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Lo que comenzó como una oportunidad inesperada terminó convirtiéndose en el proyecto de vida de Erick de Jesús Álvarez Flores.
Conocido entre habitantes y visitantes como “El Mantequero”, este emprendedor concordense encontró en la venta de cocos frescos y ceviches no solo la manera de salir adelante económicamente, sino también el camino que lo llevó a conocer a Adela Lizárraga, la mujer con quien formó una familia.

Hoy, después de once años de trabajo constante, esfuerzo y perseverancia, Erick puede mirar atrás y reconocer que aquel pequeño puesto de cocos se transformó en el principal sustento de su hogar, integrado por su esposa Adela y sus hijos Erick y Adela Sofía.
Una oportunidad que cambió su destino
Antes de dedicarse a la venta de cocos, Erick trabajaba como empleado en un expendio de cerveza. Junto al establecimiento donde laboraba se encontraba un pequeño negocio dedicado a la venta de cocos frescos, propiedad de un hombre llamado Régulo.
Era el hijo de Régulo quien atendía el lugar y, con el paso del tiempo, desarrolló una amistad con Erick. Sin embargo, un día decidió dejar el negocio, situación que puso en riesgo la continuidad del pequeño emprendimiento.
Ante esa circunstancia, la familia propietaria decidió ofrecerle a Erick la oportunidad de hacerse cargo del establecimiento. Aunque no tenía experiencia en ese tipo de actividad comercial, aceptó el reto.
“Don Régulo me dijo que me rentaba el negocio. Mi hermana me ayudaba y ahí inició todo”
Los primeros días no fueron sencillos. Como ocurre con muchos emprendedores, las limitaciones económicas representaron uno de los principales obstáculos. Incluso carecía de algo tan básico para su actividad como una hielera para mantener fríos los cocos.
Sin embargo, encontró apoyo en su familia. Una de sus primas le prestó una hielera, herramienta que se convirtió en una pieza fundamental para arrancar el negocio.
“Emprender cualquier negocio no es fácil. Me acuerdo que no tenía hielera y mi prima Lupi me prestó una”
Con esa ayuda y muchas ganas de trabajar, Erick comenzó a abrirse camino en un mercado donde todavía tenía mucho por aprender.
El nacimiento de un producto que conquistó a Concordia
Durante sus primeros meses, Erick se dedicó exclusivamente a la venta de cocos frescos, ofreciendo tanto el agua como la pulpa del fruto. Sin embargo, una sugerencia realizada por uno de sus clientes cambiaría por completo el rumbo del negocio.
Un agente de tránsito que frecuentaba el establecimiento le recomendó combinar el coco con ceviche de camarón, una idea que en ese momento parecía poco común en Concordia. La propuesta llamó la atención de Erick, quien decidió probar suerte incorporando esa variante a su menú. El resultado fue inmediato.
“En aquel entonces inicié a vender los cocos con camarón. Fue un boom aquí en Concordia, nadie vendía. Desde el primer día recuerdo que un tránsito me decía que le metiera camarón y así inició todo”
La aceptación del público fue creciendo rápidamente. El novedoso producto comenzó a atraer clientes locales y visitantes, convirtiéndose en una de las especialidades más buscadas del negocio.
Con el paso de los años, los cocos preparados y los ceviches se transformaron en una referencia gastronómica para quienes visitan el municipio o transitan por la región.
Actualmente, los cocos que comercializa Erick provienen de la Isla de la Piedra, en Mazatlán, una zona reconocida por la calidad de este producto y que le permite ofrecer materia prima fresca a sus clientes.

Más allá de las ventas, Erick considera que el negocio le ha brindado la oportunidad de conocer personas de distintos lugares, crear amistades y convertirse en parte de la experiencia de quienes llegan a Concordia.
“Conoces mucha gente. Hay personas que vienen a visitar Concordia y otras que solo van de paso, pero terminan
Entre cocos y ceviches nació una historia de amor
Si el negocio representó una oportunidad económica, también fue el escenario donde Erick encontró a la persona que cambiaría su vida para siempre.
Recuerda que durante los primeros años de trabajo conoció a una joven estudiante que frecuentemente pasaba por el lugar. Su nombre era Adela Lizárraga. La vio varias veces y, según cuenta, quedó cautivado desde el primer momento.
Lo que comenzó con algunas miradas y conversaciones fue creciendo con el tiempo hasta convertirse en una relación sólida que hoy supera la década. Actualmente, Adela no solo es su compañera de vida, sino también una pieza importante dentro del negocio familiar.
Como sucede con muchos emprendimientos, el camino no ha estado libre de dificultades. Erick reconoce que ha enfrentado momentos complicados, especialmente cuando las ventas no eran suficientes para cubrir los gastos operativos.
Después de trabajar durante un tiempo en el local que le rentaba Régulo sobre la carretera Villa Unión-Durango, tuvo que tomar la decisión de dejar ese espacio debido a los costos que implicaba mantenerlo.

Posteriormente trasladó su actividad a una carreta ubicada junto al estadio, donde continuó trabajando con esfuerzo y determinación. Años después surgió una nueva oportunidad: adquirir el lugar donde actualmente se encuentra establecido. Gracias al respaldo de familiares y amigos logró concretar ese objetivo.
“Ahí vamos poco a poquito. Inicié rentando un local, después en una carreta y pues ya tengo mi changarrito”
Hoy el negocio funciona como una auténtica empresa familiar. Adela participa activamente en las labores diarias y su hijo también colabora realizando diversos mandados y apoyando en las actividades que requiere el establecimiento.
Para Erick, el mayor logro no ha sido únicamente consolidar un negocio propio, sino haber construido un patrimonio que permita brindar estabilidad a su familia. Por ello, mira al futuro con optimismo y espera que el establecimiento continúe creciendo y permaneciendo en manos de las nuevas generaciones.
“Este negocio, si algún día no llego a estar, que le quede a la familia, a los hijos”
Once años después de haber aceptado aquella oportunidad que llegó de manera inesperada, Erick Álvarez continúa atendiendo a sus clientes con la misma sencillez y entusiasmo de sus inicios.
Entre cocos frescos, ceviches y el cariño de quienes lo rodean, ha encontrado no solo una forma de ganarse la vida, sino una historia de esfuerzo, perseverancia y amor que sigue escribiéndose cada día en Concordia.












