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En el corazón de Cosalá, Pueblo Mágico rodeado por la Sierra Madre Occidental, la cultura no solo se exhibe en festivales o museos: se vive, se baila y se cuenta. Detrás de gran parte de ese movimiento cultural se encuentra Gregorio Corrales, coordinador del Instituto Municipal de Cultura, bailarín, maestro, coreógrafo e impulsor de proyectos que han dado identidad artística al municipio durante más de treinta años.

A sus 62 años y con cerca de cuatro décadas de trayectoria, Corrales habla de su profesión con la misma emoción de quien apenas comienza. Para él, la danza nunca ha sido un trabajo en el sentido tradicional. "Yo me divierto haciéndolo y además me pagan. Esa es la mayor dicha de cualquier profesionista: hacer algo que disfruta y que, al mismo tiempo, le permite vivir", afirma.

Gregorio Corrales transforma la danza en identidad cultural

Su historia nació en Mazatlán. Aunque en su familia no existían antecedentes artísticos, desde niño sintió una atracción natural por el movimiento. Pasaba horas imitando a los bailarines que veía en televisión, especialmente al Ballet de Bellas Artes. Practicaba solo en su casa, levantando las piernas frente al espejo mientras su madre le advertía que terminaría rompiéndolo.

Sin clases formales, desarrolló una disciplina autodidacta que años después sería reconocida por una maestra de danza mientras estudiaba Hotelería y Gastronomía. Fue ella quien lo invitó a participar en un grupo folclórico y le ofreció interpretar la Danza del Venado. Aquella oportunidad marcaría el rumbo de su vida.

Gregorio inició su formación profesional en el ballet clásico bajo la dirección del maestro Enrique Loza. Sin embargo, pronto descubrió que la danza folclórica ofrecía mayores oportunidades laborales en una ciudad turística como Mazatlán, donde los hoteles organizaban espectáculos para visitantes nacionales y extranjeros.

Lejos de considerar ese cambio una renuncia, encontró en el folclor un universo mucho más amplio. Cada estado del país, cada comunidad y cada tradición representaban una nueva forma de entender la historia de México. Esa curiosidad lo llevó a integrarse a compañías de prestigio como el Ballet de Guadalajara y, posteriormente, al Ballet Folclórico del Instituto Cultural Cabañas, agrupación de carácter nacional con sede en Guadalajara.

Allí alcanzó el nivel profesional que siempre había buscado. "Conocí la música, los vestuarios y las técnicas de todo el país. Ahí entendí que uno nunca deja de aprender."

Los tambores que el mismo fabrica para representar la danza de
Los tambores que el mismo fabrica para representar la danza de "Los Bramadores del Jaguar, estos imitan el rugido de este felino al frotar la cuerda de piel que sale del centro de este tambor

Los Bramadores del Jaguar: un proyecto innovador en Cosalá

Aunque su intención era regresar a Mazatlán para integrarse al recién restaurado Teatro Ángela Peralta, el destino tenía otros planes. Durante una visita a Cosalá recibió la invitación para fundar la Casa de la Cultura del municipio. Lo que parecía un proyecto temporal terminó convirtiéndose en la obra de su vida.

En un municipio pequeño logró reunir a más de treinta jóvenes interesados en la danza y fundó el Ballet Folclórico Cosatl, nombre inspirado en uno de los antiguos significados atribuidos a Cosalá. El grupo sorprendió desde su primera participación en las audiciones del Festival Cultural Sinaloa. Contra todo pronóstico fue seleccionado para integrarse al programa oficial. Aquella aceptación convenció a Gregorio de permanecer definitivamente en Cosalá.

Si existe un proyecto que resume la creatividad y la vocación investigadora de Gregorio Corrales, ese es Los Bramadores del Jaguar. La idea nació de manera inesperada mientras impartía clases en un albergue para jóvenes provenientes de comunidades serranas. Uno de sus alumnos le comentó que su abuelo empleaba un tambor para llamar al jaguar, y que lo pediría prestado para llevarlo a clases, entonces Gregorio descubrió un tambor artesanal elaborado con un bule cubierto por cuero y una cuerda central que, al frotarse, producía un sonido grave semejante al bramido de un felino.

A partir de esa experiencia investigó la tradición con los habitantes de la sierra y comenzó a construir una propuesta escénica basada en las relaciones entre las comunidades y el jaguar. La obra fue concebida originalmente como danza-teatro. Los sonidos eran producidos en vivo por los propios bailarines mediante pisadas, ayoyotes y el bramador, sin necesidad de música grabada.

Con el tiempo, esta creación trascendió los escenarios locales para presentarse en distintos estados del país y colaborar con organizaciones dedicadas a la conservación del jaguar, convirtiéndose en una herramienta artística para sensibilizar sobre la importancia de esta especie.

Gregorio Corrales muestra el origen de Los Bramadores del Jaguar, proyecto inspirado en un antiguo tambor artesanal utilizado en comunidades serranas para recrear el bramido del jaguar y que dio vida a una propuesta artística para preservar esta tradición.
Gregorio Corrales muestra el origen de Los Bramadores del Jaguar, proyecto inspirado en un antiguo tambor artesanal utilizado en comunidades serranas para recrear el bramido del jaguar y que dio vida a una propuesta artística para preservar esta tradición.

La Casa de la Cultura de Cosalá impulsa el arte local

La experiencia también transformó su visión de la danza. Gregorio reconoce que en sus primeros años interpretó la Danza del Venado con fines escénicos, adaptándola al gusto del público. Sin embargo, conforme profundizó en su investigación sobre las culturas indígenas del norte de Sinaloa y Sonora comprendió que muchas representaciones folclóricas terminan privilegiando el espectáculo por encima de su verdadero significado ceremonial. Desde entonces ha procurado que su trabajo recupere el valor histórico y simbólico de las tradiciones. "No hacemos solamente un show folclórico; buscamos representar nuestra identidad."

Actualmente, desde el Instituto Municipal de Cultura de Cosalá, coordina una intensa agenda de actividades que incluye festivales, celebraciones cívicas y eventos artísticos durante todo el año. Entre todos ellos destaca la Noche de Leyendas, un recorrido teatral nocturno que revive los relatos tradicionales de la Sierra Madre Occidental.

Durante el recorrido aparecen personajes como el Carbunco, un misterioso felino con una piedra luminosa en la frente que, según la tradición, protegía a los antiguos habitantes de la sierra; también surge la Mujer de Plata, figura legendaria nacida de las antiguas minas de Cosalá y convertida en símbolo del patrimonio histórico del municipio. Estas representaciones no solo buscan entretener a los visitantes. También fortalecen la memoria colectiva de la comunidad y permiten que las nuevas generaciones conozcan las historias que dieron origen a su territorio.

Un legado para las nuevas generaciones

Después de más de cuarenta años dedicados al arte, Gregorio Corrales Herrera considera que el mayor reconocimiento no son los escenarios recorridos ni los viajes realizados. Su satisfacción proviene de observar que muchos jóvenes descubrieron en la danza una forma de expresar su identidad y que proyectos como Los Bramadores del Jaguar continúan vivos. Su objetivo es que estas obras no dependan únicamente de una persona, sino que sean apropiadas por nuevas generaciones y por otros grupos folclóricos del estado.

En una época en la que muchas tradiciones enfrentan el riesgo del olvido, el trabajo de Gregorio Corrales demuestra que la cultura permanece viva cuando alguien decide convertirla en parte de la vida cotidiana. Más que un bailarín o un promotor cultural, es un guardián de la memoria de Cosalá, convencido de que el verdadero patrimonio no solo se conserva en los archivos o en los museos, sino también en cada historia contada, en cada leyenda representada y en cada danza que sigue dando identidad a un pueblo.

Gregorio Corrales en una de sus presentaciones en el equinoccio de primavera en Las Labradas, San ignacio
Gregorio Corrales en una de sus presentaciones en el equinoccio de primavera en Las Labradas, San ignacio
Preguntas y respuestas
Yolanda Tenorio
Yolanda Tenorio

Yolanda Tenorio es una periodista con más de 15 años de experiencia narrando historias que importan y que muchas veces no encuentran eco en los grandes titulares. Ingresó a El Debate de Mazatlán el 21 de febrero de 2008 como corresponsal, y desde entonces ha sido testigo y cronista del pulso serrano: comunidades marcadas por el abandono, la violencia o la migración, pero también por su cultura, dignidad y riqueza humana.

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Su pasión por el periodismo se manifiesta especialmente en el género de la crónica, así como en los reportajes especiales que retratan con sensibilidad a los pueblos olvidados y los personajes que resisten con orgullo. Es una periodista que escucha, que camina los pueblos y que sabe encontrar las historias donde otros solo ven silencio.

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