¿Quieres resumir esta nota?
Culiacán, Sinaloa.- Hay historias que comienzan con una receta, pero también hay historias que empiezan con la necesidad de volver a levantarse y la de Ema Mendoza Bojórquez tiene un poco de ambas.
Al frente de La Cocinita, Ema encontró una nueva oportunidad para reconstruir su vida, acompañada por sus hijos y por esas amigas que, con el paso de los años, se han convertido en una verdadera familia.
Después de separarse de Julio, el padre de sus hijos, ambos conservaron una buena relación por el bienestar de su familia. Sin embargo, su muerte, ocurrida hace casi dos años, en noviembre, cambió por completo la vida de Ema:
Él había sido durante mucho tiempo su principal apoyo y, de pronto, Ema se encontró con dos hijos a quienes sacar adelante, un joven de 18 años y una preadolescente de 11, y la necesidad de descubrir una versión de sí misma que hasta entonces no había tenido que conocer.
“Por primera vez en la vida se me atoró todo; nosotros siempre fuimos emprendedores, yo siempre encontraba de vender lo que fuera, pero de repente no sabía qué hacer”, recuerda.
Ema había confiado en él prácticamente para todo y, después de su partida, incluso aquello que antes parecía sencillo se volvió complicado. Intentó vender, buscó alternativas y pensó en distintos proyectos, pero el miedo también estaba presente. Hasta que decidió comenzar de nuevo.

Una cocina para volver a empezar
Ema vendió una casa que había adquirido con los frutos de los emprendimientos que construyó junto a Julio, entre ellos Sushi Retro, que durante más de seis años brindó servicio en el sector Humaya.
Con ese dinero decidió comenzar de nuevo y regresó a la casa de Valle Alto, donde ambos habían empezado años atrás.
A pesar del miedo y las dudas, sus hijos fueron su principal motivación:
“Si fuera solamente por mí, quizá me quedaría en mi cuarto, pero tengo a mis hijos y por ellos me levanto cada mañana.”
Por ello, Ema no dejó todo al azar; quería que cada paso estuviera muy bien cuidado, pidió asesoría, estudió el mercado y buscó una alternativa que pudiera iniciar a menor escala.
Fue así como nació La Cocinita, un proyecto que también la reconectó con una de sus grandes pasiones: cocinar.
Desde pequeña estuvo cerca de la cocina y fue criada en gran parte por su abuelita Leonor, quien le transmitió sus conocimientos culinarios, ya que su mamá trabajaba mucho, por lo que Ema aprendió desde temprana edad a desenvolverse con independencia.
Hoy, su jornada comienza alrededor de las 4:40 o 5:00 de la mañana. A las 6:00, La Cocinita abre sus puertas con chilaquiles verdes, rojos, poblanos y suizos, yogurt con fruta, croissants, café gratis en cada desayuno y muchas opciones más.

Al mediodía llega el turno de la comida, con un menú que cambia constantemente. El platillo del día ronda los 120 pesos e incluye un plato fuerte y dos acompañamientos.
También ofrece diferentes presentaciones: tortas, nachos, donas, bebidas y algunos productos que una amiga trae de Estados Unidos.
Cada detalle forma parte de un sueño que sigue creciendo, pero que para Ema ya representa algo más grande: la oportunidad de volver a empezar.

Una red que también alimenta
En este nuevo comienzo, Ema no está sola. A su lado están sus hijos, pero también Julia, Katia y la pequeña Darley, sus amigas y ahijada que con los años se han convertido en parte de su familia.
Julia llegó a su vida cuando Ema quiso conocer el trabajo de oficina y comenzó a trabajar en un despacho.
Desde entonces, recuerda, Ema ya buscaba la manera de consentir a todos: incluso se ofrecía a preparar el desayuno para que pudieran comer más sano. Con el tiempo, aquella relación se convirtió en una amistad profunda.
Katia, su comadre, también ha compartido con ella alegrías, dificultades y momentos familiares al ser vecinas ambas del sector.

Hoy, esas amistades siguen presentes en La Cocinita: ayudan, acompañan, lavan trastes, cubren pendientes y, cuando hace falta, simplemente están.
Entre ellas tampoco faltan las risas. Ema dice que prefiere reírse de sus tragedias antes que quedarse llorando por ellas, una forma de mirar la vida que la ha ayudado a seguir adelante.
El miedo todavía está presente, reconoce, pero sus hijos son su mayor impulso. Por ellos se levanta cada mañana, trabaja y apuesta por construir un futuro diferente:
“No sé hasta dónde voy a llegar, pero no quiero quedarme con la duda de qué habría pasado si no lo intentaba”, menciona con emoción.
Su día comienza también con una oración, poniendo en manos de Dios aquello que no puede controlar y haciendo después lo que sí está en sus manos.
A quienes quieren emprender, Ema les dice sencillamente que se animen. Que estudien el mercado, busquen alternativas y no permitan que las opiniones de otros les quiten las ganas de intentarlo.
Porque para ella emprender también significa aprender sobre la marcha, empezar con lo que se tiene y confiar en que cada paso puede abrir una nueva puerta.
Entre desayunos, comida casera, risas y la compañía de quienes quiere, Ema está construyendo una nueva etapa. Esta vez, el camino lo está haciendo con sus propias manos.
Y en cada platillo de La Cocinita, también cocina esperanza.

¿Qué puedes encontrar en La Cocinita?
- Chilaquiles verdes, rojos, poblanos y suizos
- Yogurt con fruta
- Croissants
- Comida casera del día
- Tortas
- Nachos
- Donas
- Bebidas
- Platillos por litro, medio litro o cuarto de litro
- Productos de despensa y algunos artículos importados
- Café de cortesía con los desayunos

























