“El Chapo” es el bolero que por 40 años ha visto pasar la vida desde el Parque Revolución en Culiacán
Desde un banco de madera y con más de cuatro décadas lustrando zapatos, Alberto Enrique se ha vuelto un emblema del centro de Culiacán.

En el Parque Revolución, entre el ir y venir de la gente y la sombra de los árboles, hay un trono que no pasa desapercibido. No es de rey, pero así le dicen.
Ahí se sienta Alberto Enrique, mejor conocido como “El Chapo”, bolero del Parque Revolución, un hombre que desde hace más de 40 años le ha dado brillo no solo a los zapatos, sino a una historia de trabajo constante.
La necesidad lo encontró con este noble oficio
Tiene 58 años, pero su oficio comenzó cuando era apenas un muchacho. “Fue por la necesidad”, dice sin rodeos para Tus Buenas Noticias.
En aquellos años, recuerda, la boleada estaba en su mejor momento. Las botas vaqueras, las pieles exóticas y la moda del norte hacían que el trabajo no faltara. Nadie en su familia se dedicaba a eso; fue el primero en sentarse frente a un par de zapatos con una brocha en la mano.
Al inicio no tenía más que un banquito de madera, una tablilla improvisada. Con el tiempo lo fue arreglando, puliendo, hasta convertirlo en el mueble que hoy lo acompaña desde hace 30 años.
Siempre ha trabajado ahí. Antes eran cinco boleros; hoy quedan muy pocos.
“Si no sabes hacer un trabajo, mejor no te metas”, comenta, convencido de que el oficio se defiende con calidad y respeto.
Él aprendió solo, mirando, practicando, equivocándose. Además de bolear, repara zapatos, cose suelas y resuelve lo que esté en sus manos.
La trayectoria de un bolero en el corazón de Culiacán
Vecino de la Toledo, Alberto formó su familia con el mismo esfuerzo con el que ha sostenido su oficio.
Es padre de tres hijos. Dos de sus hijas estudiaron carreras del área de la salud; una es enfermera quirúrgica y la otra química farmacobióloga.
“De aquí salió todo”, dice con orgullo. El tercero eligió la música y hoy vive fuera del país.
Reconoce que es un trabajo que ya pocos jóvenes quieren hacer. “Antes los boleros andaban por las calles, ahora los muchachos no lo agarran”, comenta sin resentimiento.
El legado de un oficio en peligro de extinción
El Chapo ha visto cambiar la ciudad desde el mismo punto. Ha pasado por temporadas buenas y malas, por épocas de miedo y de calma.
“Aquí la chamba es segura”, dice, aunque sabe que cada día cuenta.
Sentado en su trono, brocha en mano, Alberto Enrique sigue haciendo lo que sabe hacer: trabajar con dignidad. Porque en el Parque Revolución, hay historias que no necesitan reflectores, solo constancia… y un buen brillo.





















