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Doña Mary y Abigail, el sabor de las gorditas y atole que alimenta las madrugadas de Villa Juárez

Desde hace más de dos décadas, Doña Mary y su familia alimentan las madrugadas de Villa Juárez con gorditas y atoles calientes, acompañando a jornaleros agrícolas antes de iniciar sus largas jornadas en el campo.

28 enero, 2026
Gorditas de harina dulce, fritas al momento, una de las energías favoritas de los trabajadores del campo.
Gorditas de harina dulce, fritas al momento, una de las energías favoritas de los trabajadores del campo.

Desde antes de que amanezca, cuando el frío aún cala y los camiones comienzan a reunirse para llevar a los trabajadores del campo a las zonas de cultivo, un aroma familiar se abre paso en Villa Juárez, Navolato: el de las gorditas recién fritas y el atole caliente que, desde hace más de 20 años, preparan Doña Mary Zamorano y su familia.

El negocio nació en el tianguis, donde Doña Mary inició con apenas un par de termos. Sin embargo, con la llegada de la pandemia, el temor a los contagios la llevó a cambiar de punto.

La historia de un emprendimiento familiar en Villa Juárez

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Fue así como se trasladaron a la esquina conocida como El Puente Amarillo, sobre la carretera La Cincuenta, un sitio estratégico donde, desde las tres de la mañana, se concentran cientos de jornaleros agrícolas para tomar los camiones hacia los campos e iniciar su jornada.

Termos de atole de avena, pinole, champurrado y chocolate acompañan las frías madrugadas agrícolas.
Termos de atole de avena, pinole, champurrado y chocolate acompañan las frías madrugadas agrícolas.

Ahí, a partir de las cuatro de la madrugada, Doña Mary y su principal ayudante, su hija Abigail Buelna Zamorano, de 43 años, comienzan a despachar.

“Es cuando más se vende, la gente anda buscando qué comer antes de irse a trabajar”, cuenta Abigail.


Para las nueve de la mañana, los termos están vacíos y las gorditas se han terminado.

Aunque reconoce que hoy la afluencia de trabajadores es menor por las condiciones de inseguridad, el negocio sigue siendo noble.

“Antes se hacían hasta tres filas de camiones, no había ni pasada; ahora es menos, pero gracias a Dios seguimos”, señala.


El Puente Amarillo se convierte cada madrugada en punto de encuentro entre trabajadores del campo y el sabor tradicional.
El Puente Amarillo se convierte cada madrugada en punto de encuentro entre trabajadores del campo y el sabor tradicional.

El secreto está en la constancia y en la preparación. Los atoles —de avena, pinole, chocolate Abuelita, champurrado, maizena de fresa y arroz con leche— se elaboran en casa desde la una de la mañana. Las gorditas, hechas únicamente de harina dulce, se amasan un día antes para que reposen y queden en su punto al freírse, evitando el exceso de grasa.

Doña Mary y su legado culinario para jornaleros agrícolas

En las mañanas llegan a utilizar hasta 14 kilos de harina y venden más atole que gorditas; por las tardes, instaladas en otro punto, junto a la plazuela de Villa Juárez, la venta cambia: alrededor de 10 kilos de gorditas y menos atole.

El emprendimiento es completamente familiar. Participan Doña Mary, Abigail, el padre de familia, los hijos, una sobrina y una vecina. “De esto hemos vivido muchos años”, afirma Abigail, quien recuerda que antes trabajó en el empaque, pero terminó sumándose de lleno al negocio cuando la demanda creció.

Desde la una de la mañana, la familia se organiza para preparar los atoles que acompañan las frías madrugadas en Villa Juárez.
Desde la una de la mañana, la familia se organiza para preparar los atoles que acompañan las frías madrugadas en Villa Juárez.

Originaria del rancho Máripa, en Sinaloa de Leyva, Doña Mary mantiene raíces firmes en su tierra, a la que regresa en temporadas bajas. Aun así, la familia reconoce a Villa Juárez como un lugar de oportunidades.

“Es un pueblo bendecido: hay agricultura, pesca, trabajo. Todo se puede si se le ponen ganas”, dice Abigail.


Con gratitud, Doña Mary y su familia agradecen la fidelidad de los jornaleros agrícolas que, durante décadas, han encontrado en sus atoles y gorditas la energía necesaria para enfrentar las duras jornadas del campo.

Doña Mary y su familia mantienen vivo un negocio que es sustento y tradición.
Doña Mary y su familia mantienen vivo un negocio que es sustento y tradición.

En cada vaso caliente y en cada gordita frita se resume una historia de trabajo, madrugada y sabor que ya es parte de la identidad de Villa Juárez. Sus atoles y gorditas sí que están en boca de todos, es el sabor agradable con que empiezan el día los jornaleros.

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