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Para Ti

La ansiedad es una de las emociones que con mayor frecuencia intentamos evitar. Sin embargo, comprender por qué aparece y cuál es su función puede cambiar la manera en que la vivimos. En este artículo descubrirás qué intenta decirnos la ansiedad, cuándo puede convertirse en un problema y cómo responder a ella con herramientas respaldadas por la psicología.

Quizá la hayas sentido antes de una entrevista de trabajo, mientras esperabas los resultados de un estudio médico o cuando un ser querido tardó más de lo habitual en llegar a casa. En esos momentos es fácil pensar que la ansiedad solo viene a complicarnos la vida. Pero ¿y si, en realidad, estuviera intentando hacer algo muy distinto? Responder esa pregunta nos invita a mirar la ansiedad desde otra perspectiva.



La alarma que aparece para protegerte

La mayoría de nosotros aprendimos a ver la ansiedad como una señal de que algo anda mal. En cuanto aparece, buscamos distraernos, tranquilizarnos o hacer que desaparezca lo antes posible. Parece una reacción lógica. Después de todo, nadie disfruta sentir preocupación, tensión o la sensación de que algo podría salir mal. Sin embargo, antes de luchar contra ella, vale la pena comprender por qué existe.

La ansiedad forma parte de un sistema de protección que ha acompañado a los seres humanos durante miles de años. El National Institute of Mental Health (NIMH) explica que la ansiedad es una reacción del cuerpo al estrés y que puede aparecer incluso cuando no existe una amenaza actual. Tanto el estrés como la ansiedad pueden producir respuestas físicas y mentales, como preocupación, inquietud, tensión o alteraciones del sueño. Esta función adaptativa ayuda a entender por qué sentir ansiedad, por sí mismo, no significa que exista un problema de salud mental, sino que el cerebro está intentando mantenernos seguros.

Aunque hoy la mayoría de esas amenazas ya no son depredadores ni peligros físicos inmediatos, nuestro cerebro continúa utilizando el mismo mecanismo. Por eso es normal sentir ansiedad antes de una entrevista de trabajo, al presentar un examen, durante una conversación difícil o cuando esperamos noticias importantes. En esas situaciones, la ansiedad no intenta hacernos daño; intenta ayudarnos a prestar atención y actuar con mayor precaución.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 4.4 % de la población mundial vive actualmente con un trastorno de ansiedad. En 2021, alrededor de 359 millones de personas presentaban alguno de estos trastornos, considerados los más comunes entre los trastornos mentales. Sin embargo, experimentar ansiedad de manera ocasional no significa padecer un trastorno. Sentir nervios ante situaciones importantes forma parte de la experiencia humana y, en muchos casos, cumple una función útil.

Lo que realmente marca la diferencia no es la presencia de la ansiedad, sino la manera en que respondemos cuando aparece. Precisamente ahí surge una pregunta importante: ¿por qué, si la ansiedad intenta protegernos, a veces termina haciéndonos sentir peor?



Cuando la alarma empieza a sonar de más

Si la ansiedad cumple una función protectora, surge una pregunta importante: ¿por qué a veces termina haciéndonos sentir peor? La respuesta está en que ese sistema de alarma, tan útil para enfrentar un peligro real, no siempre distingue con precisión entre una amenaza inmediata y una situación que solo imaginamos.

Pensemos en una alarma contra incendios. Su función es avisarnos cuando existe un riesgo para que podamos actuar a tiempo. Pero si comenzara a sonar cada vez que alguien prepara el desayuno, dejaría de ser una ayuda para convertirse en una fuente constante de estrés. Con la ansiedad puede ocurrir algo parecido. El mecanismo sigue intentando protegernos, pero en ocasiones se activa con más frecuencia o intensidad de la necesaria.

Eso explica por qué una persona puede revisar varias veces que cerró la puerta antes de salir de casa, ensayar mentalmente una conversación durante horas o imaginar repetidamente el peor desenlace antes de recibir una noticia. La intención original sigue siendo prevenir un problema, aunque el resultado termine siendo un mayor desgaste emocional.

En esos momentos, el problema ya no es la ansiedad en sí, sino la forma en que interpretamos su mensaje. Es fácil pensar que, si sentimos ansiedad, significa que realmente existe un peligro. Sin embargo, una emoción no siempre refleja la realidad; muchas veces refleja la manera en que nuestro cerebro evalúa esa realidad.

Por eso, en lugar de preguntarnos únicamente "¿cómo hago para dejar de sentir ansiedad?", puede ser más útil cambiar la pregunta por otra: "¿qué está intentando proteger esta ansiedad?". A veces descubrimos que detrás de ella hay algo profundamente valioso:

  • el deseo de cuidar nuestra salud
  • mantener una relación importante
  • cumplir bien con nuestro trabajo o
  • proteger a quienes queremos.

Esta forma de entender la ansiedad también está presente en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), desarrollada por el psicólogo Steven Hayes. En lugar de luchar constantemente contra los pensamientos y emociones difíciles, este modelo propone aprender a relacionarnos con ellos de una forma diferente. Diversos estudios muestran que desarrollar esa flexibilidad psicológica favorece un mayor bienestar emocional y una mejor adaptación a los desafíos de la vida.



Qué hacer cuando la ansiedad vuelve a aparecer

Comprender que la ansiedad intenta protegernos no significa resignarnos a sentirla ni dejar que dirija nuestras decisiones. Significa utilizar esa información para responder de una manera más consciente. Aunque cada persona vive la ansiedad de forma distinta, existen estrategias sencillas que pueden ayudarte a relacionarte con ella de una manera más saludable.

La ansiedad puede aparecer cuando nuestra salud está en juego. Comprender que intenta mantenernos alerta puede ayudarnos a escucharla sin asumir que siempre existe un peligro real.
La ansiedad puede aparecer cuando nuestra salud está en juego. Comprender que intenta mantenernos alerta puede ayudarnos a escucharla sin asumir que siempre existe un peligro real.

Una primera estrategia consiste en poner nombre a lo que estamos sintiendo. En lugar de decir simplemente "estoy ansioso", intenta completar esta frase: "Siento ansiedad porque temo que…".

En 2007, el psicólogo Matthew Lieberman, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), publicó junto con su equipo un estudio en la revista Psychological Science que encontró que poner en palabras las emociones se asociaba con una menor respuesta de la amígdala y otras regiones cerebrales ante estímulos emocionales negativos. Nombrar con precisión lo que sentimos puede ayudarnos a recuperar una mayor sensación de control.

Otra pregunta útil es ¿qué intenta proteger esa emoción? Detrás de la ansiedad suele haber algo importante para nosotros: la salud, una relación, el trabajo, la estabilidad económica o el deseo de hacer bien las cosas. Descubrir qué valor está intentando cuidar cambia la conversación interna. Ya no se trata únicamente de eliminar la ansiedad, sino de comprender el mensaje que trae consigo.

También es útil diferenciar entre un hecho y una posibilidad. Cuando la ansiedad aparece, el cerebro suele completar los espacios de incertidumbre con los peores escenarios posibles. Antes de dar por cierto lo que imaginas, haz una pausa y pregúntate: ¿qué evidencia tengo de que esto está ocurriendo ahora mismo? Muchas veces descubrirás que estás reaccionando a una posibilidad y no a una realidad.

Finalmente, elige una acción pequeña en lugar de intentar controlar todo. Si la ansiedad aparece antes de una conversación difícil, prepara las ideas principales. Si surge por un pendiente importante, dedica unos minutos a comenzar. Dar un primer paso concreto suele reducir más la sensación de incertidumbre que permanecer intentando controlar todos los resultados posibles. Muchas veces, el primer paso ayuda más a recuperar la confianza que esperar a sentirnos completamente tranquilos.

Y cuando la ansiedad es intensa, persiste o comienza a interferir con el trabajo, las relaciones o las actividades cotidianas, ese primer paso también puede ser buscar acompañamiento profesional.

En Culiacán, el Centro Integral de Salud Mental (UNEME-CISAME) brinda atención psicológica y psiquiátrica en el teléfono 667 146 9509. También está disponible en todo México la Línea de la Vida, en el 800 911 2000, con orientación gratuita en salud mental las 24 horas, los 365 días del año.



La calma comienza cuando recuperas la decisión

La ansiedad puede ser incómoda y, cuando es intensa, persistente o interfiere con la vida cotidiana, es importante buscar apoyo profesional. Sin embargo, en muchas de las situaciones que vivimos día a día, el primer cambio no consiste en luchar contra ella, sino en comprender la función que intenta cumplir.

Quizá no podamos evitar que la ansiedad aparezca de vez en cuando. Lo que sí podemos aprender es a escucharla sin asumir que siempre tiene razón. Porque una alarma puede avisarnos de un posible riesgo, pero no todas las alarmas indican que existe un peligro real.

¿Qué cambiaría en tu forma de vivir si, la próxima vez que sintieras ansiedad, antes de intentar callarla, decidieras preguntarte qué parte importante de tu vida está intentando proteger?

Preguntas y respuestas
Mtro. Juan José Díaz
Mtro. Juan José Díaz

Mtro. Juan José Díaz es licenciado en Psicología y maestro en Psicoterapia, especializado en el tratamiento de problemas de pareja, ansiedad y depresión. Además de su práctica clínica, se desempeña como conferencista, docente, columnista y creador de contenido sobre salud mental. A través de sus publicaciones, comparte conocimientos de psicología aplicados a la vida cotidiana, con el objetivo de ofrecer información confiable y herramientas prácticas que favorezcan el bienestar emocional y el crecimiento personal.

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