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Laura Soto Montoya conoce el valor del esfuerzo. Durante años combinó largas jornadas laborales, dificultades económicas y la responsabilidad de sacar adelante a sus cuatro hijos.
Hoy, mientras trabaja en el área de intendencia de la Universidad Politécnica de Sinaloa (UPSIN), en el campus Mazatlán, también cumple un sueño que había quedado pendiente: estudiar una carrera profesional.
A sus 51 años, Laura cursa el segundo año de Psicología en la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), después de haber dejado las aulas durante 34 años. Su historia es la de una mujer que, pese a las dificultades, nunca renunció a sus metas ni al deseo de brindarles mejores oportunidades a sus hijos. 
De la hotelería a la Universidad Politécnica de Sinaloa
Laura tiene 14 años trabajando en la UPSIN. Antes de llegar a la institución, se desempeñaba como camarista en un hotel de Mazatlán. Una compañera le avisó que había una oportunidad laboral en la universidad y decidió intentarlo, principalmente porque vivía cerca y podría ahorrar tiempo y dinero en transporte.
“Me vine más que nada porque vivo cerca. Me iba a ahorrar el camión y el tiempo de traslado”, recuerda.
Al principio ingresó mediante una empresa externa que prestaba el servicio de limpieza a la universidad. Después de dos años tuvo que regresar a la hotelería, pues dejó de recibir una pensión alimenticia y su sueldo no era suficiente para cubrir los gastos de sus hijos, quienes ya cursaban la secundaria y la preparatoria.
La oportunidad de volver a la UPSIN llegó cuando el personal de intendencia fue incorporado directamente a la nómina de la institución. Laura no dudó en regresar, especialmente porque su hijo mayor ya había comenzado la universidad y ella buscaba la manera de pagar sus estudios. 
“Yo pagué ese primer año con puras propinas del hotel”, relata.
En la UPSIN encontró no solo un empleo estable, sino también apoyo para la educación de sus hijos. Su hijo obtuvo una beca, y posteriormente su hija ingresó a la misma institución.
Sin embargo, la familia enfrentó momentos difíciles cuando el joven tuvo problemas de ansiedad y tuvo que suspender temporalmente sus estudios para recibir tratamiento.
Su hermana decidió dejar también la universidad y comenzar a trabajar para ayudar con los gastos médicos. Más adelante, ambos retomaron sus estudios y se graduaron juntos de la carrera de Logística y Transporte, gracias a sus buenos promedios y a las becas que recibieron.
“Fue muy pesado, pero bien gratificante”, expresa Laura.

Una madre que nunca dejó de luchar
Para sostener a su familia, Laura llegó a trabajar en dos empleos al mismo tiempo. Durante una etapa, salía del hotel a las seis de la mañana y entraba a la universidad a las siete. Al terminar su jornada en la UPSIN, dormía algunas horas por la tarde antes de regresar nuevamente al hotel durante la noche.
El ritmo de trabajo afectó su salud, pero Laura continuó adelante hasta que la universidad volvió a contratar directamente al personal de intendencia.
“Me vine sin pensarlo. Yo estaba feliz de la vida”, cuenta.
Su esfuerzo también fue acompañado por el compromiso de sus hijos. El mayor, de 34 años, estudió gastronomía, aunque tuvo que dejar la carrera para ayudar a su madre con sus hermanos. Actualmente trabaja como cocinero en el hotel Pueblo Bonito.
Su hija menor, de 21 años, se graduó en diciembre de 2025 de la carrera de Administración y Gestión Empresarial en la UPSIN. Así, tres de sus cuatro hijos estudiaron en la institución. 
En las paredes de su casa, Laura conserva los títulos profesionales de sus hijos. Ellos le recuerdan que aún falta uno: el suyo.
“Ellos me dicen: ‘Sólo falta el tuyo, mami’, y así va a ser. Ahí va a estar también mi título, si Dios quiere”, afirma.
El regreso a las aulas después de 34 años
Laura estudió hasta la secundaria en Guasave, su municipio natal. Más adelante impartió clases de preescolar en una comunidad marginada a través del Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE).
Después se mudó a Mazatlán, donde comenzó una carrera técnica en Trabajo Social, pero tuvo que abandonarla al casarse y convertirse en madre a los 17 años.
Con el paso del tiempo, el deseo de estudiar Psicología permaneció en su interior. Fue su hijo, quien actualmente cursa una segunda licenciatura en Psicología, quien la animó a inscribirse. 
“Yo siempre me quedé con el gusanito de estudiar. Siempre quise estudiar Psicología”, comparte.
Su ingreso a la universidad no fue sencillo. Después de más de tres décadas alejada de las aulas, tuvo que familiarizarse con la tecnología, las plataformas digitales y los programas de computadora.
“Yo quería salir llorando los primeros días. Dije: ‘¿Qué estoy haciendo aquí?’, pero luego dije: ‘Sí voy a poder’”.
Laura estudia en la modalidad semiescolarizada y asiste a clases los sábados durante todo el día. Para cumplir con sus tareas ha recibido el apoyo de sus hijos, compañeros, su jefa y la psicóloga de la UPSIN.
“Me han ayudado a hacer las tareas y a aprender a manejar la computadora, y ya las puedo hacer yo solita”, dice con orgullo.

Aunque reconoce que el camino todavía es difícil, Laura disfruta cada aprendizaje y ya piensa en su futuro profesional. Le interesa la Psicología Educativa y la Psicología Organizacional, y le gustaría realizar su servicio social y trabajar en la UPSIN cuando concluya la carrera.
“En la escuela soy muy feliz y aquí me gustaría trabajar cuando termine mi carrera”, señala.
Laura calcula que se graduará cerca de los 54 años. Para ella, la edad no representa un límite, sino una prueba de que los sueños pueden retomarse en cualquier momento.
“He pasado muchas cosas difíciles, pero ellos siempre han estado conmigo y son muy unidos”, afirma al hablar de sus hijos.
Mientras continúa limpiando y cuidando los espacios de la universidad, Laura también construye su propio camino académico. Su historia recuerda que nunca es tarde para volver a empezar y que, detrás de cada logro, puede existir una vida entera de sacrificios, amor y perseverancia.















