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San Ignacio, Sinaloa.- Hay pueblos que se mantienen de pie porque su gente no espera a que alguien más venga a resolver sus necesidades.
En Ixpalino, un pueblo ubicado en la región Noroeste del municipio de San Ignacio Sinaloa, habitantes y paisanos que viven fuera de la comunidad se han organizado desde hace varios años para cuidar sus calles, sembrar árboles, conservar sus espacios y sacar adelante obras para todos.
Entre quienes participan está Héctor Vega Aguilar, originario de Ixpalino. Aunque a los tres años sus padres lo llevaron a vivir a Culiacán, desde los seis años comenzó a regresar constantemente al pueblo y desde entonces conserva recuerdos especiales de su comunidad.

La comunidad de Ixpalino se une para mejorar su infraestructura
Hace alrededor de seis años surgió un grupo dedicado a la conservación y mantenimiento de Ixpalino. Lo que comenzó con la idea de colocar árboles a la salida del pueblo terminó convirtiéndose en un proyecto más grande.
“Primero fueron alrededor de 100 árboles. Después decidimos continuar hasta el crucero y terminamos plantando aproximadamente mil 200 árboles a lo largo del camino, la mayoría se conserva en buen estado”, expresó.
Hoy son cerca de 25 personas las que participan de manera constante. Algunos viven en Ixpalino y otros en distintas ciudades de México o en Estados Unidos, pero mantienen el compromiso de apoyar económicamente.
Una persona se encarga diariamente del mantenimiento durante ocho horas y, en temporada de sequía, los árboles se riegan con apoyo de una pipa que les facilita la minera. En lluvias, se enfocan en cortar el pasto y mantener limpio el tramo de aproximadamente cuatro kilómetros.

Participación de paisanos en Estados Unidos fortalece proyectos locales
El trabajo también viene de otros paises, la participación de los ixpalinenses que viven en Estados Unidos ha sido importante; existe un grupo conocido como “Los Tamaleros”, encabezado por Arnoldo y Angélica, que reúne recursos mediante la venta de tamales para apoyar distintos proyectos.
Uno de los resultados fue la remodelación del salón de usos múltiples, del Salón de Baile de Ixpalino, donde se logró reunir alrededor de un millón de pesos entre personas de Estados Unidos y habitantes de la comunidad.

Héctor recuerda que este espíritu de ayudar viene de familia, su padre, Guillermo Vega Vega, participó en el empedrado de calles, la rehabilitación de la iglesia, la remodelación de la plazuela y la construcción del primer salón de usos múltiples. También promovió un vado de concreto en el arroyo de la Guaidoma y la colocación de la cruz en lo alto del cerro.
“Casi todos los hijos somos altruistas, participamos y colaboramos cuando nos requieren”, recuerda.

Ixpalino destaca por su limpieza y compromiso comunitario
El Comité de Desarrollo de Ixpalino también participa en proyectos para mejorar la infraestructura. Uno de los objetivos actuales es rehabilitar la techumbre del estadio de béisbol, que se encuentra en malas condiciones.

“Ya contamos con un presupuesto y aportaciones de particulares, pero esperamos la autorización del Ayuntamiento”, expresó.
También está proyectado el adoquinado, iluminación y construcción de banquetas en la calle que conduce hacia La Loma, con participación de paisanos que viven en Estados Unidos.

La idea, explica Héctor, es que comunidad y Ayuntamiento trabajen juntos: los habitantes aportan recursos y realizan lo que está a su alcance, mientras que para obras de mayor inversión buscan el respaldo municipal.
El resultado se nota en las calles. Ixpalino es una comunidad que sus propios habitantes presumen por su limpieza y cuidado, e incluso cuenta con una certificación de la Secretaría de Salud relacionada con las condiciones de limpieza de la localidad.
Para Héctor, mantener el pueblo así no depende solamente del dinero, sino de que exista voluntad entre los habitantes.
“Se pueden hacer las cosas cuando hay voluntad”, sostiene.
Ese ha sido el camino que han seguido en Ixpalino: unos desde el pueblo y otros desde lejos, pero con un mismo propósito. Porque un pueblo no solamente se construye con obras, sino con personas dispuestas a cuidar el lugar donde nacieron y a poner un poco de su parte para que siga adelante.















