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Cosalá, Sinaloa.- Antes de que las comunidades rurales tuvieran caminos accesibles y medios de transporte, llegar a una escuela podía significar caminar varios kilómetros o viajar a caballo. José Aquiles Ayón vivió esa realidad durante sus primeros años como maestro y convirtió esas dificultades en parte de una trayectoria de casi cuatro décadas dedicada a la educación.

A sus 70 años, recuerda que comenzó como maestro municipal en 1974, cuando apenas tenía 19 años, en la comunidad de Mexcaltitán, sindicatura de Comedero. Después de concluir el ciclo escolar 1974-1975 fue enviado a Palo Verde, donde permaneció alrededor de seis años. Posteriormente trabajó en La Estancia y El Rodeo, comunidades donde, además de enseñar, convivió de cerca con las familias.

Impacto en la educación rural de Sinaloa

En aquellos años, Aquiles caminaba, viajaba a caballo o aprovechaba los pocos vehículos que existían para trasladarse. De Cosalá a Palo Verde, un recorrido de varios kilómetros, llegó a hacerlo a pie en menos de una hora.

En Mexcaltitán se hospedaba en la casa del comisario y compartía los alimentos con las familias. Desde Comedero caminaba casi una hora para llegar a la comunidad y, cuando tenía oportunidad, regresaba a Cosalá para entregar documentación o visitar a su familia.

Su relación con los pobladores iba más allá de las aulas. Visitaba las casas de sus alumnos, convivía con sus padres y, durante las temporadas de siembra, incluso ayudaba a la gente en el campo. “Yo visitaba todas las casas, comía en todas las casas”, recuerda.

En La Estancia también participó en las gestiones para mejorar la escuela. Aunque no era director, ayudó en la construcción de dos aulas y en la instalación de un sanitario, pues los estudiantes no contaban con ese servicio.

Posteriormente comenzó a trabajar en la secundaria impartiendo matemáticas. En aquella época la escuela funcionaba por cooperación: cada padre de familia aportaba dinero para pagar a los maestros. Aquiles incluso había estudiado ahí con una beca.

Cuando la secundaria se oficializó, tuvo que prepararse profesionalmente para continuar como docente. Durante los veranos estudió la especialidad de Matemáticas en la escuela La Nueva Galicia, en Guadalajara. Más tarde continuó sus estudios en Mazatlán, donde ingresó después de presentar un examen y obtuvo el primer lugar en puntaje.

Finalmente concluyó la licenciatura en Educación Media con especialidad en Matemáticas. A partir de entonces se dedicó principalmente a la secundaria, donde permaneció hasta noviembre de 2013, cuando se jubiló después de aproximadamente 38 o 39 años de servicio.

En aquellos años, Aquiles caminaba, viajaba a caballo o aprovechaba los pocos vehículos que existían para trasladarse. De Cosalá a Palo Verde, un recorrido de varios kilómetros, llegó a hacerlo a pie en menos de una hora.En Mexcaltitán se hospedaba en la casa del comisario y compartía los alimentos con las familias. Desde Comedero caminaba casi una hora para llegar a la comunidad y, cuando tenía oportunidad, regresaba a Cosalá para entregar documentación o visitar a su familia.Su relación con los pobladores iba más allá de las aulas. Visitaba las casas de sus alumnos, convivía con sus padres y, durante las temporadas de siembra, incluso ayudaba a la gente en el campo. “Yo visitaba todas las casas, comía en todas las casas”, recuerda.
En aquellos años, Aquiles caminaba, viajaba a caballo o aprovechaba los pocos vehículos que existían para trasladarse. De Cosalá a Palo Verde, un recorrido de varios kilómetros, llegó a hacerlo a pie en menos de una hora.En Mexcaltitán se hospedaba en la casa del comisario y compartía los alimentos con las familias. Desde Comedero caminaba casi una hora para llegar a la comunidad y, cuando tenía oportunidad, regresaba a Cosalá para entregar documentación o visitar a su familia.Su relación con los pobladores iba más allá de las aulas. Visitaba las casas de sus alumnos, convivía con sus padres y, durante las temporadas de siembra, incluso ayudaba a la gente en el campo. “Yo visitaba todas las casas, comía en todas las casas”, recuerda.

Recuerdos de un maestro en comunidades alejadas

Durante su trayectoria conoció de cerca las dificultades de los estudiantes de las comunidades rurales. A la secundaria llegaban jóvenes de Carrizal, Palo Verde, El Rodeo, El Potrero, La Estancia, Higuera de Orrea, Higuera de Padilla y La Cholula.

Muchos caminaban varios kilómetros para llegar a clases a las siete de la mañana y algunos lo hacían sin desayunar. Aquiles recuerda que en ocasiones encontraba alumnos con dolor de cabeza o de estómago. Al preguntarles qué sucedía, algunos reconocían que no habían comido. Entonces los mandaba a la tienda y él pagaba algo para que pudieran alimentarse. “¿Y cómo iba a aprender un niño así?”, recuerda.

Para él, enseñar no consistía únicamente en impartir una materia. El maestro debía conocer a sus estudiantes, acercarse a ellos y comprender sus circunstancias. “El maestro debe ponerse a la altura del alumno, convivir con ellos”, sostiene. También considera que un docente debe ser ejemplo, apoyar a los jóvenes y evitar señalarlos o etiquetarlos.

Cambios en la educación a lo largo de cuatro décadas

Después de casi cuatro décadas frente a grupo, Aquiles considera que la educación ha cambiado considerablemente. Desde su perspectiva, antes existía mayor comunicación entre padres, maestros y alumnos. Los padres estaban más pendientes de sus hijos y acudían con mayor frecuencia a la escuela.

También percibe actualmente un mayor distanciamiento dentro de las familias. Lo compara con su propia experiencia, pues recuerda que cuando sus hijos eran pequeños procuraba convivir con ellos, llevarlos a jugar y acompañarlos en sus actividades.

Aquiles y su esposa, Rosa María Rendón Torres, formaron una familia de tres hijos: Karla Iveth, Jesús Omar, quien falleció, y Jorge Oswaldo. Ninguno siguió sus pasos como maestro. De hecho, Aquiles reconoce que él mismo no quiso que sus hijos eligieran esa profesión, pues conocía los sacrificios que implicaba, especialmente durante sus primeros años en las comunidades rurales.

Su hija estudió Ingeniería Biomédica y su hijo menor, Jorge Oswaldo, continúa sus estudios universitarios en un área relacionada con la mercadotecnia.

El maestro Aquiles muestra una fotografía de dos de sus hijos, uno de ellos, Jesús Omar quien ya falleció debido a una enfermedad, recuerda que los educó con esmero y amor
El maestro Aquiles muestra una fotografía de dos de sus hijos, uno de ellos, Jesús Omar quien ya falleció debido a una enfermedad, recuerda que los educó con esmero y amor

El cariño que permanece

Aunque Aquiles se jubiló en 2013, los años frente a las aulas siguen presentes cada vez que se encuentra con alguno de sus antiguos alumnos. “¡Profe!”, le gritan todavía cuando lo reconocen en la calle.

Cuenta que en una ocasión viajaba con su hijo y, durante el trayecto, se encontraron con 21 vehículos. Desde 20 de ellos escuchó gritos y saludos. Eran antiguos alumnos que todavía lo recordaban. Algunos viven lejos de Cosalá y tienen sus propias familias. Una de sus antiguas alumnas, quien radica en Ciudad Juárez, cuando regresa todavía procura invitarlo a comer.

Para Aquiles, esos encuentros representan una de las mayores satisfacciones que le dejó la docencia. Más que cualquier reconocimiento, recibir el cariño de sus antiguos estudiantes le confirma que su trabajo trascendió las aulas. “El maestro debe ser ejemplo”.

Desde la experiencia de casi 40 años frente a un grupo, Aquiles considera que la vocación es indispensable para ejercer la docencia. Un maestro, dice, debe saber escuchar, acercarse a sus alumnos y entender que detrás de cada estudiante existe una historia. No basta con transmitir conocimientos; también debe apoyar, orientar y convertirse en ejemplo.

Recuerda que durante su carrera tuvo que aprender a dejar de lado sus problemas personales al entrar al aula y ofrecer siempre su mejor versión. “Nosotros somos poliedros. Una cara para cada cosa tenemos que poner”, expresa.

Aquiles nació en La Campana, Durango, pero cuando apenas tenía seis meses su familia lo llevó a Cosalá. Aquí creció, se casó, formó su familia y construyó una vida dedicada a la educación.

Hoy, después de más de 69 años viviendo en Cosalá y casi 13 años de haberse jubilado, continúa encontrándose con quienes alguna vez fueron sus alumnos. Y cuando escucha un “¡Profe!” en la calle, sabe que aquellos kilómetros recorridos a pie, los viajes a caballo, las aulas rurales y los años de enseñanza dejaron algo que permanece: el cariño y el recuerdo de varias generaciones de estudiantes.

Preguntas y respuestas
Yolanda Tenorio
Yolanda Tenorio

Yolanda Tenorio es una periodista con más de 15 años de experiencia narrando historias que importan y que muchas veces no encuentran eco en los grandes titulares. Ingresó a El Debate de Mazatlán el 21 de febrero de 2008 como corresponsal, y desde entonces ha sido testigo y cronista del pulso serrano: comunidades marcadas por el abandono, la violencia o la migración, pero también por su cultura, dignidad y riqueza humana.

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Su pasión por el periodismo se manifiesta especialmente en el género de la crónica, así como en los reportajes especiales que retratan con sensibilidad a los pueblos olvidados y los personajes que resisten con orgullo. Es una periodista que escucha, que camina los pueblos y que sabe encontrar las historias donde otros solo ven silencio.

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