Valentín Arenas, el bolero que eligió el trabajo para escribir una nueva historia en Culiacán desde Las Américas
Huérfano desde niño y tras enfrentar momentos difíciles, Valentín Arenas encontró en la boleada de zapatos una forma digna de salir adelante; hoy, a sus 57 años, trabaja en Plaza Las Américas con la convicción de elegir cada día el camino correcto desde Culiacán


Culiacán, Sinaloa.- En la esquina de Plaza Las Américas, entre un árbol y un cajón de madera hecho a su medida, Valentín Arenas Rodríguez lustra zapatos con movimientos rápidos, casi perfectos. Tarda cinco minutos. A veces menos.
En tránsito me impusieron a trabajar rápido. En tres minutos los sacaba”, recuerda.
Pero su historia no comienza ahí. Comienza a los nueve años, cuando quedó huérfano. “Quedé huérfano de madre y padre”, dice sin rodeos. Su mamá falleció en un accidente carretero cuando regresaba de un rosario.
A su papá nunca lo conoció. Desde entonces, la calle fue parte de su vida. Dormía a veces con su abuela, otras veces donde lo sorprendiera la noche. “Andaba como veleta que lleva el viento”.
Fue viendo a sus primos bolear con un cajón pequeño. Se les pegó y aprendió mirando. “Yo me pegaba con ellos y ahí fui aprendiendo”. No era tradición familiar. Era supervivencia. “No cualquiera es bolero. Para todo se ocupa talento”, afirma.

Entre caídas y decisiones
La juventud no fue sencilla. Valentín reconoce que hubo momentos en que tomó malas decisiones. Trabajó como policía en Guaymas, Nogales y Agua Prieta. Entraba y salía de corporaciones. No lograba sentar cabeza, hasta que por un error fue detenido por dos años. Estando en esa condición eligió trabajar.
Fue cocinero, panadero, lo que hiciera falta. “No tenía visita, pues no tenía familia, pero yo trabajaba adentro y ganaba para mí”. Su conducta le ayudó a salir antes. Cuando recuperó la libertad, tuvo claro algo: “Voy a volver a lo mío”.
Un tío le vendió un cajón de bolero y regresó a la calle, esta vez decidido a quedarse en el camino correcto.
Si uno quiere salir adelante, tiene que aferrarse a algo bueno”, menciona con convicción
Durante 20 años boleó cerca de Tránsito municipal. Después se movió y desde hace más de ocho años trabaja en la esquina de Plaza Las Américas. El mueble actual lo mandó hacer en 2001. Le costó 8 mil pesos. “Este lo mandé a hacer yo. Aquí trabajo parado”.
Hoy no solo bolea. Lava tenis, pinta chamarras y bolsas, restaura colores y elimina manchas. “Ya no es nomás la boleada”, menciona al hablar de como logró diversificar su trabajo.
El amor que le dio raíz
Si el trabajo fue su ancla, Isabel Iturrios Valenzuela fue su raíz.
La conoció cuando él prácticamente vivía en la calle. “Me recogió como quien dice”, cuenta. Ella comenzó por algo sencillo: llevarse su ropa para lavarla. Administrar el dinero. Ordenar el caos. “Yo le daba todo. No quería nada para mí”, menciona con cariño.
Juntos construyeron su casa durante cinco años con madera recuperada de viviendas demolidas. Dos terrenos, levantados a puro esfuerzo. Hoy madrugan a las cinco de la mañana para hacer aseo en torres de oficinas y residenciales. “¿Qué sería de mi vida estos años sin ella?”, dice con honestidad.

Un mensaje para los jóvenes
Valentín mira hacia atrás y hace cuentas. Muchos de los jóvenes con los que creció ya no están. “Se fueron por el camino más malo”, dice. Drogas, violencia, decisiones equivocadas. Por eso su consejo es directo:
Que estudien. Que no agarren la mente por el mal camino”. También habla de fe. “Que se pongan en manos de Dios”.
Hoy tiene 57 años. Sigue trabajando, aunque los dolores musculares aparezcan. “Ya me siento secón, pero aquí estoy”. De nueve de la mañana a tres o cuatro de la tarde, dependiendo del día. Cinco minutos por cliente. Conversación incluida. Desde la colonia 6 de Enero hasta Plaza Las Américas, su historia camina firme.
Valentín Arenas no presume riqueza típica material, sino que presume de la riqueza que le ha entregado su experiencia de vida. Presume constancia. Y en cada zapato que brilla hay algo más que grasa y crema: hay una decisión repetida todos los días. Elegir el trabajo. Elegir quedarse. Elegir vivir distinto.










