Logo

Clemencia, la costurera que convirtió la fe en hilo y las pruebas en un taller lleno de vida en Valle Alto desde Culiacán

Clemencia convirtió la costura en su sustento y en un ejemplo de fe y perseverancia desde Valle Alto para toda su comunidad

31 marzo, 2026
Clemencia pudo sacar adelante a sus hijos gracias a la costura.
Clemencia pudo sacar adelante a sus hijos gracias a la costura.

Culiacán, Sinaloa.- A sus 58 años, Clemencia Olivarría habla de su historia sin adornos. No necesita exagerar nada. Su voz es serena, firme, agradecida. Cuando recuerda cómo comenzó en la costura, lo primero que dice es sencillo: “Mi mamá era la costurera del pueblo”.

Creció viendo a su madre coser, pero no era una maestra tradicional. No explicaba paso a paso. Si quieres aprender, fíjate cómo lo hago”, les decía. Y así aprendió: mirando, poniendo atención, haciendo ojales a mano sin que nadie le detallara el procedimiento. Aprendió observando y practicando en silencio.

Años después, ya casada, pidió un regalo poco común. Para un Día de las Madres, su esposo le preguntó qué quería y ella respondió: una máquina de coser.

Suscribirme Newsletter

Él le dijo que eso no era un regalo para ella, pero ella insistió: sí lo era. Quería tener una. Se la regaló. Y empezó haciendo cosas para ella misma, sin patrones, probando.

Cuando les entregaron su primera casa se puso a hacer cortinas. Colocaba la máquina cerca de la puerta, y las vecinas comenzaron a preguntar si podía hacerles algo. Así empezó a coser cortinas.

Una mujer de convicción

Después puso en pausa la costura para trabajar junto a su esposo y más tarde ayudar en el negocio de sus hijos. Siempre fue oficinista. Clemencia siempre trabajó. Su esposo falleció hace casi 28 años, cuando sus hijos estaban pequeños y no trabajar no era una opción.

No sé cómo le hice, pero ahí está”, dice. "El mayor es abogado, el segundo arquitecto y la menor ingeniera", añade con mucho orgullo cuando recuerda como los sacó adelante.


Hace alrededor de diez años decidió retomar la costura. Se inscribió en un curso de ICATSIN. Ahí, mientras muchas asistían por gusto o para convivir, ella iba con otra intención: aprender para trabajar. Ponía atención a todo. Escuchó sobre un programa de incubación para emprender y decidió buscar apoyo en la Secretaría de Economía.

Fue constante. Durante más de un año acudió, llevó presupuestos, entregó documentos, insistió.

Yo no tengo tiempo de perderlo”, les dijo con claridad.


Si la iban a apoyar, adelante. Si no, prefería saberlo. No tenía dinero, pero tenía determinación.

Con las máquinas ya en casa, empezó formalmente. Una mamá del colegio de sus nietos le habló de un local disponible. El dueño le ofreció facilidades: sin depósito y pagando la renta hasta el final del mes.

Sus hijos la ayudaron a mover las máquinas, su nuera le dio una mesa. Su hija buscó muebles económicos. Otro hijo le regaló un aire acondicionado para el calor. Todo fue sumándose poco a poco.

Empecé solo con un hilo negro y un hilo blanco”, cuenta.


Su máquina necesitaba cinco, pero no tenía para comprarlos. Así comenzó. De ahí sale, hasta hoy, el pago de su casa y todos sus servicios. Se mantiene con su taller y ese es uno de sus más grandes orgullos.

Una fe que mueve montañas y sueños

Para ella Dios y su fe han sido centrales en todo su camino e historia de vida,  pues antes de cualquier cosa menciona que se pone en las manos de Dios.

Dios siempre me ha bendecido con lo que yo quiero. Es mi mayor aliado”, afirma.


Su mayor satisfacción no está solo en que el negocio funcione, sino en ver la reacción de quien recibe una prenda. “Así exactamente lo quería”, le dicen con emoción. Y eso le basta.

También le llena escuchar a sus nietos decirle que están orgullosos de ella. Guarda los dibujos que le hacen y los mensajes que le escriben.

"Doña Clemen", como también la conocen en la comunidad, siempre busca dar precios justos, establecidos, iguales para todos. Si una prenda puede complicarse, primero la revisa antes de cotizar.

Para cobrarte lo correcto”, explica con paciencia. No le gustan los malos entendidos ni las cosas a medias.


Pero junto con esa firmeza hay calidez. Se aprende los nombres de sus clientes y de sus hijos. Pregunta cómo siguen. Recuerda detalles. Una excompañera le preguntaba cómo hacía para memorizar tantos nombres.

Pues les pregunto y me acuerdo”, responde sencilla. "Muchos clientes se han convertido en amigos", menciona con cariño.


Ana, quien trabaja con ella desde hace casi tres años, dice que lo que más le ha aprendido es la fe y el positivismo.

Me ha enseñado que ser accesible y ser cálida te da muchas cosas”, asegura.


Para Clemencia, no solo los años traen sabiduría, sino también la apertura de escuchar a los demás, pues admite con orgullo que todaslas personas que han llegado a aprender con ella le han enseñado también. “No saben que ellas me han enseñado más a mí que yo a ellas”, reconoce.

Cuando le preguntan qué consejo daría a quien quiere emprender, no duda: “Que luchen por sus sueños porque sí se puede. Yo hice esto sin un peso”. No aportó dinero inicial. Empezó con lo que tenía, aceptando ayuda, trabajando todos los días.

Su historia no es perfecta ni cómoda. Es constante. Es de trabajo diario. Es de fe. Es de carácter. A sus 58 años, doña Clemencia no presume lo que logró. Lo cuenta con gratitud.

Y sigue cosiendo, con la misma atención con la que de niña miraba a su madre: observando, aprendiendo y avanzando puntada a puntada. Su ejemplo de tenacidad inspira y viste a las familias de Valle Alto.

Servicios que ofrece Clemencia en su taller


  • Ajustes de ropa (bastillas, entalles, reducción o ampliación)
  • Reparación de prendas (cierres, botones, costuras descosidas)
  • Confección básica a medida
  • Modificación de prendas (transformaciones o rediseños)
  • Elaboración de cortinas y artículos para el hogar
  • Parcheo y refuerzo de telas
  • Planchado y acabado de prendas
  • Toma de medidas
  • Asesoría básica en telas y diseños






Temas de esta nota
Enlaces patrocinados
×
Boletín Tus Buenas Noticias