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Desde los 4 años eligió el ballet… lo que hay detrás de la historia de Ana Sofía está inspirando a todos en Culiacán

Entre la escuela, los ensayos y los sacrificios que pocos ven, Ana Sofía ha crecido en el ballet desde los 4 años. Su disciplina, talento y el apoyo de su familia la han llevado a escenarios importantes y a construir un sueño que no deja de avanzar.

16 abril, 2026
Ana Sofía Bastidas Chávez es una jovencita de 14 años que ha dedicado a su vida al ballet, la disciplina y entrega artística.
Ana Sofía Bastidas Chávez es una jovencita de 14 años que ha dedicado a su vida al ballet, la disciplina y entrega artística.

Hay niñas que juegan a imaginar su futuro… y hay otras que comienzan a construirlo desde muy pequeñas.

Así es la historia de Ana Sofía Bastidas Chávez, una joven de 14 años que no recuerda su vida sin la danza, porque prácticamente ha crecido dentro de ella.

Tenía apenas dos años y medio cuando comenzó a dar sus primeros pasos en el mundo artístico. Era muy pequeña, pero ya había algo en ella que respondía a la música, al ritmo, al movimiento. No era casualidad. Era el inicio de algo que se volvería parte de su identidad.

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A los cuatro años, ese gusto tomó forma y dirección: el ballet llegó a su vida… y nunca más se fue.

Desde entonces, han pasado años de constancia. Años de aprendizaje, de caídas, de levantarse, de repetir una y otra vez el mismo paso hasta lograrlo. Años en los que, mientras otras niñas cambiaban de intereses, ella se mantenía firme.

Hoy, Ana Sofía es estudiante de tercer grado en la ETI 75, en Barrancos, al sur de Culiacán y su día a día es una combinación de disciplina académica y entrega artística.

Ana Sofía ha dedicado su vida al ballet desde los 4 años

Además de ser bailarina, Ana Sofía es una adolescente común, con tareas, y responsabilidades propias de su edad.
Además de ser bailarina, Ana Sofía es una adolescente común, con tareas, y responsabilidades propias de su edad.

Porque su vida no es sencilla. Por las mañanas cumple con la escuela. Tareas, clases, responsabilidades como cualquier adolescente. Pero al terminar, su rutina cambia por completo: llegan los ensayos, el esfuerzo físico, la concentración.

En la Escuela de Artes José Limón del ISIC, entrena ballet clásico y también danza contemporánea, una combinación que fortalece su técnica y le permite expresarse de diferentes maneras.

"Para mí es una forma de contar una historia sin hablar", explica para Tus Buenas Noticias.


Y esa frase resume todo.

Porque el ballet no es solo movimientos elegantes. Es control, equilibrio, precisión… y también emoción.

Pero hay algo que pocas veces se dice:

El ballet también duele.

Duelen los pies dentro de las zapatillas de punta. Duele el cuerpo después de horas de ensayo. Duele la exigencia de hacerlo bien, de no fallar, de mejorar siempre.

A eso se suman los sacrificios que no siempre se ven.

Cada vestuario, cada presentación, cada accesorio implica un gasto importante. Las zapatillas pueden costar miles de pesos. Y mantener ese ritmo no es fácil.

Sin embargo, su familia ha sido el pilar que sostiene ese sueño.

Sus padres han hecho de todo para apoyarla. Ajustan horarios, hacen esfuerzos económicos adicionales y buscan la manera de que Ana Sofía tenga lo necesario para seguir avanzando.

Es un trabajo en equipo.

Un sueño compartido.

Y Ana Sofía lo sabe.

"Me siento muy querida", dice, reconociendo que ese apoyo es lo que le permite continuar.


Gracias a esa constancia, su talento ya ha llegado a escenarios importantes como el Teatro Pablo de Villavicencio, donde ha participado en obras como La Bella Durmiente, Pedro y el Lobo y Danzando entre Arlequines.

El apoyo familiar ha sido clave en el camino de Ana Sofía

Desde pequeñita soñaba en ser bailarina de ballet. Hoy está en camino a cumplir sus más grandes sueños.
Desde pequeñita soñaba en ser bailarina de ballet. Hoy está en camino a cumplir sus más grandes sueños.

Cada presentación representa algo más que un logro.

Es el resultado de años de esfuerzo.

De tardes completas de ensayo.

De momentos en los que rendirse parecía más fácil… pero no lo hizo.

Aun así, Ana Sofía no se considera una experta. Al contrario. Sabe que todavía hay mucho por aprender. Que el ballet es una disciplina infinita, donde siempre hay algo que mejorar.

Y eso, lejos de desmotivarla, la impulsa.

Su mirada está puesta en el futuro.

Quiere seguir preparándose, estudiar una carrera en artes y, algún día, presentarse en escenarios aún más grandes, incluso fuera del país.

Pero mientras ese momento llega, hay algo que ya es una realidad:

Su disciplina.

Su constancia.

Su amor por lo que hace.

A sus 14 años, Ana Sofía no solo ha aprendido a bailar. Ha aprendido a comprometerse con un sueño, a sostenerlo en los días difíciles y a seguir adelante incluso cuando el camino exige más de lo esperado.

Y quizá lo más valioso de su historia es lo que deja a los demás.

Un mensaje simple, pero poderoso:

"Que pierdan el miedo… que lo intenten".


Porque los sueños no empiezan siendo grandesEmpiezan siendo pequeños… como una niña de cuatro años que un día decidió bailar y nunca se detuvo.

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