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En una esquina de la Plaza Twins, a un centenar de metros de la entrada de Pepsi, en la sindicatura de Costa Rica, el aroma a café de olla se mezcla con el bullicio de las motos que van y vienen.
Ahí, desde el 3 de enero, Lorena López Lozoya atiende Puro Norte Coffee & Lunch, un changarro que nació, como tantos negocios familiares en Sinaloa, de la necesidad de no quedarse quieta.

Inicios de lo que hoy es una realidad
Licenciada en comercio, Lorena creció entre estantes y cazuelas: ayudó a su madre en un comedor que después se volvió minisúper, trabajó en Casa Ley, viajó un año a Estados Unidos de niñera y regresó a administrar la tortillería de su hermano.
Cuando se casó y llegaron sus tres hijos, dejó de trabajar para dedicarse a ellos. Duró poco. "El primer día lloré", recuerda sobre esos meses en casa. Extrañaba el trabajo tanto como amaba a sus hijos, y de esa contradicción nació la idea de abrir un pequeño café.

Lo que empezó como una cafetería terminó, a fuerza de que los clientes pidieran más, convertido en un menú completo: burritos, chilaquiles, camarones a la diabla, tamales y una cazuela de res que reina los lunes.
"Porque eso es mi fuerte", dice sobre la comida, el terreno donde de verdad se siente segura.
El camino no ha sido fácil
Lorena López Lozoya vendía antes en el campo, a precios rurales, y tuvo que reaprender su negocio en un mercado urbano donde la publicidad, confiesa, importa tanto como la sazón.
Ahí encontró un aliado inesperado: los repartidores de la zona, más de cien organizados en grupos de WhatsApp, que además de llevar los pedidos les toman fotos y las publican.

"Ellos ganan la entrega y yo gano la venta", resume, describiendo un ecosistema de trabajo informal que sostiene, sin saberlo, a media colonia.
Le preocupa, dice, que muchos de esos jóvenes anden sin casco por ganarse cada viaje; le gustaría ver más apoyo del ayuntamiento hacia ellos, porque a final de cuentas ya son parte de su negocio.
Con una empleada a su lado, Lorena sueña con una cocina abierta donde los guisos estén siempre listos y con extender el horario para servir café por las tardes.
Detrás del mostrador de Puro Norte no hay una fórmula de negocio, hay una mujer que, tras dejar de trabajar por sus hijos, descubrió que servir de comer era, también, una forma de cuidar. Al final del día, invita, lo único que hay que hacer es cruzar la plaza y sentarse a comer.














