Angelina Leyva y Manuel Valenzuela demuestran que rendirse no es opción por arriba de los 70 años desde el sector sur en Culiacán
Con una mercería en casa, venta de piñatas, comida y ropa en tianguis, la historia de la señora Angelina y su esposo Manuel Valenzuela, es testimonio de fe y resiliencia


Culiacán, Sinaloa.- En el sector Paraíso, donde la vida transcurre entre vecinos y pequeños negocios, la historia de doña Angelina Leyva Menchaca destaca por su constancia y fortaleza. A sus 72 años, sigue trabajando todos los días, convencida de que rendirse nunca ha sido opción.
Su principal actividad es una mercería que atiende en su hogar, abierta desde las 8 de la mañana y que suele cerrar entre las 6 y 7 de la tarde. Además doña Angelina también elabora, vende piñatas por separado y apoya a su hija a entregar pasteles por encargo en su casa.
A lo largo de su vida, debido a que desde muy chica ella y sus hermanos quedaron huérfanos ha tenido que trabajar y ha diversificado sus ingresos como ha podido. También ha vendido comida —como los conocidos pollos Luigi que ella misma prepara— y ropa, esta última en el tianguis de Paraíso.
Yo siempre he sido emprendedora, desde muy chiquita”, cuenta. Sus primeros pasos en el comercio los dio alrededor de los 14 años, ayudando a su familia.
Desde entonces, ha aprendido a salir adelante incluso en medio de pausas obligadas por cuestiones personales o familiares.

Un camino de retos, determinación y fe
Su historia también está marcada por momentos difíciles. Tras sufrir un accidente en el que fue atropellada por un camión, su movilidad se vio limitada. Sin embargo, eso no la detuvo y como puede sigue trabajando, paso a paso, con mucha determinación y fe.
A ello se suman pérdidas personales profundas, como la de dos de sus hijos, a quienes honra incluso en su trabajo. Aun así, su mirada se mantiene firme.
El negocio se llama Luigi por mi hijo Luis, que era quien me ayudaba cuando empezamos.”
Madre de cinco hijos —Elsa Beatriz, Alma Fabiola, Erika Patricia, Manuel de Jesús y Luis Osvaldo—, encuentra en su familia y en su fe el motor para continuar.
Hoy comparte el esfuerzo con su esposo, Manuel Valenzuela, de 76 años, quien tras pensionarse como trailero se sumó a apoyarla en el negocio. Juntos han construido una dinámica de trabajo en equipo que les permite mantenerse activos.
Como parte de esa fe, doña Angelina abre también las puertas de su hogar para realizar reuniones cristianas bajo el concepto de “Casa de Paz”, un espacio donde se comparten temas de interés para las familias, se ora y se convive en comunidad.
Las reuniones se llevan a cabo los jueves a las 7 de la tarde, y están abiertas a quienes deseen asistir. Para los más jóvenes tiene un mensaje muy importante pues para ella confiar en Dios y escuchar consejo es primordial para llevar una vida plena:
El principal consejo que doy es que se acerquen a Dios y que lo busquen siempre y también es importante escuchar consejo y mantenerse en el buen camino.”
Para doña Angelina, la clave ha sido no rendirse, confiar y seguir trabajando, incluso cuando el camino se complica. Su historia es reflejo como la de otras mujeres en la ciudad: vidas que, con esfuerzo silencioso, sostienen a sus familias y fortalecen la comunidad.

Productos y actividades de Angelina y Manuel
- Piñatas (venta y pedidos)
- Mercería
- Ropa (en el tianguis Paraíso)
- Pollos
- Pasteles por encargo
- Casa de oración los jueves









