María Trinidad transforma material reciclado en creaciones hechas con amor
Desde una lata de atún hasta un rebozo deshilado a mano, María Trinidad Heraldez Soto ha hecho de la memoria, la fe y el reciclaje una forma de vida.

A María Trinidad Heraldez Soto le dicen la abuela. No por la edad, que apenas suma 71 años, sino por la historia que carga en las manos y por la forma en la que su trabajo empezó:
En casa, para los suyos, sin imaginar que algún día otras personas tocarían su puerta para pedirle una de “sus cosas”.
“Yo empecé haciendo cajitas para los cumpleaños de los nietos, de los sobrinos, cositas así”, cuenta con una sonrisa para Tus Buenas Noticias.
Eran detalles sencillos, hechos con lo que había a la mano. “Mis nietos decían: ‘la abuela y sus cosas’, y así se quedó”.
Trabajos con material reciclado

Las cajitas que hace María Trinidad no son comunes. Están hechas con material reciclado: latas de atún, tubos de cartón industrial y pasta de papel maché.
Cada una es distinta, pintada a mano, pensada con calma. Además, pinta sombreros y elabora rebozos deshilados, un arte que aprendió sin manuales, guiada por el recuerdo.
“Tenía una tía que ya falleció, yo la veía cuando era niña. No sé si le ayudaba, pero me acordé… y empecé a hacerlo”, relata. Su familia es originaria de Mocorito, y aunque hoy vive en Culiacán, esas raíces siguen presentes en cada pieza.
Sin esperar descubrió su talento

El talento tomó fuerza durante una celebración muy especial: el cumpleaños número 96 de su padre.
“Bendito sea Dios, todavía lo tengo. Somos 13 hijos y yo soy la mayor”, dice con orgullo.
Buscando un detalle para ese festejo, compró tela, rebozos pequeños y comenzó a crear. Uno de ellos llamó la atención de una sobrina, luego de alguien más, y así llegaron los primeros encargos.
“Casi todo lo que hago es por encargo. No es algo muy común, pero gracias a Dios, ahí vamos”, comparte.
No se trata de vender en grandes cantidades, sino de seguir creando, de mantenerse activa, de sentirse útil.
Para ella, el talento no es propio. “Gloria a Dios. Bien agradecida con mi Padre, porque esto viene de Él”, dice con convicción.
María Trinidad es madre de tres hijos, abuela de seis nietos y bisabuela de un pequeño que llena de alegría su historia. En su hogar, asegura que su trabajo también es una forma de compañía.
Así es la abuela, una mujer que transforma recuerdos en objetos, materiales sencillos en piezas únicas, y el paso del tiempo en algo que todavía se puede compartir.




















