sus principios, dijo, fueron difíciles porque en ocasiones se iba caminando y a medio camino había personas que se ofrecían a darle raite, o igual de Cabazán hacía San Ignacio o al crucero del Carmen se le dificultaba porque igual cuando no había raite tenía que pagar y eso implicaba muchos gastos.
Después mencionó que, después de estar en Cabazán por dos ciclos, pasó a ser supervisora por dos años, que abarcaba las comunidades de Lomas del Pedregal, Limón de Los Peraza, La Tasajera y Cajón de Piaxtla, donde dijo que era muy difícil estar yendo y viniendo. “Era estar yendo a acompañar a las maestras. A resolver problemas que había en la comunidad, o ver temas con los niños que se están retrasando, o que ya no los llevaban sus papás”, relató.

Donde más se le dificultaba acudir era La Tasajera, debido a que el camino casi siempre ha estado intransitable, por lo que era casi imposible que algún vehículo subiera, aunado todo esto a la mala situación económica de las familias.
Igual dijo que no conocía ninguna de esas comunidades. “La primera vez que fui al Cajón no me bajé donde era, me fui hasta el crucero de Elota y de allá tuve que regresarme, gastar más tiempo y dinero, además de estar sola en el crucero, pero ya con el tiempo vas encontrando soluciones, a resolver las situaciones, pierdes la pena para pedir raite, aunque también es un riesgo saber si la persona es buena, saber si vas a regresar a tu casa”.
Señaló que en ocasiones llegaba a su casa hasta las seis de la tarde esperando camiones o raite, en el sol, sin comer; para ella era muy difícil.
“Ahora ya como educadora en Güillapa, me he trasladado los lunes en la ruta que sale a las 12 a Ajoya, y ahí me esperan los papás para llevarme a la comunidad, de donde bajo cada mes. Trabajo de lunes a viernes la jornada normal, y los sábados reforzamos actividades”, manifestó.

El compromiso de Fernanda con sus alumnos y los desafíos de enseñar en las comunidades serranas de San Ignacio
Indicó además que si el niño necesita apoyo en una cosa, se enfoca con ellos una hora, a veces hasta dos horas, pues se le pasa el tiempo platicando, porque para ella es muy importante el avance de sus alumnos, pues por esta comunidad que está alejada han pasado muchos maestros que dejan de acudir por la distancia, y los alumnos se atrasan, por eso ella baja cada mes.
Dijo que los padres de familia son muy responsables y se involucran mucho en las actividades escolares; allá le brindan hospedaje y alimentación.
“Trabajar para CONAFE es para mí una satisfacción, pero también es muy difícil, vas a comunidades donde a veces no hay luz, no hay agua, ni hay comunicación, estás lejos de tu casa, de verdad no es nada fácil”, explicó.
Señaló que además tiene que caminar un kilómetro a la escuela bajo el sol, y que a los dos meses de estar ahí ya no quería volver. “Hay personas que no entienden el trabajo, es difícil que te estén señalando por un error, más cuando trabajas con niños multigrados, cuando tienes a un niño de preescolar que necesita atención, a un niño de primaria que también lo necesita, y hasta los niños de secundaria lo necesitan”, agregó.
Expresó que gracias a Dios tienen capacitación cada dos meses que les va ayudando a fortalecer más el aprendizaje para aplicarlo en el aula, y agregó que para trabajar en CONAFE se necesita amor por la vocación.
Actualmente estudia el tercer semestre de pedagogía en línea gracias a la beca mensual de CONAFE, pero por último agregó que hace falta que les aumenten el apoyo económico porque el actual no es suficiente.










