¿Quieres resumir esta nota?
A las 5 de la mañana, cuando buena parte de la gente de Culiacán todavía está comenzando el día, Edgar Andrés González Gutiérrez ya está listo para recibir a sus alumnos en Alturas del Sur.
No es una rutina sencilla. Son jornadas largas, nueve clases distribuidas durante el día y el desgaste físico que implica entrenar junto con quienes llegan buscando ponerse en movimiento.
Pero Edgar dice que hay algo que hace que todo valga la pena: ver cómo aquel espacio que imaginó como empieza a convertirse en una comunidad.
Tiene 35 años, estudió Administración de Empresas Turísticas y, aunque pudo haber seguido el camino de su profesión, decidió apostar por algo que desde hace años formaba parte de su vida: el ejercicio.
Hoy dirige Altura Training, un gimnasio de entrenamiento funcional ubicado en la entrada de Alturas del Sur.
¿Cómo se formó la comunidad en Altura Training?

Pero para Edgar, ponerle aparatos, horarios y clases a un local nunca fue suficiente. Su idea era otra.
“Más que un gimnasio hemos tratado y estamos formando una comunidad”, cuenta para Tus Buenas Noticias. Y ahí está la diferencia.
Edgar conoce de primera mano lo que significa encontrar en el ejercicio algo más que una actividad física. Durante años entrenó en gimnasios convencionales y también practicó entrenamiento funcional.
Vivir en Alturas del Sur le permitió desarrollar esa afición cerca de casa, hasta que llegó el momento en que decidió convertirla en su forma de vida.
Pero su relación con el ejercicio también tiene una parte personal. La actividad física lo ayudó a atravesar momentos difíciles, entre ellos la pérdida de un hermano. Desde entonces entiende el entrenamiento de una manera distinta: no solamente como una herramienta para cuidar el cuerpo, sino como una forma de cuidar también las emociones.
Por eso, cuando habla de Altura Training, Edgar no se limita a mencionar músculos, rutinas o resultados. Habla de personas, de madres y padres que tienen una jornada completa, de quienes trabajan todo el día, de quienes llegan cansados, de quienes necesitan una pausa.
“Lo que necesitamos a veces es regalarnos a lo mejor una hora”, explica. Esa es precisamente la propuesta que quiere ofrecer.
Una hora para llegar, moverse, sudar, reírse, conocer personas y olvidarse por un momento de lo que ocurre afuera. “Es una hora que se regalan a ellos mismos”, dice.
Y para facilitar que esa hora pueda hacerse realidad, Altura Training abre desde las 5 de la mañana. Hay clases a las 5, 6, 7, 8 y 9 de la mañana, y por la tarde a las 5, 6, 7 y 8. Son nueve clases al día.
La particularidad es que todas manejan la misma programación de entrenamiento, de manera que los alumnos no tienen que sentirse atados a un horario. Si un día no pueden acudir a su clase habitual, pueden presentarse en otro horario.
Porque Edgar entiende que la vida cotidiana cambia. Un hijo puede necesitar a mamá o papá. Una reunión puede prolongarse. El trabajo puede complicarse. Y el ejercicio, en lugar de convertirse en otra obligación, busca ser ese espacio que las personas puedan conservar para sí mismas.
Detalles sobre el enfoque de Edgar en el ejercicio

En Altura Training cada día se trabaja una parte diferente del cuerpo. Los lunes son de pierna y glúteo; los martes, espalda, bíceps y tríceps; los miércoles se trabaja hombro, pecho y abdomen. Los jueves se enfocan en brazos y glúteo, y los viernes se cierra la semana con una rutina de cuerpo completo.
Edgar cuenta con certificaciones como entrenador de gimnasio convencional de pesas, además de preparación en entrenamiento funcional y calistenia. Pero hay algo que considera tan importante como la preparación técnica: conocer a las personas que llegan al gimnasio.
Los alumnos pueden asistir a diferentes horarios y, tarde o temprano, terminan coincidiendo. Se saludan. Platican. Se conocen. Y poco a poco, lo que comenzó como un grupo de personas que quería hacer ejercicio empieza a parecerse a una familia extendida.
“Te hacen o me hacen parte de su vida”, dice Edgar. Porque en un espacio donde las personas se encuentran varias veces por semana también terminan compartiendo lo que sucede fuera de esas paredes. Un problema familiar. Una preocupación. Una enfermedad. Una dificultad económica. Una buena noticia. Y cuando alguien necesita apoyo, la comunidad responde.
Edgar recuerda que en algunas ocasiones un alumno ha contado que un familiar se encuentra hospitalizado y entre todos han organizado rifas para ayudar. Ese tipo de situaciones son las que, para él, le dan verdadero sentido al proyecto.
El gimnasio deja de ser solamente el lugar donde se levantan pesas o se hacen sentadillas. Se convierte en un sitio donde alguien sabe que será escuchado.
Impacto de Altura Training en Alturas del Sur

Altura Training comenzó el 5 de enero de este año y, aunque apenas tiene unos meses de vida, Edgar ya busca que el proyecto vaya más allá de las paredes del gimnasio.
De vez en cuando organizan clases gratuitas durante los fines de semana, abiertas incluso para quienes todavía no están inscritos. Las anuncian en sus redes sociales y la intención es sencilla: que más personas tengan la oportunidad de conocer el entrenamiento funcional y descubrir si ese espacio puede ser para ellas.
“No importa que no estén inscritos”, explica. Es también una manera de acercarse a la comunidad que lo vio crecer.
Edgar llegó a Alturas del Sur en 2010. Tiene 16 años viviendo en el sector y conoce lo que significa formar parte de este lugar. Por eso decidió que su gimnasio llevara el nombre de la comunidad. Altura Training. No fue casualidad.
También quiere contar las buenas historias de Alturas. Edgar sabe que cuando se menciona Alturas del Sur muchas veces aparecen primero las noticias negativas.
Pero él quiere contribuir a que también se hable de lo que ocurre todos los días entre sus calles: de las personas que trabajan, emprenden, estudian, hacen deporte, forman familias y buscan salir adelante.
“Más que limpiarlo, es también llenarlo con noticias buenas”, expresa cuando habla del nombre de su comunidad.
No pretende negar las dificultades. Lo que quiere es mostrar que Alturas del Sur también tiene otra cara. Una que él mismo dice estar descubriendo cada vez más gracias a las personas que ha conocido a través del gimnasio.
“Hay muchas cosas bonitas”, asegura. Y se nota que lo dice con orgullo. Porque Edgar no solamente vive aquí. También decidió invertir aquí.
El sueño apenas comienza
Altura Training todavía está en construcción, igual que el sueño de Edgar. Ya han realizado retos de 21 días junto con una nutrióloga, combinando entrenamiento y alimentación guiada profesionalmente. Y próximamente quiere sumar una barra dentro del gimnasio, donde puedan ofrecer smoothies de proteína, café y bebidas pensadas también para quienes buscan cuidar su alimentación.
Su intención es seguir creciendo. Pero no únicamente en número de alumnos. Quiere que crezca la comunidad. Que más vecinos conozcan el espacio. Que quienes llegan por primera vez encuentren un grupo dispuesto a recibirlos. Y que Alturas del Sur tenga un lugar donde las personas puedan ir a entrenar, pero también a sentirse acompañadas.
Porque Edgar dejó atrás la profesión que estudió para dedicarse a algo que terminó entendiendo como parte de su propia historia.
El ejercicio primero fue una experiencia personal. Después se convirtió en una pasión. Y ahora es un proyecto de vida.
A sus 35 años, no habla de Altura Training como un negocio terminado. Habla de lo que quiere construir. Un gimnasio “de los alumnos y para los alumnos”.
Un lugar que pertenezca a quienes llegan cada mañana, cada tarde o cada noche. Un espacio donde una hora pueda significar mucho más que una rutina. Puede significar respirar. Despejarse. Volver a empezar. Y saber que, al salir, alguien más conoce tu nombre.
Altura Training está en los locales 10 y 11 de la segunda planta de la plaza ubicada en la entrada de Alturas del Sur, frente a la cuarta. Para conocer sus horarios y actividades, se puede consultar Instagram como @alturatraining.mx o comunicarse vía WhatsApp al 667 574 6707.



















