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Medio siglo frente al Pacífico en Sinaloa: Inés y Fidencio, guardianes de la memoria en Celestino Gazca

Inés Niebla y Fidencio Sánchez, fundadores de Celestino Gazca, relatan cómo ayudaron a levantar el ejido desde cero en 1975. Entre monte, salitre y lucha, forjaron una comunidad frente al Pacífico mexicano en Sinaloa

17 febrero, 2026
Hace 51 años, Inés Niebla y Fidencio Sánchez llegaron como la tercera familia a Celestino Gazca, en Sinaloa, y ayudaron a fundar el ejido desde cero, enfrentando carencias, desalojos y años de trabajo comunitario. | Imágenes de Lino Ceballos
Hace 51 años, Inés Niebla y Fidencio Sánchez llegaron como la tercera familia a Celestino Gazca, en Sinaloa, y ayudaron a fundar el ejido desde cero, enfrentando carencias, desalojos y años de trabajo comunitario. | Imágenes de Lino Ceballos

Frente al Pacífico mexicano, donde los atardeceres parecen pintados a mano y el ostión sostiene la economía local, nació hace 51 años una historia de esfuerzo que hoy forma parte del ADN de Celestino Gazca en Sinaloa.

El 9 de mayo de 1975 se fundó formalmente el ejido. Entre las primeras tres familias que llegaron a vivir bajo los árboles, sin agua ni luz, estaban Inés Niebla y su esposo Fidencio Sánchez

La iglesia de San Celestino es un recinto en el que los pobladores de Celestino Gazca se reúnen a misa por las tardes-noches. Es un punto emblemático de encuentro.
La iglesia de San Celestino es un recinto en el que los pobladores de Celestino Gazca se reúnen a misa por las tardes-noches. Es un punto emblemático de encuentro.
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Llegaron de Culiacán con una decisión clara: empezar de nuevo, aunque eso significara hacerlo desde la nada, y así lo relatan para Tus Buenas Noticias.


Vivir bajo los árboles y traer el agua a pico y pala

“No teníamos casa, no había agua, no había luz”, recuerda Inés. Las primeras noches durmieron bajo la sombra improvisada de la naturaleza

El agua para beber se acarreaba de charcas y debía colarse. El salitre complicaba todo. Algunos se fueron, pero ellos se quedaron.

Cuentan que cuando el Gobierno Federal autorizó el apoyo para la red de agua potable, no llegó por arte de magia. La comunidad la trajo desde el río de La Cruz hasta el ejido, a través de tubería instalada a pico y pala.

Mujeres y hombres cavaron durante meses. Hubo ampollas, cansancio y heridas. También hubo determinación. Hoy, el agua que sigue abasteciendo al poblado es la misma que gestionaron hace medio siglo. Nada fue regalado.

De monte espeso a comunidad frente al mar

Fidencio lo dice sin rodeos: “Era puro monte”. Los primeros años vivieron en Los Arrayanes, en casas de palma y lámina negra. Poco a poco, entre jornadas de trabajo y esfuerzo comunitario, levantaron viviendas, infraestructura y espacios públicos.

El agua potable de Celestino Gazca fue llevada desde el río de La Cruz a pico y pala por los propios fundadores, entre ellos Inés y Fidencio, y sigue abasteciendo a la comunidad medio siglo después.
El agua potable de Celestino Gazca fue llevada desde el río de La Cruz a pico y pala por los propios fundadores, entre ellos Inés y Fidencio, y sigue abasteciendo a la comunidad medio siglo después.

Celestino Gazca —ubicado en el municipio de Elota, a una hora de Mazatlán y a hora y media de Culiacán— es hoy una comunidad pesquera reconocida por su producción de ostión, pesca de escama y larvas, además de su vocación hacia el turismo ecológico.

Donde antes hubo monte e incertidumbre, hoy hay identidad y complejos hoteleros que conviven con la naturaleza.


El peso de la memoria y la dignidad

Pero todo ha sido reconocimiento. Fidencio vendió su parcela por la falta de productividad del suelo salitroso. Aunque algunos cuestionan su pertenencia al ejido, la historia no miente: ellos estuvieron cuando no había nada.

También enfrentaron desalojos y amenazas de antiguos posesionarios. Fueron subidos a camionetas por la extinta Policía Judicial Estatal. Resistieron hasta que llegó la resolución presidencial que formalizó la entrega de tierras aquel 9 de mayo de 1975.

Cada año, aunque hoy de forma más discreta, la comunidad celebra el Día del Ejido. Antes había comida y se invitaba a rancherías vecinas. Era un punto de reunión regional. Hoy es más tranquilo, pero sigue vivo.

Esta es parte de la historia de Celestino Gazca, fundada con manos llenas de tierra, con mujeres cavando zanjas, con hombres levantando paredes y con familias que apostaron por quedarse.

Y mientras el sol cae sobre el Pacífico, Inés y Fidencio siguen siendo raíz viva de una comunidad que aprendió a florecer frente al mar.



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